Mañana es la hora de la decisión. Otra vez el país llega a las urnas sintiendo que necesita cambiar de rumbo. Y para entender lo que está en juego ahora, primero tenemos que ser honestos con lo que pasó la vez pasada, cuando los colombianos decidieron apostar por algo distinto.
Petro y Rodolfo Hernández significaban romper con el sistema. Representaban el cansancio de millones de personas frente a una política tradicional que sentían lejana y desconectada de los problemas reales de la gente. Había frustración por la corrupción, rabia frente a los privilegios de siempre y la sensación de que Colombia necesitaba un cambio profundo. Esa decisión tenía sentido; el país quería algo distinto. El problema fue lo que vino después. Y eso no ha cambiado.
Porque no solo muchas promesas nunca llegaron. Tres de las grandes banderas del cambio terminaron en más frustración que resultados. La Paz Total terminó con comerciantes extorsionados, padres preocupados cuando sus hijos salen y gente guardándose en sus casas y negocios antes que caiga la noche. Nos prometieron que íbamos a vivir sabroso y terminamos encerrados. Nos dijeron que le iban a quitar el miedo a la gente, pero se lo terminaron quitando fue a los delincuentes. La lucha contra la corrupción terminó en los carrotanques de La Guajira. Y la salud pública terminó con familias esperando medicamentos que no llegan y médicos esperando salarios que no pagan.
Por eso esta elección nos recuerda tanto a la pasada. Colombia vuelve a sentir que necesita algo distinto. Ahora ya no es sobre ideologías; es sobre lo fundamental. Sobre las cosas mínimas que permiten vivir con tranquilidad. Iván Cepeda representa la continuidad de este gobierno. Es seguir apostándole al mismo proyecto que hoy tiene a millones de colombianos sintiendo que las cosas básicas funcionan peor que antes.
Por eso la decisión se vuelve sencilla. Si alguien cree que Colombia va por buen camino, sabe por quién votar. Pero si siente que la seguridad empeoró, que la salud retrocedió y que el país perdió oportunidades, también sabe cuál es la alternativa. Hoy Abelardo representa ese cambio que muchos colombianos siguen buscando. Pero esta vez no como una promesa de transformar todo, sino como la posibilidad de recuperar aquello que nunca debimos perder: la seguridad para vivir tranquilos, la salud para cuidar a nuestras familias y la confianza para creer que las cosas pueden volver a funcionar.
Mañana ya no es una discusión entre izquierda o derecha. Ya no se trata de lo que nos prometen, sino de lo que hemos aprendido. Y después de todo lo que hemos visto, el mayor riesgo ya no es cambiar; es seguir exactamente dónde estamos. Un país no cambia cuando repite las mismas decisiones esperando resultados distintos. Por eso mañana llega la hora de decidir.
@MiguelVergaraC








