Luis Fernando Llanos camina por El Prado y los recuerdos salen a flote. Hay casas que todavía le devuelven imágenes de su niñez, vecinos que ya no están y escenas de una Barranquilla tranquila que él sigue guardando en la memoria. Para él, recorrer esas calles es volver, por un momento, a la infancia.
Nació hace 60 años en este tradicional barrio, sobre el bulevar de la carrera 58 con calle 64. Allí creció viendo casas elegantes, jardines amplios y corredores que, para un niño curioso, parecían sacados de otro mundo.
Aunque hoy vive en otro sector de la ciudad, nunca se ha ido realmente de El Prado. Su oficina sigue funcionando allí, en medio de las mismas calles que marcaron su infancia.
Arquitecto y administrador de empresas, Luis Fernando llevaba años guardando la idea de crear un homenaje a las viviendas que más lo impactaron durante sus primeros años, pero el ritmo de la vida no le había permitido aterrizar el proyecto hasta que llegó la pandemia y, con ella, el silencio y el tiempo suficiente para pensar. “Todo comenzó a fluir. Las ideas estaban ahí desde hace años, solo necesitaban espacio”.

Así nació ‘Yo nací en El Prado’, una iniciativa que mezcla arquitectura, memoria y nostalgia. El proyecto consiste en ilustrar algunas de las casas más representativas del barrio y acompañarlas con pequeñas historias personales que él mismo escribe.
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“Son casas que me marcaron porque me parecían hermosas o porque conocía a alguien que vivía allí. Siempre me llamó la atención la arquitectura de El Prado, todos esos detalles ornamentales y lo bien pensado que fue el barrio”.
Pero detrás de las ilustraciones también existe una preocupación sobre la conservación del patrimonio arquitectónico de Barranquilla.

“La ciudad ha perdido muchas edificaciones valiosas con el paso de los años y las pocas que sobreviven merecen cuidado y respeto”.
Por eso destaca casos como el de la antigua vivienda donde residió el escritor Álvaro Cepeda Samudio junto a su familia, una casa que actualmente ocupa una empresa, pero que ha conservado intacta gran parte de su esencia arquitectónica.
“Eso tiene muchísimo valor. Que respeten la fachada, los interiores y la estética original de estas casas es fundamental. Proteger es preservar la memoria de la ciudad”.
Y quizás por eso su proyecto ha conectado con tantas personas, porque en medio de las ilustraciones de ventanas antiguas, corredores amplios y techos altos, muchos también han terminado encontrándose con sus propios recuerdos.
En sus ilustraciones casi siempre aparece el mismo cielo azul. Y es que ese era el color con el que él recuerda el cielo de El Prado cuando era niño.
“Así lo veía yo en esa época y me encanta lo que estamos haciendo porque este trabajo también es una forma de agradecerle a Barranquilla. Como arquitectos, sentimos que le debíamos este aporte a la ciudad”.

Compañera de vida y arte
Mientras Luis Fernando Llanos habla de las casas de El Prado y de los recuerdos que guarda de su infancia, Emilia Guevara lo escucha cerca, con una sonrisa tranquila y una pañoleta estampada con las ilustraciones del proyecto que él creó.

Y es que después de 33 años de matrimonio y cinco más de novios, Emilia ha estado siempre al lado del arquitecto barranquillero, acompañándolo en una vida donde el arte nunca ha faltado.
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“Yo pinto mandalas y trabajo el puntillismo. Aunque el proyecto tiene el sello muy personal de mi esposo, de vez en cuando me acerco curiosa a mirar lo que hace. Él es un hombre único”.
Como conocedora del talento de su esposo, lo inscribió a escondidas en una convocatoria que escogería los murales que hoy embellecen el Callejón La Libertad, uno de los espacios recuperados en El Prado por la Alcaldía de Barranquilla.
La obra nació del acuario de la sala en su niñez. A partir de esa imagen, creó un mural lleno de objetos flotando bajo el agua, como una forma de evocar la memoria y la nostalgia del barrio.
“Esto es bien bonito, que la gente vea, aprecie y valore todo lo que hoy conservamos en El Prado”, finalizó Luis Fernando.






















