Hace 76 años, un primero de febrero, la historia de Ovejas se dividió en dos. Los pocos que aún atesoran los acontecimientos, para no dejarlos morir, aseguran que hubo hechos que avisaban de la tragedia.
Lea también: ¡Saque el paraguas!: las lluvias se extenderán hasta el miércoles en el Caribe colombiano
La chiva La Cubita, cuyo nombre se refiere a un tipo de tabaco negro, iba de la ciudad de Sincelejo hacia el municipio de Ovejas. Mientras estaba estacionada, alguien –algunos aseguran que fue un niño; otros, que unas monjas carmelitas– entregó unas estampas de la Virgen de Fátima, causando molestia al conductor, que catalogó la imagen como una “moniconga”.
Pocas personas lograron quedarse con el obsequio, entre ellos un ciego y su lazarillo, dos de las 30 personas que iban en el transporte cargado hasta el techo con pimpinas de gasolina y enseres.
Regina Alfaro recuerda que su madre, María Regina Teherán, les contaba que antes de llegar tuvieron que desviarse porque había peregrinación para Magangué, donde se celebra la Virgen de la Candelaria, lo que volvió a sacar de casillas al conductor.
Mientras La Cubita rodaba, un hecho alarmó a la muchedumbre, que, como de costumbre, se sentaba en inmediaciones de la iglesia del pueblo.
Lea también: Lluvias y emergencias se extienden por casi toda Colombia: se reportan en 31 de los 32 departamentos
Un golero se postró en la cabeza de la imagen de San Francisco de Asís, y alguien, del que nunca se ha podido esclarecer su identidad, manifestó: “Hoy en este pueblo va a ocurrir una desgracia”.

Pasadas las 2:00 p. m., los más osados cuentan que, a la llamada Hora de la Misericordia (a las 3:00 p. m.), se empezaron a escuchar las primeras noticias de que la chiva de Gilberto Buelvas se había ido a una alcantarilla y que, debido a la explosión de las pimpinas de gasolina, se originó un incendio de gran magnitud.
El hecho ocurrió el primero de febrero del año 1950 a 2.5 kilómetros del casco urbano, y a pesar de la distancia, el humo y las llamas fueron el primer aviso de la emergencia que enlutó a todo un pueblo.
Misterio
Alfredo Ricardo Guerrero, gestor cultural, asegura que el vehículo tuvo un desperfecto mecánico, perdió el control y se volcó. “Eso fue lo que pasó, solo que le han metido los misterios propios de los pueblos”, sentencia.
Lea también: Turista no acató las recomendaciones por frente frío y murió por inmersión en una playa de Coveñas
Ricardo cree que en el vehículo se desplazaban más de 30 personas, y que todas fallecieron, como también un nativo que fue en busca de su hijo.
Regina recuerda que entre los sobrevivientes estuvieron el ciego y su lazarillo, quienes guardaban la estampa de la Virgen de Fátima en sus bolsillos, mientras que su tío, Ricardo Teherán, evoca una mujer que llevaba colgada una medalla de la Virgen del Carmen, lo que sirvió para identificarla y darle cristiana sepultura.
Tan pronto ocurrió la tragedia, las campanas del templo sonaron llamando a la solidaridad, y también durante 8 días continuos como signo de duelo por la pérdida repentina de amigos, vecinos y familiares.
¿Sin memoria?
Jaime Vides Feria, periodista, sostiene que el desarrollo ha acabado con parte de la historia; la curva del siniestro, una de las más peligrosas de la zona, es hoy una recta que quedó a un lado de la vía y que para muchos es desconocida.
Lea también: Petro parte hacia Estados Unidos para su encuentro con Donald Trump: “Espero entregar buenas noticias”
“La curva de La Santa la enterraron después de haber matado a muchas personas, porque después del siniestro, ocurrieron muchísimos más accidentes. Estos se redujeron gracias a la construcción de la nueva carretera. Ese lugar era muy peligroso, además de ser una curva muy pronunciada, era de doble vía”, detalla.
La imagen de la Virgen del Carmen, que ubicaron desde que ocurrió el siniestro, fue corrida unos metros para evitar la inclemencia de un arroyo cercano que logró desaparecer la placa conmemorativa.
En la actualidad, es el monumento que da la bienvenida a Villa del Carmen, un asentamiento de personas desplazadas por la violencia que, en su mayoría, son evangélicas. Sin embargo, una de las habitantes es la encargada, por voluntad propia, de barrer las inmediaciones del sitio de peregrinación de conductores.
Cada 15 de julio, este gremio celebra una misa por el eterno descanso de las víctimas del siniestro, y en la última década, los sacerdotes de turno también ofician la eucaristía cada primero de febrero; ayer la celebró, a las 3:00 de la tarde, el párroco José María Pacheco Sierra, un hijo de esta tierra montemariana.
Son pocos los que aún cuentan la historia porque estuvieron ahí. Sobrevivieron al dolor de los muertos, a las nubes negras que enlutaron el pueblo y al penetrante olor a carne quemada de los restos, que fueron como rompecabezas.
Tragedia hecha canción
El llamado Siniestro de Ovejas también se ha hecho inmortal porque Carlos Araque Mieles lo hizo canción. Este músico y acordeonero nacido en Manaure, La Guajira, se hizo famoso por esa composición que en ritmo de merengue relata una tragedia.





















