Giraldo, un “depredador que enfocó su morbo en los niños”

Tribunal de Justicia y Paz condenó a alias El Patrón de la Sierra a 40 años de cárcel. Sin embargo, el postulado cumplirá una pena alternativa de 8 años de cárcel.

Tribunal de Justicia y Paz condenó a alias El Patrón de la Sierra a 40 años de cárcel. Sin embargo, el postulado cumplirá una pena alternativa de 8 años de cárcel.

La Sala de Justicia y paz del Tribunal Superior de Barranquilla ha dictado sentencia sobre uno de los grupos paramilitares más sanguinarios que operaron en la Región Caribe, el Frente Resistencia Tayrona.

El fallo, cuya lectura duró nueve meses, reconstruye una historia de terror que dejó más de 10 mil víctimas, muchas de ellas menores de edad que fueron sometidas abusos sexuales. El magistrado ponente, José Haxel De la Pava,  pidió para los nueve acusados, encabezados por el jefe máximo del frente, Hernán Giraldo, 40 años de prisión, que serán sustituidos por ocho años de privación de libertad por estar acogidos en el programa de Justicia y Paz. Giraldo se encuentra en este momento pagando una condena de 16 años en EEUU por narcotráfico.

La sentencia, a la que tuvo acceso EL HERALDO, identifica siete “patrones de macrocriminalidad” por parte del Frente Tayrona, que actuó en la Sierra Nevada entre 1990 y el 3 de febrero de 2006, día de la desmovilizaciómn colectiva de la organización de autodefensa. Esois patrones son: violencia basada en género, violencia contra comunidades indígenas, desaparición forzada, reclutamiento ilícito de menores, muertes violentas y financiación de conductas ilícitas.

El fallo describe a Giraldo como un “depredador sexual que enfocó sus deseos morbosos y enfermos en niños, para él la infancia no existe”. Afirma que “se creyó con el derecho de poder decidir sobre le destino de las menores y niñas de la región bajo su control (...). Los padres debían acatar sin oposición alguna la orden encaminada a satisfacer sus deseos libidinosos, materializados de manera cruel sobre sus hijos menores, pues esa era su voluntad, y él se creía el dueño, no solo del destino, sino de la vida misma de cada uno de los miembros de la comunidad”.

Delitos sexuales contra menores

El fallo reproduce, entre muchos otros, el testimonio de una de las 50 víctimas de abusos sexuales menores de edad reconocidas por Giraldo. “El 28 de junio de 2004, cuando estaba en Guachaca con una amiga de nombre Diana Patricia, no recuerdo el apellido, ella me llevó a Guachaca a una casa donde él estaba. 

“Al llegar a la casa, consumí droga. Diana se le acercó a Hernán y le dijo algo al oído. Él le respondió que estaba en una caja y le señaló el lugar. Ella fue y sacó la droga. Esa fue la primera vez que la consumí. Hernán Giraldo también consumió. Mi amiga y yo hicimos una mezcla de droga y bajo esos efectos no sé  lo que hice. Desde ese día seguí consumiendo droga y también la inhalaba y así duré dos años. En esas condiciones tuve sexo con Hernán Giraldo. Después estábamos los tres. Al día siguiente nos fuimos a bañar al río y él me pagó $700.000 y me devolví sola a Santa Marta. 

“Después de ahí me seguí acostando con otros hombres y lo hacía porque ellos también me pagaban (...). Después me relacioné con muchos paramilitares, y entonces empecé a degradarme”. 

Violencia a comunidades indígenas 

En lo que respecta ala violencia contra las comunidades indígenas, la sentencia que uno de los métodos de Giraldo para expandir su control en el territorio consistió en financiar grupos religiosos cristianos con el fin de “afectar los patrones culturales de los pueblos originarios”. Se cita el caso de Uribia, donde hoy existen más de 73 iglesias de grupos religiosos cristanos.

De acuerdo con el fallo, el grupo paramilitar “prohibió a los indígenas realizar pagamentos, visitar los lugares sagrados, circular libremente por el territorio y, de manera general, vivir su espiritualidad”. Con todas esas acciones, se “rompió este orden espiritual de integridad con la cultura”.

Delitos de desparición forzada

Por otra parte, dentro de los 721 casos de desaparición forzada se cita, entre otros, el ocurrido el 1 de marzo de 2005, en el corregimiento de Siberia, jurisdicción de Ciénaga.

Leonor Arias Bolívar y María de Jesús Rolong Ochoa, de 17 y 28 años, respectivamente, fueron interceptadas por miembros del grupo paramilitar Resistencia Tayrona. Las dos mujeres fueron asesinadas “bajo señalamientos infundados” de ser trabajadoras sexuales y expendedoras de sustancias alucinógenas. las víctimas, se lee en el fallo, fueron atadas de manos y llevadas a una zona enmontada, donde cavaron un hueco mientres sus captores les informaban que allí iban a ser enterradas.

Una vez terminaron de cavar, alias El Canario “tomó a una de ellas y, diciéndole que eso el pasaba por perra, la obligó a entrar a la fosa, mientras la otra veía lo que sucedía”. “A pesar de las súplicas y ruegos –continúa el relato– , procedieron a dispararle con una pistola 9 mm, pero los impactos no fueron suficientes para ocasionarle la muerte, y debido a que su compañera gritaba desconsoladamente, esta fue empujada al hueco, cayendo boca abajo, lo que produjo risas entre sus perpetradores, al tiempo que alias Álex les disparó con un fusil AK47 en más de 15 oportunidades hasta ocasionarles la muerte”.

58 menores reclutados

Sobre la captación ilícita de menores, el fallo narra que Hernán Giraldo dio al orden de “reclutar menores de la región de Magdalena y La Guajira, y pidió en cada casa que aportara un mimebo de la familia para enfrentar la subversión, requerimiento que fue atendido por moradores, que contribuyeron entregando a sus hijos para organizar la lucha armada”, según manifestó el propio Giraldo en versión libre del 5 de junio de 2007.  

Añade la sentencia que, al transcurrir el tiempo y con la expansión del grupo se fueron incorporando más miembros a su estructura y se reclutaron muchos más menores, quienes “en su mayoría estaban motivados por adquirir dinero de manera fácil, por el estatus que daba ante sus amigos y conocidos el formar parte del grupo de Giraldo, y otros motivados por la carencia económica que rodeaba la familia”.

Las cifras del Frente Resistencia Tayrona. El empresa criminal de la organización de Giraldo dejó un total de 10.646 víctimas. De ellas, 1.546 fueron asesinadas. Otras 721 se encuentran en condición de desaparecidas. Los desplazamientos forzados afectaron a 6.708 personas. Las víctimas de violencia en comunidades indígenas ascendieron a 479, y las de violencia de género, a 66. Los menores reclutados ilícitamente sumaron 58.

Junto a Hernán Giraldo, y a la misma pena, fueron condenados Nodier Giraldo Giraldo, José del Carmen Gelves Albarracín, Norberto Quiroga Poveda, daniel Eduardo Giraldo Contreras, Carmen Rincón, José Daniel Mora López, Afranio Manuel reyes Martínez y Eduardo Enrique Vengoechea Mola.

Investigación

En la providencia, el magistrado recordó la compulsa de copias a la Fiscalía General de la Nación para que se investigara en su momento a “políticos, comerciantes, militares, financiadores, multinacionales como Chiquita Brand International, Drummon Ltda., y al ejecutivo Jean Claude Bessudo”, entre otros, para que fueran investigados por la Justicia ordinaria por ser señalados como participes dentro del proyecto paramilitar específicamente con el grupo ilegal mal llamado “Resistencia Tayrona”, de las Autodefensas Unidas de Colombia)”, se explica en la macro-sentencia. 

“Yo tenía apenas 11 años y me comportaba como su mujer”

En junio de 2005, cuando la menor Y. V. A. contaba con tan solo 11 años de edad, Hernán Giraldo, “valiéndose de la intimidación y el temor que su posición de líder de un grupo armado al margen de la ley le otorgaba, y aprovechando que la menor se encontraba viviendo en la finca ubicada en la vereda Casa e Tabla de su propiedad, procedió a accederla carnalmente, al tiempo que la obligó a asumir el rol de pareja”, según se lee en el texto de la sentencia. El siguiente es el desgarrador relato de la víctima:

“A mi papá siempre lo mandaban a hacer trabajos en otras fincas. Aproximadamente cuando yo tenía 10 años entró a trabajar una señora en la finca de nombre Noralba Vasco. Ella tenía dos bebés y yo ayudaba a cuidárselos. Nos encariñamos con ella. Cuando a mi papá le tocaba salir de la finca nos dejaba a cargo de ella. Durante todo el tiempo que permanecí en la finca vi que llegaba el señor Hernán Giraldo. Él era el dueño, algunas veces se quedaba cuando llegaban las hijas o algún familiar a visitarlo. Yo sabía que él mandaba en la región. Él andaba con muchos hombres armados. Me daba temor cuando él llegaba. Cuando él llegaba a la finca mi papá nos encerraba a mi hermana y a mí en el cuarto y nos decía que no saliéramos. O si no, él se quedaba allí, nos decía que no pasáramos por donde Hernán estuviera. A los once años, una vez que mi papá se fue a trabajar a otra finca con la mujer que tenía, a mi hermana y a mí nos dejó al cuidado de Noralba Vasco, él decía que ya estábamos grandecitas y que ya él no sabía cuidar de nosotras. Le pidió el favor a ella que nos cuidara y ella aceptó. Ella nos llevó a vivir a otra finca ubicada en la vereda Casa de Tabla. Era de propiedad de Hernán Giraldo. Él también llegaba a esa finca, pero no se quedaba muchos días. Él siempre estaba cambiándose de sitio, se la pasaba de una finca a otra. Aproximadamente a los seis meses de estar en esa finca, Hernán Giraldo pasó unos días allí y un día como a las diez de la noche, cuando yo me encontraba dormida en la habitación en compañía de mi hermana, llegó una muchacha que trabajaba ayudando en la cocina, no recuerdo su nombre, ella me llamó y me dijo que “el patrón” me llamaba, que estaba en la habitación de él, la cual quedaba al lado de nosotras. Yo dije que no quería ir, no sabía para qué era, pero me tocó ir. También llegó un muchacho, uno de los guardaespaldas de él, y me dijo que fuera, que tenía que ir. Yo fui a la habitación, la puerta estaba abierta, entré, él estaba acostado en una hamaca viendo televisión, yo me senté en la cama y él comenzó a hablarme del lugar donde estaba. Me dijo que si a mí no me gustaría estar con él y tener la vida que tenían sus mujeres, tener cadenas de oro, ropa y viajar. Sentía temor de responderle que no quería, porque toda la gente hablaba que él mandaba a matar a la gente que no hacía lo que él quería. Además yo entendía lo que él quería decir de estar con él, porque yo había conversado con otras mujeres que iban a la finca, eran bastantes, iban mujeres que habían tenido hijos con él y también peladas. Estas mujeres me comentaban que él les había regalado casas, que les daba dinero para que fueran a comprar zapatos y ropa. Entonces, cuando él me hace esa pregunta, por miedo le dije que sí, porque la verdad era que yo no quería estar con él. Yo tenía apenas once años, no sabía nada de novios, yo me la pasaba todo el día jugando en la finca con los otros niños, yo no me había desarrollado, tuve mi primera menstruación cuando ya  tenía doce años, y fue así como inicié una relación con él y me comportaba como su mujer, dormía con él. No tuve hijos con él, la relación duró hasta que se lo llevaron para los Estados Unidos”.

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