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En lo que antes era el recinto venerable de restos fósiles, collares y ollas, que son consideradas por los arqueólogos como un invalorable tesoro, hoy día hay camas, sillas y estufas, en reemplazo arbitrario de la memoria histórica de los ancestros zenúes.

Visitar lo que antes era llamado el Museo Arqueológico y cultural del corregimiento Punta de Yánez, en el municipio de Ciénaga de Oro, Córdoba, es encontrarse con un pasado que poco a poco está desapareciendo porque las muestras tangibles de su esencia fueron desplazadas a otro lugar en donde encontraron refugio en las manos del investigador Franklin Pla Elías.

Corrieron con suerte las cerca de 400 piezas arqueológicas de los indígenas zenúes, las cuales fueron ubicadas en dicho museo hace unos 18 años, según el testimonio de Pla. La historia de este lugar no es tan antigua como la elaboración de dichas piezas, pero de él sí hay mucha tela por cortar.

Las piezas en mención fueron halladas en por lo menos 5 fincas de esa área rural en donde existían cementerios indígenas.

Dos aulas de la Institución Educativa Punta de Yánez fueron cedidas por el antiguo rector de ese plantel, Domingo Antonio Zabaleta Ortega, para que funcionara el museo. En cada entrada se pusieron los avisos Galería 1 y Galería 2, y en el interior de los salones se ubicaron las diferentes piezas elaboradas en barro.

Hace dos años la situación cambió cuando en el aula 1 comenzó a vivir Hermelinda del Carmen Rivera Salgado y hace cuatro días, al aula dos, se mudó Socorro Guzmán junto a toda su familia. Estas personas aducen que el alcalde de Ciénaga de Oro les dio el permiso para vivir allí, afirmando que no tienen otro sitio donde pasar sus días y noches. Al parecer ellos fueron los encargados de sacar las piezas de las aulas y las dejaron a la intemperie.

Fotos archivo EL HERALDO

El investigador Franklin Pla trasladó las piezas hasta su casa.

Esta situación obligó al arqueólogo Franklin a trasladar las piezas zenúes hasta su casa, en el mismo corregimiento, en donde reposan actualmente. Allí existen copas ceremoniales, cerámicas, vasijas elaboradas con varios barros, y collares, completando así un total de 400 piezas con hasta 65 años de antigüedad.

''Me preocupé mucho cuando supe del abandono de las piezas y por eso decidí ampararlas porque algo tan importante como esto no se puede dejar por ahí. Eso es un irrespeto con la cultura nuestra, de donde provenimos'', dijo el investigador.

El museo era operado por la Fundación Macumes y desde que fue invadido Franklin tiene en su poder las piezas de las cuales exige un derecho de posesión. No niega que está preocupado porque cree que en su casa no es el mejor sitio para albergar dichos elementos porque están expuestas a ser partidas por animales.

'Este tipo de cosas necesitan mucho cuidado porque son delicadas, es por eso que deben estar en un lugar ideal para su buen mantenimiento y perduración', comentó el antropólogo.

Agregó que pide la intervención de entidades como el Banco de la República y universidades que apoyen la reubicación del museo y así el legado tangible de los zenúes sea preservado, casi que por la eternidad.