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Hacia las 5:00 de la tarde del pasado 8 de mayo, cuatro camionetas todo terreno, de color blanco, identificadas con las banderas y logos de misión humanitaria, terminaban de descender por los caminos de tierra y polvo de la Sierra Nevada de Santa Marta, rumbo al popular sector turístico de Guachaca, donde el departamento del Magdalena concentra gran cantidad de balnearios.

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A bordo de las ‘4X4’ una veintena de personas, agotadas por horas de caminata, sol, garrapatas, calor y otras vicisitudes, se marchaban del territorio con la sensación del deber cumplido.

En las anteriores trece horas hicieron parte de la misión organizada por la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, la cual penetró hasta el corazón del bosque en las estribaciones de la montaña para proceder a la recuperación de dos cuerpos.

Los restos eran de víctimas de la espiral de violencia que, al igual que en el resto de la denominada “Colombia profunda”, convirtió a la Sierra Nevada en un cementerio a cielo abierto donde son cientos los cuerpos escondidos en sus recónditos pasajes.

EL HERALDO acompañó a través de un corredor humanitario a los técnicos y personal encargados de realizar la recuperación de los restos, que al final del día se transformaron, más que huesos, en la promesa de verdad, reparación y reconciliación para millones de ciudadanos en el país.

Partir a la madrugada

La misión humanitaria de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas durante la extracción de un hallazgo.

Eran las 4:00 de la mañana cuando, en la estancia de un ecohotel, que sirvió de base para la expedición, ya los diferentes reporteros estábamos dispuestos para iniciar el recorrido. La noche anterior habían entregado las instrucciones, pues la ventana de tiempo era limitada y se había habilitado un corredor humanitario para llegar al punto.

Ningún detalle podía ser dejado al azar. Hasta las botas fueron revisadas para “evitar confusiones”.

La travesía empezó subiendo por los senderos donde solo es posible avanzar a pie, sobre el lomo de una mula o con algún vehículo como una motocicleta que brinde el margen de maniobra o una camioneta todo terreno preparada para las quebradas y riachuelos, así como para las escarpadas laderas.

El paisaje verde se perdió justo en la orilla de una quebrada de agua helada, donde unas enormes piedras milenarias en el cauce hacen la vez de plataforma natural. Más allá de ese punto, el acceso por camioneta se hace imposible. Ahí es cuando se inicia el desafío de la caminata.

Luz Janeth Forero Martínez, directora de la Unidad, abandonó los escritorios en Bogotá para acompañar este ejercicio. No es que le sea ajeno a su rutina, las visitas a los territorios son una de las condiciones naturales de su actividad.

Andrés Noé GómezLa misión humanitaria de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas durante la extracción de un hallazgo.

“Esta es, digamos, una parte del proceso de búsqueda, el cual inicia con recaudar mucha información, que procede de muchas fuentes, que luego tiene que ser triangulada para poder ubicar algo que se llama un sitio de interés forense. Acá estamos en uno, donde esperamos recuperar cuerpos de personas desaparecidas en el conflicto armado”.

Forero Martínez se valió de un bastón de alpinista para recorrer la hora de tránsito a pie en medio de un terreno difícil, no solo enmontado, sino empinado, a veces bordeando barrancos, en medio de hormigas y garrapatas que se agarraban a la piel con sus puntiagudas pinzas. Es una ruta que hace renunciar a todo lo que se conoce como civilización para cambiarlo por el reino indómito de la Sierra Nevada.

La ubicación que ayudó a trazar la ruta llegó desde una cárcel de Colombia: “Es importante señalar que para este hallazgo en particular fue determinante la información entregada por una persona que continúa en prisión, pero que, en el marco del trabajo con la Unidad, como persona que participó directa o indirectamente en las hostilidades, puede entregar esa información. La Unidad tiene la reserva frente a esa información para que no se haga pública y no le afecte en su seguridad jurídica”.

Los cuerpos ocultos

La misión humanitaria de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas durante la extracción de un hallazgo.

Tras cruzar una última cañada de agua helada, el personal humanitario llegó a un descampado que dividía su camino entre la parte baja de un caño en medio de la maleza y, unos cien metros más arriba, el mismo riachuelo empedrado en su cauce por centenares de rocas.

Paula Catherine González Lozano, antropóloga forense, del Grupo Interno de Trabajo Territorial Magdalena, fue la encargada de asumir la labor en la parte baja. De otro lado, Julián Arias, subdirector forense a nivel nacional, tomó la responsabilidad de revisar en la parte alta.

Paula, una mujer bajita, de mirada más bien adormilada, demostró su olfato para el trabajo arqueológico. En el primer sitio de interés, apoyada por jornaleros, pronto delimitó un perímetro. A una profundidad de 40 centímetros, su voz se impuso sobre el ruido de la excavación: “Hallazgo, aquí hay una formación ósea”, declaró.

De inmediato, Juliexy Moreno Castro, topógrafa, desplegó una antena satelital para marcar el punto exacto del encuentro. Pasadas las 10:00 de la mañana se había identificado una cuerda que estaba atada a los restos que ya eran puros huesos y sobre estos prendas militares que corresponden a los grupos armados irregulares.

A un centenar de metros de ahí, más arriba en la ladera, Julián, un enérgico investigador, se había topado con una pila de rocas dispuestas a un costado del caño: “Acá lo dejaron y como esto tiene tanta piedra, pues con eso taparon. No debe estar muy profundo”, razonó.

Las palas golpearon las rocas más profundas y sacaron chispas por el roce del metal contra el mineral. Tras algunos minutos de retirar material, una especie de saco azuloso se asomó entre la tierra humedecida por la cercanía del cauce.

El hallazgo fue declarado por Julián y nuevamente la topógrafa midió las coordenadas para el registro. Lo enterrado ahí era un cuerpo envuelto en una hamaca.

En ambos casos, el proceso se extendió por varias horas, pues la humedad ya había afectado los huesos y debían ser retirados con total delicadeza. La extracción terminó sobre las 4:00 de la tarde.

Sanar las heridas en la Sierra

La misión humanitaria de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas durante la extracción de un hallazgo.

Para las 6:00 de la tarde, dos bolsas con material forense emprendían su camino a los laboratorios de la Unidad, con el fin de lograr la efectiva identificación de los fallecidos, los cuales completaron más de 20 años debajo de la tierra según la información suministrada por la fuente.

No es un hallazgo aislado, la Sierra tiene una gran cantidad de cuerpos sepultados. Francisco Javier Vera Rivera, coordinador del grupo interno de trabajo territorial Magdalena y La Guajira, recalca que estos cuerpos escondidos en la montaña son cada uno una herida en la memoria de las víctimas.

“En este momento, en Magdalena, nosotros estamos buscando a más de 4.500 personas dadas por desaparecidas. Un camino muy sinuoso, muy difícil de andar, pero con este proceso que estamos llevando, y con el éxito de la misión que hoy estamos realizando podemos traer alivio a unas familias que tienen una persona desaparecida”, deseó.

Según las cuentas de la Unidad, serían cientos de personas las que permanecen enterradas en la cadena montañosa: “A lo largo de la sierra, tanto en Magdalena como en La Guajira, hay un registro muy alto de personas dadas por desaparecidas. El registro que tenemos es de más de 4.500 en Magdalena y de 1.200 en La Guajira, nos habla de que al menos un 30 % o más de personas desaparecidas (1.700 personas aproximadamente) podrían corresponder a terrenos cercanos o aledaños, o en la misma Sierra Nevada de Santa Marta”.

Sea como fuere, en dos bolsas plásticas se transportan unos esqueletos que valen una posibilidad de sanar, de darle una despedida a un ser querido y de pasar la página de la violencia.

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La verdad para las familias, pero sin beneficios para los condenados

La misión humanitaria de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas durante la extracción de un hallazgo.

Camilo Delgado, coordinador de Gestión de Fuentes y Custodia de la Información de la Unidad de búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, detalló que ha sido un arduo proceso convencer a los actores del conflicto de que brinden información, en especial porque esto no representará ninguna ventaja judicial.

“La entidad ha generado una estrategia de aportes de información de personas que participaron directa o indirectamente en las hostilidades, pero también de civiles que tienen conocimiento en el marco de la búsqueda solidaria de información sobre personas dadas por desaparecidas”.

Acerca de la falta de beneficios, Delgado asegura que “en este momento consideramos que muchas de las personas aportantes de información que participaron en las hostilidades lo hacen de manera sincera, de manera respetuosa con las víctimas, y entendiendo el momento coyuntural en que estamos con los procesos de paz que se adelantan en este momento en el país”.