Paula Restrepo, expareja de Carlos Castaño, el máximo jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia, reveló detalles sobre su vida con el cabecilla de las AUC, y aseguró que en sus inicios era un “joven normal” y después se convirtió en todo un “monstruo”.
La mujer, quien cumplió una condena de 10 años en Honduras por lavado de activos, en una de las cárceles más complejas de Centroamérica, narró cómo se conoció con el jefe paramilitar. En entrevista con Los Informantes, de Caracol Tv, Restrepo indicó que en los años 1987 ella trabajaba como vendedora de vehículos en Medellín, y en ese concesionario empezó su amor.
“El Carlos Castaño que yo conocí era un muchacho normal, un muchacho normal tirando a montañero. Él que le gustaban los deportes, que le gustaba rumbear. Él era feliz volando en cometa y él gritaba desde arriba. Él era un muchacho normal que disfrutaba de su juventud”, relató Restrepo al programa antes citado.
La mujer, quien se mostró completamente arrepentida de haber tomado malas decisiones en su vida, y seguir con Castaño después de darse cuenta quien era, porque estaba “muy enamorada”, contó además que “era muy mal vestido”, refiriéndose al jefe paramilitar en sus años de juventud, cuando tenía 20 años, igual que ella.
La mujer reveló además, que en esa época Carlos Castaño compró varios camperos y los pagó en efectivo con dólares. Después le hizo llegar flores y la invitaba constantemente a salir, sin embargo, ella aseguró que en sus inicios no quería tener nada con él, debido a que era un “montañero”.
Pero con el pasar de los días aceptó ir a un restaurante, el cual fue reservado solo para los dos, y el Castaño de esa época, según su versión, era un hombre romántico, que la miraba con amor, complaciente y que mostraba una fachada como ganadero próspero, al igual que su hermano y sus familiares.
“Yo soy un montañero. Mi familia, mis hermanos, mi papá tienen fincas ganaderas en Caucasia, en Berrío... y todos los hermanos trabajamos en eso”, recuerda que le dijo en su primera cita.
La relación escaló hasta llevar a Paula a la mansión Montecasino, ubicada en el exclusivo barrio El Poblado, vivienda familiar de los Castaño y también el centro de operaciones de las autodefensas en Medellín, según su testimonio.
Restrepo recuerda el impacto de entrar en aquel lugar, donde el lujo y la ostentosidad se mezclaban con la operatividad criminal de Fidel Castaño, el hermano mayor de Carlos.
Paula Restrepo asegura que no sabía que era paramilitar ni a qué se dedicaba su nueva pareja, solo hasta cuando sufrieron un ataque armado en Medellín, que por poco acaba con sus vidas. En ese momento, Carlos habría decidido decirle toda la verdad, y ella continuar con él a pesar de que era un jefe paramilitar.
“Yo era una muchachita porque todavía estaba muy joven, muy superficial. A mí lo que menos me importó era lo que pasaba en el país”, admitió en la entrevista, y por ese motivo decidió continuar su relación, que duró siete años.
Sin embargo, Paula reveló que con el paso de los años y la intensificación de la guerra contra las guerrillas y el Cartel de Medellín, la personalidad de Carlos Castaño sufrió un cambio drástico. “Se volvió una persona muy oscura. Ya no eran esas carcajadotas de antes y comenzó a tomar bastante”, explicó.
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Además contó que incluso la amenazó de muerte porque entró en un nivel de paranoia donde creía que ella lo había traicionando. La mujer relató que él, entre gritos y llanto, le sentenció: “¿Sabes qué, Paulita?, te voy a matar y te voy a picar”. Ella asustada agarró la ropa y el dinero que pudo y huyó a Estados Unidos para resguardar su vida.
Estando allá, se enteró que Carlos Castaño había sido asesinado en Colombia. Su vida transcurrió “tranquila” en Estados Unidos, fuera del peligro, pero esto no le bastó a Paula, pues confesó que extrañaba los lujos a los que ya estaba acostumbrada, por lo que un día tomó la pésima decisión de llevar una maleta con droga desde Honduras a Colombia. Fue capturada por lavado de activos y tuvo que pagar varios años de cárcel en ese país.
Tras cumplir su condena, la expareja de Carlos Castaño regresó a su natal Medellín y decidió retomar su vida junto a su familia, cambiando por completo su forma de pensar, según narró, y reconociendo además los graves errores de su juventud.




















