En el marxismo, como en otras religiones, surgen vertientes. Hay cristianos católicos apostólicos y romanos, o protestantes y ortodoxos. Los musulmanes chiitas y sunitas se han matado más entre ellos que con los judíos y cristianos (sin que nadie proteste). El Marxismo Leninismo pensamiento Mao Tse-tung, surgido a raíz del triunfo de la Gran Marcha de Mao en China, tuvo muchos seguidores en América Latina, a pesar de las docenas de millones de muertos que dejó. Las mutaciones, cual cepas de un virus, alteran su transmisibilidad, severidad y respuesta a las vacunas.

La esencia del marxismo es el anticapitalismo, si no fusilas a los empresarios “la manera de aplastarlos es molerlos a punta de inflación e impuestos”: sentenció Lenin y lo vemos hoy aquí. Sin embargo, el leninismo reconoció la inigualable capacidad del capitalismo para generar riqueza y progreso, e impuso el capitalismo de Estado soviético, pero sin empresa privada, semilla de su fracaso; e incluyó el rechazo a la alternancia democrática del poder. Stalin trajo un dúo de terror: el absolutismo del Estado y el culto a la personalidad, omnipresentes en las “dictaduras del proletariado”. Ningún partido comunista o socialista en Europa occidental llegó al poder mientras incluyó en su catecismo la muerte a la iniciativa privada, la captura de las ramas del poder y la negación de unas elecciones libres.

En América latina sucedió lo contrario, el pensamiento castrista fue cerreramente anti capitalista, totalitario y autocrático; e hizo tres aportes: el intervencionismo militar sin ambages desde Bolivia hasta Angola, un antiamericanismo visceral y la connivencia con el narcotráfico porque este debilitaba el imperio. Chávez copió y agregó participar activamente en el narcotráfico y dilapidar la fortuna petrolera en tres espacios geopolíticos: El Caribe, una veintena de países pobres y pequeños, donde consiguió votos en la OEA y la ONU a cambio de crudo subsidiado. Suramérica, una docena de países donde financió elecciones presidenciales (Evo, Correa, Kirchner, Petro…). Globalmente labró alianzas guiadas por el dictum “el enemigo de tu enemigo es tu amigo” con Rusia, China, Norcorea e Irán; a pesar de que el régimen teocrático radical iraní es el mayor salto retardatario en el último siglo contra la democracia y contra la vida de las mujeres musulmanas. Así Venezuela ha padecido por un cuarto de siglo la mutación más maligna imaginable del marxismo, ante la mirada cobarde cuando no cómplice del hemisferio.

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