Ante el acoso, ellas rompen el silencio y ellos, ¿qué han aprendido?
Las periodistas perdieron el miedo a denunciar; ahora el cambio depende de que los hombres asuman su responsabilidad y definan si toleran o enfrentan el abuso.
Las periodistas perdieron el miedo a denunciar; ahora el cambio depende de que los hombres asuman su responsabilidad y definan si toleran o enfrentan el abuso.
La vida de los demás también va cambiando y requieren encontrarse con nuestra empatía y no con nuestra indiferencia o rigidez que los juzgan. No vivimos solos y nuestros esquemas influyen en los otros y por eso tenemos que cambiar.
Colombia debe preguntarse qué tipo de Estado quiere ser con sus ciudadanos en el exterior. Uno que celebra las remesas, pero desatiende las necesidades básicas de quienes las envían, es un Estado que recibe sin corresponder.
El próximo gobierno no recibirá margen de maniobra, sino una estructura desordenada, endeudada y sin credibilidad. Tendrá que tomar decisiones difíciles desde el primer día: recortar el gasto, ordenar las cuentas, recuperar la confianza y frenar el deterioro institucional.
Informar al trabajador sobre sus derechos, actuar de buena fe y cerrar los procesos de manera ordenada no solo reduce riesgos, sino que fortalece la reputación corporativa en mercados.
A quienes aspiran a la Presidencia y a quienes integrarán el nuevo Congreso: esta es la reforma estructural que Colombia ha esperado durante décadas. No una más, sino la que puede corregir el desequilibrio histórico entre centro y periferia, cerrar brechas, liberar capacidades regionales y darle al Estado la eficacia que hoy no tiene.
El valor de un agente depende de los datos y de las herramientas a las que accede; por tanto, la superficie de riesgo crece con su utilidad. La respuesta no es aislarlos, sino gobernarlos con el mismo rigor que cualquier sistema crítico.
Lo que preguntan por ahí
Lo primero es entender que no todo se resuelve con fuerza, pero tampoco todo se puede negociar. El Estado tiene que recuperar control en las zonas donde el daño ambiental o la ilegalidad son evidentes, pero al mismo tiempo tiene que abrir caminos reales para integrar a quienes sí tienen vocación de formalidad.
Los aceites de limón y naranja son los más usados.