Una hora fue el tiempo límite que le dieron a un wayuu y su familia para que abandonara el rancho donde vivía en la vereda Monte Claro, área rural del municipio de Fonseca en La Guajira.
Carlos Alberto Pushaina del resguardo Mayabangloma, afirma que hacia las 12:45 de la madrugada, llegaron varios hombres armados, vestidos con ropa oscura, le dijeron que se fuera de inmediato con lo que tuvieran puesto y que no recogieran nada.
'Llevaban armas largas y no sé a qué grupo pertenecen, pero me dijeron que no dejara correr los minutos, porque me podía arrepentir', aseguró el hombre temeroso y con la incertidumbre del futuro de su esposa y sus hijos.
Su finca queda en un paraje al pie de la Serranía del Perijá, muy cerca de la frontera con Venezuela, en límites con el municipio de Barrancas, desde donde salió a esa hora hacía el casco urbano de Fonseca buscando ayuda.
Primero dejó a su mujer Rocío Medina y sus cuatro hijos de 12, 11, 5 y 3 años, en un sitio conocido como La Estación, donde termina la carretera pavimentada. Luego siguió su camino hasta el pueblo, donde algunos paisanos suyos le cobraban 50 mil pesos para ir a buscar a la familia, pero no logró reunirlos.
Ya hacía las ocho de la mañana llegó a la Personería Municipal solicitando la ayuda para recuperar su tierra, como es su deseo.
Son cerca de 150 familias desplazadas en Fonseca. La familia Pushaina es solo una de las que a diario sufren el desplazamiento del área rural en el municipio de Fonseca.
El personero municipal Alexis Fabián Acosta, quien gestionó ayuda para Alberto y sus allegados, afirmó que son alrededor de 150 las familias que en los últimos cuatro meses han huido, dejando sus parcelas, cultivos y animales abandonados, por presión de los grupos al margen de la ley.
'La mayoría viene de las veredas Las Colonias, Las Marimondas, Sabana del medio o Puerto López, que están ubicadas en un corredor donde hacen presencia varios grupos armados', afirmó el funcionario.
Aseguró, además, que las autoridades han abandonado esta región y muchos labriegos dejaron de lado el miedo y regresaron a sus tierras sin las garantías de seguridad.
Acosta dijo que la Defensoría del Pueblo ha advertido de esta situación en Fonseca en muchas oportunidades, a través del Sistema de Alerta Temprana.
Finalmente, la familia Pushaina se ubicó en el municipio vecino de Barrancas, donde un familiar les dio alojamiento, mientras esperan la ayuda del Estado.




















