Los hipopótamos son una especie cuya distribución natural no se presenta en los ecosistemas de Colombia. Fue en el año 1981 cuando cuatro individuos fueron introducidos ilegalmente al país en la Hacienda Nápoles, ubicada en el departamento de Antioquia.
Con el pasar de los años, la presencia de estos animales empezó a tener un crecimiento exponencial y con esto iniciaron las consecuencias negativas sobre las poblaciones de fauna silvestre de Colombia.
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Frente a todo el desbalance que generan estas especies, el Ministerio de Ambiente lanzó el pasado lunes 13 de abril un plan de manejo para controlar a esta especie. La cartera ministerial decidió activar los protocolos de eutanasia y traslocación.
De acuerdo con expertos, estas medidas de control resultan urgentes de aplicar, puesto que ya se ha confirmado que los individuos vienen desplazándose por el Magdalena Medio.
En caso de que continúen ampliando su área de distribución, existe una posibilidad de que lleguen al departamento del Atlántico. Su arribo traería, de acuerdo con Joe García —biólogo de la Corporación Autónoma Regional del Atlántico (CRA)— consecuencias en el equilibrio ecosistémico de la región.
El experto indicó que estas especies llegarían al departamento a través del río Magdalena o el canal del Dique, en donde encontrarían condiciones favorables en los humedales de la zona oriental del Atlántico.
Según Joe, los efectos serían el crecimiento exponencial de la población, desplazamiento de especies nativas y afectación de ecosistemas, especialmente en zonas pantanosas. Además, se incrementaría el riesgo para comunidades humanas, como pescadores y poblaciones ribereñas.
“Al ser animales territoriales, forman grupos familiares y colonias. Además, como mecanismo de supervivencia, desarrollan adaptaciones que les permiten sobrevivir en ecosistemas distintos al suyo, lo que los hace más fuertes y dominantes”, explicó el biólogo.
Por otra parte, de acuerdo con el Ministerio de Ambiente, la presencia de hipopótamos en el país desplaza especies como el manatí, la nutria, el chigüiro, el venado, así como peces importantes para el sustento de las comunidades.
Además, indicaron que contribuyen a la generación y transmisión de enfermedades; su tránsito por los senderos, que recorren en repetidas ocasiones, genera cambios en el suelo, en la vegetación nativa, en las riberas y cuerpos de agua. También representan amenazas a las comunidades que los rodean por sus características agresivas, bloqueo de carreteras, entre otras.
La cartera ministerial indicó que se estima que la población supera los 200 individuos, y de no implementarse medidas de control podría alcanzar los 500 ejemplares en 2030 y cerca de 1.000 en 2035, incrementando significativamente los riesgos ambientales y para las comunidades.
Posible, pero complicado
Si bien es posible que estas especies lleguen al Atlántico, es complicado que esto pueda darse. Nelson Rangel, docente de la Universidad del Atlántico, explicó que estos animales que se encuentran en Antioquia, Santander y Boyacá presentan una alta capacidad de expansión.
Explicó que los hipopótamos utilizan el río Magdalena como corredor principal de dispersión. Son capaces de desplazarse varios kilómetros, especialmente siguiendo cuerpos de agua conectados.
Sumado a esto, no tienen depredadores naturales en Colombia y encuentran condiciones óptimas (clima, alimento, agua).
El río Magdalena conecta directamente el Magdalena Medio con el departamento del Atlántico. Eso quiere decir que, en términos de conectividad hidrológica, no existen barreras naturales significativas que impidan su llegada.
Por lo que, desde un punto de vista técnico, sí podrían ingresar al Atlántico a través del río Magdalena. Pero no sería de inmediato.
“Para que lleguen estos hipopótamos por acá se necesitan varias cosas: que aumente su densidad poblacional (efecto presión de expansión), y con lo que acaban de aprobar, pues eso no va a aumentar; que haya disponibilidad de hábitat intermedio, y que no haya ningún tipo de control humano (esterilización, eutanasia, confinamiento)”, precisó Rangel.
Un proyecto a largo plazo
Hernando Sánchez, profesor investigador de la Universidad Simón Bolívar, expresó que, en realidad, no existe una solución simple ni completamente “limpia”, ya que el control poblacional activo es inevitable. Explicó que esto es un asunto de planificación que tendría que sostenerse en el tiempo.
“No se nos debe olvidar: si el ministerio va a empezar esta acción, es un asunto de planificación a largo plazo. No podemos pensar en soluciones simplistas, como salir a eliminar hipopótamos sin una estrategia”, señaló.
De esta manera, apuntó que lo que se debe hacer es una estrategia integral y sostenible en la que se estudie minuciosamente el panorama. Por ejemplo, anotó que se deben evaluar los impactos ecosistémicos en la cuenca del Magdalena, ya que estas especies ya están alterándola.
“Creo que la ciencia es clara, pero también es claro que si la intervención no es coherente, sostenida en el tiempo y bien gobernada, el problema no desaparece: se desplaza o reaparece con mayor intensidad”, advirtió.
Finalmente, puso de presente que la eutanasia puede ser un tema polémico, pero se configura como la medida que puede modificar rápidamente la curva poblacional.
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Confinamiento y esterilización
La cartera ministerial también propuso el confinamiento, que implica el aislamiento físico de los individuos en un área limitada hasta su muerte natural. Y, como acción complementaria, se contempla la esterilización. Para esto se destinaron 7.200 millones, con el objetivo de garantizar su ejecución durante dos años.



















