Hoy es clave, además de contrarrestar estos factores, generar herramientas eficaces para enfrentar la vulnerabilidad de los menores ante la utilización perversa de la tecnología para atacarlos, con legislaciones ajustadas a este contexto para erradicar la venta y la explotación sexual de niños.
Que ojalá este mensaje cale a nivel mundial, aun en medio de la agitada realidad geopolítica, invitándonos a unirnos como humanidad alrededor de propósitos loables y trascendentes en la conservación integral de nuestra casa terrenal y las condiciones de bienestar de la humanidad.
Este panorama implica la urgencia de mantener redes de apoyo social que faciliten el acompañamiento emocional y sicológico, —como se da en la familia extendida—, que permita erradicar el edadismo, y reconocer el valor y acervo que guardan los mayores; nuestro compromiso debe ser que cada familia cuide a sus abuelos.
Es preciso aplicar controles domésticos y, al mismo tiempo, exigir de manera vehemente una regulación que no sea permisiva, con enfoque en una responsabilidad social compartida y que priorice la salud mental, sobre todo, la de nuestros niños y jóvenes.
Esta temporada de conexión religiosa y espiritual resulta, además, propicia para la meditación interior, para hacer una pausa introspectiva que nos permita revisarnos en el plano personal e íntimo, reencontrarnos con nosotros mismos y, por qué no, evaluar el impacto de nuestras acciones en el bienestar emocional y la propia salud mental, tan necesarios en tiempos de agitación permanente.
Vale la pena analizar hasta qué nivel debe llegar la dependencia emocional hacia los perros y en qué medida esto debilita el contacto personal con los seres humanos queridos e, incluso, el debilitamiento del interés hacia los congéneres.
No podemos esperar a que ocurran tragedias para activar nuestro sentido solidario; el apoyo desinteresado a los demás debe ser inherente a nuestros valores personales y forma de ser.
La tragedia humanitaria que se desprende de estos enfrentamientos suele ser devastadora ya que implica el aumento de la violencia, la pobreza, el hambre, y la destrucción de infraestructura vital.
Seamos partícipes de esta jornada democrática, enfrentando el abstencionismo que tradicionalmente ha caracterizado al país y dándole el verdadero valor al voto como mecanismo determinante y definitorio del rumbo de nuestra nación, ejerciendo este derecho de manera consciente y transparente y con el conocimiento y la confianza en quienes elegimos; no la desaprovechemos.
A pesar del avance, aún la deuda es importante. La humanidad debe lograr una plena equidad de género y un reconocimiento integral de los derechos de la mujer. Debemos seguir apoyando estos propósitos, sumándonos y comprometiéndonos con su lucha.