Faltan ocho días para votar la primera vuelta, pero la verdad es que se siente como si la segunda vuelta se hubiera adelantado; así lo muestran las encuestas de esta semana. Guarumo puso a Cepeda cerca del 37 %, a Abelardo acercándose al 28 % y a Paloma alrededor del 21 %. AtlasIntel e Invamer muestran la misma realidad política: Cepeda sigue arriba, Abelardo viene creciendo y Paloma se desinfla. Y a esta altura, faltando apenas una semana, pensar que esa tendencia cambiará ya no parece realista.
Y aquí es donde mucha gente entra en un dilema incómodo. Porque hay quienes se sienten más cercanos a Paloma, a Fajardo o a Claudia López. Les gusta más su tono, sus formas o sus ideas. Y eso es válido. El problema es que esta elección dejó de ser un concurso de afinidad personal y paso a ser una decisión pragmática.
Porque cuando uno mira lo que está pasando, entiende que el debate ya no es solamente entre derecha, centro o izquierda. Es más simple: ¿queremos tener un país donde las reglas se respetan? ¿O uno donde desde el poder hablan de una constituyente cada vez que las cosas no salen cómo quieren? Por eso mucha gente está cambiando su forma de votar. No porque ahora amen a Abelardo, ni porque piensen igual a él en todo. Sino porque todas concuerdan, el que tiene más posibilidad de enfrentar a Cepeda es el, y seguir divididos sería una estrategia kamikaze, en la que el corazón o la conciencia le gana a la razón.
A muchos todavía les cuesta aceptar esa realidad. A veces el voto útil incomoda porque se siente como renunciar a una preferencia personal; les cuesta decir: “este no era mi candidato”. Pero hay momentos donde las elecciones dejan de tratarse de gustos y empiezan a tratarse de prioridades. Y hoy la prioridad de mucha gente es defender la institucionalidad, la Constitución y la idea de que Colombia no puede seguir viviendo en confrontación permanente. Por eso esta primera vuelta es el momento de mandar un mensaje fuerte desde ya.
Porque aquí pueden pasar dos cosas si cogemos ese rumbo, y ambas serían poderosas. La primera: que Abelardo termine ganando en primera vuelta, lo cual hace unos meses sonaba imposible, pero hoy no. Cuando se suma a toda la gente que quiere un rumbo distinto al actual, la mayoría sí existe; el problema es que sigue dividida. Y la segunda: que incluso sin ganar en primera, quedar por encima de Cepeda cambiaría completamente el ambiente del país. Se rompería esa sensación de que el petrismo tiene esto asegurado y arrancaría la segunda vuelta con un impulso enorme.
Ya no es el momento para votar únicamente pensando en quién nos cae mejor o quién representa una pequeña diferencia ideológica. Es el momento de decidir si quienes creen en la democracia y las instituciones van a seguir divididos… o si van a adelantarse a la segunda vuelta antes de poner todo en riesgo.
@MiguelVergaraC








