En el corregimiento de Casacará, municipio de Codazzi, Cesar, han sido resilentes ante los hechos violentos que vivieron a finales de la década de los 90 e inicio del 2000, que se extendió por varios años, por cuenta de la presencia de las Autodefensas Unidas de Colombia, en este caso el Bloque Norte, comandado por figuras como Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, y Jhon Jairo Esquivel Cuadrado, alias el Tigre.
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En la actualidad todos sometidos ante la justicia.
El libro Narrando nuestra historia, del Centro de Memoria Histórica, describe a esta población con cerca de 8.000 habitantes dedicados tradicionalmente a temas de agricultura y producción bovina. También destacan el sector comercio a través de la artesanía y la transformación de lácteos.
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Precisamente en la producción de lácteos sacaron gran provecho por muchos años a través de la empresa Productos Lácteos Perijá, la cual generaba grandes empleos en la región, pero el 19 de septiembre de 1997 su propietario, Gilberto Gómez Gómez, fue asesinado, cuando fungía como alcalde de Codazzi.

Desde ese momento ya se hacía sentir la violencia que los azotó por varios años, cuando se configuraron múltiples asesinatos y masacres por cuenta de las AUC. Una de las más recordadas es la ocurrida el 18 de mayo de 2000, de la cual en este 2026 se cumplen 26 años y aún las víctimas son recordadas por sus paisanos, quienes con gran espíritu de fortaleza y ánimo cuentan que la oscura noche ya pasó. En la actualidad son un pueblo pujante con ganas de seguir trabajando y construyendo territorios y entornos de paz alejados de la violencia.
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Para ese 18 de mayo de 2000, un grupo de paramilitares instalaron un retén totalmente ilegal hacia las 12:30 del mediodía en la carretera Troncal de Oriente a la altura de la finca La Esmeralda.
Estos sujetos permanecieron cerca de dos horas en el lugar, donde hicieron bajar a los conductores y pasajeros de los vehículos, separando a cinco personas y llevándose a otras diez que desaparecieron.

Entre las cinco personas estaba William Enrique Ríos Villazón, comerciante, de 33 años de edad, hermano del candidato a la Alcaldía de Codazzi Álvaro Ríos Villazón. William Enrique fue asesinado, al igual que Ángel María Ospina, ‘el Burro’, trabajador independiente; Edinson de Jesús Galvis, comerciante; Ciro Alfonso Guerrero y Edgar Enrique Yance. Estas muertes fueron configuradas por las autoridades y organismos de derechos humanos como una masacre.
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De estas cinco víctimas, tres eran del mismo pueblo y fueron sepultadas en la misma jurisdicción, otras dos eran de otros municipios y sus familiares decidieron llevárselos.
Una huella que no se borra
Uno de los coterráneos de este corregimiento donde realizan taburetes, cestas, mesas, hamacas y otros tipos de artesanías es Adelmo Rodríguez, presidente de la Junta de Acción Comunal, quien lleva 40 años de su vida viviendo en la población.
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Contó que es duro recordar esos momentos de muerte que les dolió a todos como población. Dijo que al día siguiente de los hechos todo el pueblo amaneció triste al saber la pérdida de sus paisanos.
“De esa parte se vivieron momentos muy tristes y muy dolorosos porque de verdad nosotros amanecíamos con zozobras porque había grupos tanto de un lado como del otro, y vivíamos zozobras. Nosotros que éramos empleados de una empresa de aquí de la región de Palma Monte Carmelo siempre vivíamos, cuando íbamos por la carretera, con esas zozobras de encontrarnos en la carretera los grupos y siempre andábamos con esas incertidumbres, con ese miedo que nos aterrorizaba a todos, porque de verdad uno no sabía qué podía encontrar en la vía”, relató Adelmo.

Pese a todo ese temor puede decir que con el transcurrir del tiempo fueron superando poco a poco todas las circunstancias dolorosas que vivieron y hoy Casacará ha revivido.
“Todo se ha ido renovando, es cierto que las personas y las familias muchos se fueron y no volvieron, pero otros sí y han salido adelante en nuestro corregimiento. Hoy se vive de manera muy diferente, hemos superado la violencia con la ayuda de la Policía Nacional y de las instituciones que no nos han dejado solo. No tenemos un comando de Policía como lo quisiéramos, pero sé que va a llegar porque hemos sido resilientes y estamos cada vez mejorando más nuestros entornos”.
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Aldemo Rodríguez manifestó que con la administración actual de la Alcaldía y la multinacional Drummond han restablecido el corregimiento con colegios, comedores de adultos mayores, puesto de salud, espacios deportivos y vías de acceso.
“Tenemos los colegios de primaria y bachillerato que son de gran importancia para la superación de nuestros niños y jóvenes, están los colegios General Santander, María Giraldo y Luis Giraldo. Se les está dando la alimentación a los niños y a los adultos mayores que es único en el departamento, por gestión del alcalde Hernán Baquero, y todo eso ayuda a que cada habitante se sienta bien en el corregimiento”, contó con gran entusiasmo el presidente de la JAC de la población.

Respecto a las víctimas de la masacre contó que son pocas las familias que quedan en el pueblo porque por los hechos violentos muchos prefirieron establecerse en otras partes, pero que aún los recuerdan porque la mayoría eran nativos de la población e inicialmente fueron víctimas de las malas informaciones que para ese entonces eran mortales.
“Eran personas allegadas a todos, claro que los conocíamos y los recordamos como buenas familias que se dedicaban a sus cultivos de yuca, plátano y vivían de la agricultura”.
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Recordó que para la época de violencia Casacará se convirtió en un pueblo fantasma, la gran mayoría de sus habitantes se fueron por el temor a los paramilitares y solo algunos se quedaron con la firme convicción de que todo cambiaría y la maldad no podía durar para siempre.
“Aquí no nos fuimos muchos, nos quedamos en el corregimiento, porque de pronto teníamos el empleo y para dónde íbamos a coger. En mi caso, mi familia estaba por allá lejos, para el sur de Bolívar, ya yo tenía mis hijos, mi familia aquí, y yo no podía salir corriendo, pero muchos sí, eso nada más se veía los trasteos cuando salían en las tardes, en las noches. Era muy doloroso, era muy doloroso porque los grupos lo mandaban a acostar a uno temprano, pasaban los grupos por la calle, yo lo viví”.
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“Una vez recuerdo estando en la puerta de mi casa con mi esposa y mis dos niños, venían bajando y de pronto estábamos ahí, yo descansando porque acababa de llegar del trabajo, era sábado, me acuerdo. Yo estaba descansando con mi esposa, tomándonos un juguito en la puerta, cuando venía un grupo bajando y nos pidió el favor que nos metiéramos. Vea, me decían: ‘mi amigo, hágame el favor y si se meten eran las cinco y media, a esa hora nos tocó meternos y sí, como a las siete, ocho de la noche, nada más se oía el llanto que mataron a fulano, a perencejo y sí, muy triste, muy triste todo eso. De modo que eso para nosotros fue una huella que nunca se podrá borrar. A mí pues nunca me mataron un familiar ni nada de eso, pero amigos que vivíamos aquí en el pueblo, que nos ayudábamos, sí”.
Otras de las masacres que vivió Casacará sucedió ese mismo año 2000, esa vez el 3 de julio, cuando fueron asesinados un agricultor, tres obreros de finca y un habitante de calle.
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De este hecho, en marzo de 2023, ante el Juzgado Segundo Penal Especializado de Valledupar, se llevó a cabo la audiencia de juzgamiento bajo la Ley 600 en contra de Jhon Jairo Esquivel Cuadrado, alias el Tigre; Donaldo José Monzón Pitalúa y Calixto López González, señalados como responsables de la masacre. Les imputaron los delitos de concierto para delinquir agravado y homicidio agravado.
Monzón Pitalúa contó que el objetivo de ellos como integrantes de las AUC era matar guerrilla, ya fueran de civil o uniformados, y para ello tenían milicianos que hacían trabajo de inteligencia en los pueblos para posteriormente realizar los ‘operativos’.
“La información nos la suministraron unos muchachos que trabajaban que se iban de civil y supervisaban bien la zona y nosotros nos metíamos en operativos. Eso era un seguimiento que nosotros veníamos haciendo desde hace varios días. Entonces yo mande a alias el Chirri a que se diera cuenta cómo estaba todo y nos dijo que esas personas estaban en el caserío de Casacará. Entonces nosotros hicimos el operativo. A esos muchachos, para el frente Juan Manuel Álvarez, los reclutó alias Daniel y alias el Tigre. La orden venía de ‘Jorge 40’ y alias Chitiva, entonces se esperaba la orden directa”, dijo Monzón Pitalúa durante la audiencia.
De esa masacre las víctimas fueron: Ever Enrique Peñalosa Guerra, un agricultor de 36 años de edad, y los obreros José Gilberto Martínez Villa, de 36 años; Manuel Joaquín Martínez Villa, de 26; y José Farid Perdomo, de 44, además de un indigente sin identificar con aproximadamente 34 años de edad.





















