Stephen Hawking fue un reconocido científico que dedicó buena parte de su vida a la investigación, pero paralelo a ello también hacía reflexiones profundas sobre el futuro de la humanidad.
Lea también: ¿Quién fue Jake William Casiano? La historia real detrás de la dedicatoria de ‘El botín’ en Netflix
Tal vez sea su icónica frase “no creo que la humanidad sobreviva en los siguientes mil años, al menos sin que nos propaguemos en el espacio” la que mejor resuma su mayor preocupación en la vida: la debilidad de la humanidad frente a los avances y amenazas que ella misma ha promovido.
Hawking es el “detrás de cámaras” de uno de los libros más conocidos en el mundo científico, ‘Historia del tiempo: del big bang a los agujeros negros’ (1988), que ha sido traducido a treinta y siete idiomas y del que en pocos años se vendieron más de veinte millones de ejemplares.
Nacido en Oxford, este genio a lo largo de toda su vida logró sortear la inmensidad de impedimentos que le planteaba el mal de Lou Gehrig, una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que lo dejó postrado desde que tenía veinte años.
Lea también: Esto dijo Zenaida Pava, la mujer mencionada en el caso de las frambuesas envenenadas con talio
Hawking fue, sin duda, un caso particular de vitalidad y resistencia frente al infortunio del destino que no lo hizo desfallecer y aun sentado en una silla de ruedas inteligente y con reducida movilidad en sus ojos logró alerta al mundo de las mayores amenazas.
En vida habló del cambio climático, las guerras nucleares, las pandemias, el desarrollo descontrolado de la inteligencia artificial y el impacto de la superpoblación. Era un adelantado a su época.
Defendía la idea de explorar nuevos territorios más allá de los horizontes del planeta Tierra para colonizar y así preservar la vida humana. “Tenemos que seguir explorando el espacio para el futuro de la humanidad”, repetía insistiendo que la expansión hacia el espacio también era un asunto ético.
Lea también: ¿Tekashi 6ix9ine sufrió un grave ataque en prisión? Esto se sabe
Hawking vaticinó un escenario en el que las máquinas podrían “rediseñarse a un ritmo mayor” autónomamente una vez que alcanzaran sus propios umbrales. “Los humanos no podrán competir y serán superados”.
Modelos como ChatGPT o Gimini nos demuestran cuan acertado y cuan vigente son sus declaraciones. Hoy vemos como estas IA resuelven problemas matemáticos en cuestión de segundos, crean imágenes desde cero y hasta son capaces de imitar voces a la distancia de un clic.
En palabras de este científico la IA podría configurarse como “el evento más grande en la historia de la civilización” pero también el último y el más riesgoso si no se le ponen límites. Estafas, conversaciones con estos modelos que llevan al suicidio y el deepfake son prueba de ello.




















