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El centrifugado es una de las funciones más importantes de cualquier lavadora, pero no siempre se utiliza de la manera más eficiente.

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Y es que elegir la velocidad adecuada puede marcar la diferencia entre un lavado óptimo y un desgaste innecesario tanto de la ropa como del electrodoméstico.

Este proceso consiste en hacer girar el tambor a gran velocidad para expulsar el agua restante mediante fuerza centrífuga.

FreepikY es que elegir la velocidad adecuada puede marcar la diferencia entre un lavado óptimo y un desgaste innecesario tanto de la ropa como del electrodoméstico.

La intensidad se mide en revoluciones por minuto (rpm), y en los modelos actuales puede ir desde 700 hasta 1.600 rpm.

Aunque muchas personas optan por usar siempre la máxima potencia, esto no significa que la ropa quede más limpia. La función del centrifugado no es mejorar el lavado, sino reducir la humedad de las prendas al final del ciclo.

Este proceso consiste en hacer girar el tambor a gran velocidad para expulsar el agua restante mediante fuerza centrífuga.

La elección de las rpm depende principalmente del entorno y del método de secado:

  • Zonas cálidas o con buen sol: entre 400 y 600 rpm es suficiente, ya que la ropa se seca fácilmente al aire libre.
  • Climas húmedos o lluviosos: entre 800 y 1.000 rpm ayuda a que la ropa salga más seca.

Además, no todos los tejidos soportan la misma velocidad, por lo que ajustar este parámetro también ayuda a cuidar las prendas: la ropa delicada (lana, ropa interior, blusas): menos de 800 rpm; tejidos sintéticos: entre 800 y 1.000 rpm; y algodón y prendas resistentes: hasta 1.200 rpm o más.