Este 2026 ha sido denominado dentro del mundo vallenato como el Año de Escalona, debido a que se conmemora un siglo del natalicio del destacado compositor, pintor, gestor cultural y diplomático Rafael Calixto Escalona Martínez (26 de mayo de 1926, Patillal).
No se trata solo de un hombre que con su lírica retrató la esencia de la vida, del amor puro, la lealtad hacia los amigos o la eterna protección de los padres por los hijos. Este último aspecto se palpa en la canción La casa en el aire, en la que dijo que a su hija Ada Luz le construiría una a kilómetros de la Tierra para que nadie la visitara, excepto un aviador.
Sin duda alguna que el maestro Escalona fue dotado de una creatividad única que lo llevó a quedar en la historia de nuestro folclor, y lo hizo no solo con sus letras, sino también porque el 27 de abril de 1968, junto al entonces gobernador del Cesar, Alfonso López Michelsen, y la gestora cultural Consuelo Araujonoguera, crearon el Festival de la Leyenda Vallenata para recrear toda la magia de una tierra donde los mitos, las costumbres, las vivencias y la riqueza oral nutren día por día la literatura y el pentagrama donde se tejen las letras y las melodías del vallenato.
Desde entonces hace ya casi seis décadas, el Festivallenato se convirtió en el certamen cultural más importante del país y edición tras edición congrega a concursantes y público proveniente no solo de distintos rincones de Colombia, sino del mundo, quienes atraídos por este folclor visitan la capital del Cesar para descubrir ese misticismo que Rafa Escalona encapsuló en canciones como El testamento, Jaime Molina, La Maye, Honda herida o El mejoral, solo por nombrar cinco de sus grandes creaciones.
Su gran amistad con Alfonso López Michelsen lo llevó a incursionar en cargos diplomáticos. Luego de que este se convirtiera en presidente de Colombia en 1974, lo nombró cónsul de Colombia en Colón, Panamá, y agregado cultural de la Presidencia de la República, cargos desde los que promovió la cultura vallenata.
A Escalona le grabaron las grandes figuras del vallenato, entre ellas Bovea y sus Vallenatos, Guillermo Buitrago, Alejandro Durán, los Hermanos Zuleta, Diomedes Díaz, Jorge Oñate, El Binomio de Oro (Rafael Orozco e Israel Romero), Iván Villazón y Carlos Vives, este último incluso protagonizó la serie televisiva Escalona (1991), que permitió que el vallenato entrara en todo el territorio nacional y también lo hiciera con fuerza en países como España, donde Vives llegaría con presentaciones en vivo para abrirles camino a las nuevas generaciones.
El samario ha expresado en reiteradas ocasiones que Escalona es su máxima inspiración. “Él no era solo un compositor, sino un visionario. Valoro mucho cómo sus canciones lograron trascender fronteras, mostrando la riqueza de la cultura de nuestra región Caribe”.
El cantante Iván Villazón, uno de sus más grandes admiradores, lo define como uno de los más grandes pilares de la música vallenata. “Lo recuerdo como un mentor invaluable y un gran amigo que fue clave al darme el voto de confianza en mis inicios, él marcó mi carrera al permitirme grabar la icónica canción El arcoíris, un clásico por el que mucho aún lo recuerdan”, le dijo a EL HERALDO.
Su impacto es tal que en Bogotá, la ciudad donde murió el 13 de mayo de 2009, permanece en la carrera 11A N° 11-39 la Casa Museo Rafael Escalona, una casona amarilla con detalles blancos en cuyo interior sus visitantes encuentran pinturas, cuadros y fotografías con las que van armando historias y cuentos en cada espacio. En uno de sus costados un mural replica la esencia del lugar y anuncia lo que viene adentro: no solo la historia de un compositor, sino la de un hombre que convirtió la vida cotidiana en memoria musical de Colombia.
No es casual que Gabo aparezca constantemente en la historia de Escalona. Fueron amigos cercanos. El compositor incluso acompañó al nobel colombiano a Estocolmo en 1982 y terminó convertido en personaje de Cien años de soledad. Ambos entendieron que el Caribe no era solamente una región geográfica, sino una forma de contar la realidad.
‘El Juglar de Patillal’ transformó el vallenato a través de sus historias y letras e inspiró a miles de artistas y escritores. Es por ello que este 2026 su natalicio número 100 no se conmemora, sino que se celebra. Su legado ayudó a que este género fuera declarado patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la Unesco. El festejo que se inició el pasado martes con un conversatorio en Valledupar se extenderá por ciudades como Riohacha, Barranquilla y Bogotá, donde los recuerdos de sus amigos y sus canciones retumbarán para hacer eco de su grandeza.
Su música seguirá viva en la voz del pueblo: “Cantado con el lenguaje grato que tiene la tierra de Pedro Castro”, así como lo dejó escrito en El Testamento más famoso de Colombia.








