La cultura se convirtió en un campo de olvido del gobierno del presidente Gustavo Petro. Allí no hubo continuidad en los procesos, en este periodo fueron tres los ministros designados para liderar esta cartera, ellos fueron: Paola Ariza Flórez, Juan David Correa Ulloa y Yannai Kadamani Fonrodona, una sucesión que hizo mella en todo el territorio nacional.
Los gestores culturales de la región Caribe sintieron la ausencia de políticas reales que llegaran a su territorio con un claro propósito en busca de resguardar el patrimonio y fortalecer las expresiones autóctonas.
Pese a que cambió de nombre, pasando de Ministerio de Cultura a Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, de fondo nada se transformó de manera significativa, por lo que el clamor crece no solo en cuanto a asignación de recursos para ejecutar proyectos, sino también en dignidad artística.
EL HERALDO consultó a gestores culturales en los distintos departamentos de la región Caribe para que desde su territorio analicen el actual panorama y entreguen ideas acerca de la verdadera misión que debe ejecutar el próximo presidente de la República en este campo.
Las voces consultadas por esta casa editorial coinciden en un diagnóstico: el próximo jefe de Estado deberá asumir la cultura como una política pública estructural y no únicamente como una agenda de festivales o eventos esporádicos.
“Los artistas pasan hambre”
Desde Bolívar, el cineasta y gestor cultural Carlos Castro Macea lanzó una de las críticas más fuertes frente al panorama actual. “Los gobiernos deben entender el valor cultural como una apuesta intelectual, patrimonial y hasta de exportación”, expresó.
Castro cuestiona la baja inversión pública destinada a la cultura en comparación con otros sectores y advierte que muchos artistas sobreviven en condiciones precarias. “No hay un ingreso regular para que los artistas se dediquen solamente a su arte. Tienen que trabajar en otras cosas y lo que les queda de tiempo se lo dedican a su trabajo cultural, los artistas siguen pasando hambre”, lamentó.
También criticó que gran parte de los recursos terminen concentrados en los mismos eventos, mientras nuevas iniciativas culturales reciben escaso respaldo.
Uno de los llamados más contundentes al próximo presidente proviene desde Sucre. Pedro Murillo González, magíster en Educación, licenciado en Artes y gestor cultural, señala que el próximo gobierno deberá ampliar la cobertura cultural hacia los territorios históricamente excluidos.
Murillo considera clave aumentar el presupuesto del Ministerio de las Culturas y fortalecer la alianza con el Ministerio de Educación para expandir la enseñanza artística en el país.
“Tenemos más de 100 profesionales del arte que ahora necesitan empleabilidad”, explicó.
Además, pide mejorar las becas, estímulos y programas de formación avanzada en cultura, así como incrementar los recursos destinados a festivales y proyectos culturales. También cuestiona la debilidad institucional en Sucre, donde la Secretaría de Cultura fue eliminada y absorbida por otra dependencia administrativa. “El nuevo gobierno debe hacerles un llamado a los departamentos y municipios para que le den el peso y la fuerza a la dimensión cultural”, puntualizó.
Descentralización cultural
En Barranquilla, la gestora cultural Cielo Támara aseguró que el Caribe continúa enfrentando profundas brechascon relación con el centro de la nación. “La cultura no puede seguir siendo un asunto marginal en la agenda del país”, afirmó.
Para Támara, el próximo gobierno debe descentralizar verdaderamente la política cultural y construirla desde los territorios, reconociendo sus memorias e identidades propias.
“Sin condiciones dignas para crear, no hay cultura sostenible posible”, concluyó.

Por su parte Édgar Blanco, director del Carnaval de la 44, sostuvo que “en Barranquilla aún se carece de espacios culturales. Se está recuperando el teatro Amira de la Rosa, gracias a una gestión privada del Banco de la República y el respaldo de la Alcaldía. Ahora se viene la KZ Carnaval, que es un comodato de una empresa privada hacia la Alcaldía, pero es evidente la ausencia del Estado con la ciudad. Se siente envidia de la buena ver que el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto tiene su plaza de carnaval y les envían muchos más recursos. Necesitamos que la capital del Caribe colombiano cuente con espacios y una política pública que los respalde, la creación de la escuela folclórica que ha sido un canto a la bandera”, sostuvo.
Patrimonio histórico en crisis
En Cesar y La Guajira, donde el vallenato es parte esencial de la identidad regional, persiste la preocupación por preservar la esencia del género frente a las transformaciones comerciales y los cambios sociales.
José Alberto ‘Beto’ Murgas Peñaloza, compositor, acordeonero e investigador del vallenato, reconoce que en Valledupar y la región existe una plataforma sólida gracias al Festival de la Leyenda Vallenata y al enorme número de artistas que mantienen viva la tradición, aunque insiste en que el respaldo institucional siempre será necesario para fortalecer los procesos formativos y de investigación. “Se carece mucho de esto último”, sostuvo.
La preocupación no se limita a la música. Alba Luz Luque, defensora del Centro Histórico de Valledupar y fundadora de la Fundación Amigos del Viejo Valledupar (AVIVA), sostiene que el patrimonio arquitectónico y urbano del Caribe ha sido relegado. “Me parece que hemos sido un poco olvidados, ignorados o puestos ahí un poquito atrás en todo lo relacionado con lo cultural”, afirmó.
Para Luque, el deterioro del centro histórico vallenato evidencia la falta de una política nacional sólida de protección patrimonial. Denuncia abandono, inseguridad, suciedad y disminución de la actividad comercial y residencial en el sector. “Está muerto. No hay seguridad, pero sí demasiada suciedad. Las basuras no se recogen a tiempo y hay mucho por trabajar”, agregó.
Eje del acuerdo nacional
Desde Santa Marta Ibeth Noriega Herazo, directora de Proyección Cultural de la Universidad del Magdalena, considera que el gran reto del próximo gobierno será integrar el arte y la cultura en la conversación nacional. “El reto más importante para el nuevo gobierno es lograr que la cultura y el arte atraviesen la nueva conversación y sean eje del acuerdo nacional”, manifestó.
La académica insiste en la necesidad de fortalecer los saberes culturales de los territorios, aumentar los recursos destinados al sector e invertir en infraestructura cultural y en procesos comunitarios ya consolidados.
En Córdoba, el investigador social de la Universidad del Sinú Víctor Negrete Barrera advierte que muchas de las políticas culturales existentes no se cumplen adecuadamente. El docente plantea que “debe existir una mayor articulación entre nación, departamentos y municipios para fortalecer el sector, además de revisar presupuestos y ampliar el reconocimiento a gestores y artistas”.
Negrete también considera fundamental que “desde colegios y universidades se promueva con mayor fuerza la cultura y las tradiciones regionales”.
Más allá de los eventos
Una de las reflexiones más reiteradas entre los gestores es que la cultura no puede seguir reducida a festivales o espectáculos ocasionales. Nicolás Alberto Lubo Matallana, director de la Fundación Escuela Taller de La Guajira, considera que el nuevo gobierno debe comprender la cultura como una herramienta de transformación social y desarrollo económico. “La cultura debe asumirse como una política pública de largo alcance, capaz de fortalecer la identidad, generar tejido social, abrir oportunidades económicas y dinamizar el turismo”, afirmó.
Lubo insiste en la necesidad de fortalecer las escuelas de formación, bibliotecas, espacios culturales y procesos comunitarios, especialmente en zonas rurales y corregimientos. Además, pide dignificar el trabajo de artistas y portadores de tradición mediante convocatorias transparentes y apoyos más estables.

A su turno, el ex gerente del Instituto de Cultura de La Guajira Reinaldo Rafael Melo Guerrero considera prioritario que el próximo gobierno garantice la libertad de las regiones para defender y promover su patrimonio cultural.
Asegura que el Estado “debe acompañar a gestores y hacedores culturales mediante apoyo a investigaciones, publicaciones y procesos de difusión patrimonial”.





















