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Cartagena vuelve a brillar. Esta es la frase que el alcalde Dumek Turbay utiliza para resumir el trabajo que ha venido haciendo durante los últimos dos años, consolidando a la capital de Bolívar como una de las urbes con mayor dinamismo en el país.

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En diálogo con EL HERALDO, el mandatario distrital se refirió a las distintas obras que se pusieron en marcha durante el 2025 y que estarán listas en este 2026 con el firme propósito de mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.

Roberto Casas

¿Cómo describe el año que finalizó para Cartagena? ¿Cuál es el balance general que hace del 2025?

El 2025, que desde el 2024 nombramos como “el año de la consolidación”, fue un año fabuloso en cuanto a trascender y dejar legado que propiciaron nuestro proyecto de Cartagena como una “ciudad de las primeras veces”.

Cartagena por primera vez cerró el año con cero inundaciones y cero damnificados por las temporadas de lluvia. La ciudad, por primera vez, volvió paisaje el pavimento nuevo, tras más de 35 kilómetros de vías nuevas; y donde muchos taxistas me dicen que ya no se acuerdan de los huecos.

Una ciudad que por primera vez no sufre traumatismos, ni bloqueos ni manifestaciones al inicio de cada año por los inconvenientes para contratar vigilancia, aseo y alimentación en los colegios públicos de Cartagena; luego de asegurar, de forma inédita, el PAE, vigilantes y aseadoras por tres años consecutivos. Hasta el final de nuestro gobierno y dejando ese legado jurídico y gubernamental para quienes vengan.

Ese es el balance. Trabajar de forma incansable para que esta ciudad pase de “las primeras veces” a una ciudad de realidades, resultados y obras entregadas.

Cartagena atraviesa un momento de transformación. ¿Cuál cree que ha sido el mayor logro de la ciudad en este periodo?

Lo vengo diciendo en distintos escenarios: nuestra mayor obra no ha sido una calle, un parque, una cancha o un puente, sino hacer que quienes viven en Cartagena piensen diferente. Pasamos de una ciudad donde todo megaproyecto parecía utopía o propuesta de personero, a una ciudad ambiciosa por su desarrollo, modernidad y progreso integral.

Al lograr cambiar el chip mental que provocó en el pasado la miopía, la mediocridad y el desgobierno, ahora podemos decir que todos los sectores productivos, actores sociales y el sector público caminan de la mano; pues unidos avanzamos y tomamos distancia de la debacle y de la época en que nada pasaba, y nos tocaba envidiar el desarrollo ajeno o del vecino.

¿Cómo considera que ha evolucionado la calidad de vida en los barrios? ¿Qué programas sociales han tenido mayor impacto?

Con las obras no solo se trae modernidad, desarrollo y productividad, sino que también se genera empleo y se dinamiza la economía. Llegamos a una cifra histórica de desempleo de un solo dígito en 2025, gran parte propiciada por los empleos que genera la obra civil.

Es tan grato escuchar que clamores del pasado como la fuga de profesionales a otras ciudades o gente sin hacer nada en los barrios, hoy se transformaron en escenarios como la escasez de acero, hierro y cemento por tanta demanda pública, y que la gente trabaja en las obras que transforman sus propias comunidades. Eso es porque priorizamos la mano de obra local en cada contexto al que beneficia un proyecto vial, la construcción de un colegio o la recuperación de un escenario deportivo.

En el barrio Fredonia, históricamente golpeado por la pobreza y la falta de oportunidades, una vez una señora tomó el micrófono y dijo: “Quien critica el pavimento es porque está acostumbrado a él”. Esa es la tesis de todo, transformar realidades difíciles a través de vías de felicidad y progreso, el bendito cemento social.

En barrios donde los vecinos habituales eran el polvo y el fango, hoy con calles nuevas pavimentadas los niños llegan con los zapatos limpios al colegio; el camión que abastece la tienda, la ambulancia o la patrulla de policía pueden llegar sin contratiempos; y la gente ya no se friega el bolsillo por tener que coger varios transportes, incluso de tracción animal en algunos casos.

Si eso no es una mejoría en la calidad de vida, entonces no sé qué puede ser.

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En términos de gobernabilidad, ¿cómo ha sido la relación con la ciudadanía y qué ha cambiado en la manera de gestionar lo público?

Desde un inicio propusimos un nuevo pacto social, rarísimo en la historia reciente de lo público en Cartagena: gobernar con el oído. Eso consiste en abandonar el aire acondicionado de los despachos y las camionetas, para que los funcionarios bajen y hablen con la gente en andenes, parques o callejones.

Las decisiones, priorización de inversiones y políticas públicas son congruentes cuando son forjadas con la misma gente, coherente con los contextos, pues son ellos los que sufren las dificultades que requieren solución.

Nosotros somos un gobierno de buenos profesionales, pero también de seres humanos. No estamos pendientes de saquear, sino de trascender y dejar legados construidos junto a la gente. Eso ha sido clave para la transformación de Cartagena en dos años y vamos por más. Lo mejor aún está por venir y hay muchas asignaturas pendientes que esperan nuestra intervención.

La seguridad sigue siendo una preocupación para muchos cartageneros. ¿Cómo valora el avance en este frente durante su periodo?

Hay monstruos que logras conocer todos sus brazos y pezuñas cuando estás llamado a enfrentarlos. Cartagena, pese a ser escenario de una guerra entre bandas transnacionales del narcotráfico y la extorsión, en el último año ha tenido grandes avances en materia de seguridad.

Los sicariatos han cesado en los últimos meses; hemos tenido días festivos sin muertes, cuando era típico que hubiese muertos; y los índices en otros crímenes como el hurto se han reducido.

Esto sigue siendo una quimera; sin embargo, seguimos haciendo la tarea junto a la Policía Metropolitana de Cartagena y el apoyo del Ministerio de Defensa que dispuso un batallón de la Infantería de Marina para patrullar los barrios con mayores índices de criminalidad.

Nosotros en dos años hemos invertido más de 50 mil millones de pesos para fortalecer el trabajo de la Policía, con la compra de vehículos, equipos tecnológicos y todo tipo de herramientas de investigación criminal; por lo que estoy seguro de que entregaremos una Cartagena más segura que la ruinosa, inequitativa y sin oportunidades que recibimos, pues un gran motor de la violencia es precisamente la pobreza y el hambre.

La movilidad y el orden urbano son temas sensibles. ¿Qué pasos se han dado para mejorar estas áreas?

Hemos hecho una gran inversión en la recuperación de semáforos y en tecnología de control vial. En la ciudad de las primeras veces, de forma inédita contamos con una Central Semafórica Inteligente que monitorea de norte a sur a Cartagena, los siete días de la semana, todo el año.

Por otro lado, ha sido clave la profesionalización y capacitación de nuestros agentes de tránsito, quienes, junto a intervenciones viales estratégicas, como el cierre de atajos y la creación de carriles adicionales, han mejorado la movilidad.

A futuro, estoy seguro de que embotellamientos históricos serán un mal recuerdo cuando entren a funcionar los dos intercambiadores viales nuevos, Ternera y La Carolina, junto a la rehabilitación vial de avenidas principales como El Consulado y Pedro Romero.

Cartagena es un motor del turismo nacional. ¿Cómo se ha gestionado el crecimiento turístico para que no afecte la vida cotidiana de los residentes?

En la ciudad de las primeras veces, Cartagena por primera vez cuenta con una Secretaría de Turismo. Era ilógico que la ciudad turística por excelencia de Colombia no contara con esa figura.

Esta dependencia no solo lidera megaproyectos turísticos como el Gran Malecón del Mar, el más bello del mundo, y el Distrito Creativo de Manga, sino que se articula con Interior y Distriseguridad para controlar el orden público en las playas y zonas turísticas, a través de una presencia constante para neutralizar malas prácticas que se volvieron una mala costumbre, como el mal cuidado, las basuras, las chivas rumberas, el descontrol náutico de embarcaciones, los abusos a los turistas, entre otros.

Todo este trabajo, en el que actúan varias dependencias, se fortalece con “gobernar con el oído”: un trabajo conjunto con comunidades insulares, actores de playa, gestores turísticos, gremios y el sector privado.

¿Cómo ha sido el trabajo articulado con el Gobierno nacional? ¿Qué proyectos conjuntos se destacan?

Yo siempre he sido respetuoso de la figura del presidente nacional; sin embargo, para nadie es un secreto que entre él y los alcaldes de ciudades capitales no hay comunicación, es un teléfono roto. Eso se traduce en una baja inversión social en las regiones y que las necesidades tengan que ser pedidas por Twitter o en la prensa.

Eso, mezclado con un centralismo bárbaro y extremo, provoca que los alcaldes nos sintamos solos para enfrentar problemas o situaciones, cuya complejidad exige presupuestos, permisos o licencias que escapan de nuestro control o de nuestras posibilidades.

Pero en medio de ese lamentable panorama, sí hay funcionarios del alto gobierno que nos han dado prioridad, invierten sus carteras en Cartagena y se les nota su querer y voluntad por trabajar de la mano con el Distrito; no por nosotros, no por alimentarnos el ego político o haciendo cálculos electorales, sino porque, a la final, quien gana con la inversión pública es la gente más vulnerable.

Entre este grupo de entidades nacionales debo destacar a la Ungrd, Fontur, ANT, la SAE y ministerios como Interior, Vivienda, Defensa, Trabajo, Agricultura, Culturas y pare de contar. Cartagena sigue y seguirá esperando, en lo que le queda de gobierno al presidente Gustavo Petro, que entidades clave para la superación de la pobreza se manifiesten con ella. Y eso es con recursos y voluntad, no con discursos y carreta.

Roberto Casas

El Caribe lo ha reconocido como uno de los mejores mandatarios del 2025. ¿Qué significa para usted?

Un espaldarazo a que estamos haciendo bien las cosas y que no estamos defraudando a quienes confiaron en nosotros. A Cartagena le prometimos convertirla en una superciudad en todos los sentidos, desde lo social hasta lo competitivo, por eso hacemos la tarea a diario y no descansamos.

¿Qué mensaje le gustaría enviarle a los cartageneros sobre lo que viene para 2026?

El 2026 será el año en el que dejaremos una huella imborrable para quienes quieran dirigir a Cartagena en el futuro. Nuestro proyecto no es cortoplacista ni le interesa ser efímero, sino ser un antes y un después con procesos inéditos, que hace años sonaban a locura, y que hoy ya están licitados, o con recursos destinados o en proceso de hacerse realidad, como el transporte acuático que arranca este año.

Dificultades hay y siguen esperando solución, pero la esperanza y la ambición se viven como nunca antes. Cartagena dejó de estar dividida y hoy trasciende unida. Por eso estoy seguro de que lo mejor está por venir.

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