Lo que comenzó como una búsqueda personal para aliviar la ansiedad terminó convirtiéndose en un proyecto de vida con impacto social. Hace seis años, por recomendación médica, Zamara Comas encontró en la cerámica una forma de desconectarse del estrés del mundo corporativo y reconectar consigo misma. Sin saberlo, ese primer paso marcaría el inicio de un camino que hoy inspira a decenas de personas en Barranquilla.
En ese entonces, la ciudad no contaba con tantos espacios para aprender este arte, lo que la llevó a formarse con distintos maestros dentro y fuera del país. De la exploración nacieron sus primeras piezas y, casi sin planearlo, también sus primeros talleres. Lo que empezó en el salón social de su edificio pronto creció hasta convertirse en una comunidad.
Pero fue un momento profundamente doloroso el que marcó el inicio de su proyecto. La pérdida de su hijo, un hecho que conmocionó a su familia y allegados, se convirtió, con el tiempo, en la semilla que transformó su emprendimiento. Sin detenerse en el suceso, Zamara decidió honrar su memoria desde el amor y no desde la ausencia.
“Lo único que me hacía levantarme de la cama era la cerámica”, recuerda. En medio del duelo, encontró en el arte un ancla y, en las historias de otras mujeres, un espejo. Así entendió que el dolor no es exclusivo, sino compartido, y que hablarlo puede ser el inicio de la sanación.

Ensuciarse las manos para sanar
De aquella amarga experiencia nació Zerámico, un espacio que va más allá de un café o un taller. Es, en palabras de su fundadora, “la voz del alma”. Allí, las personas no solo moldean piezas de barro, también moldean sus emociones. Entre tazas, torno y café de especialidad, se construyen vínculos más profundos, sin máscaras ni juicios.
El lugar, pensado con intención en cada detalle, invita a la calma. Colores suaves, ilustraciones hechas a mano y objetos cargados de significado crean una atmósfera cálida donde cada rincón cuenta una historia. No es casualidad: para Zamara, el arte tiene la capacidad de decir lo que las palabras no logran expresar.
A este propósito se suma un equipo de mujeres que potencia la esencia de Zerámico. A su lado trabaja Dani Guerrero, barista profesional con certificación SCA y administradora, cuya formación y participación en competencias nacionales la posicionan como una figura destacada en el mundo del café, un campo tradicionalmente dominado por hombres. Junto a ella, una diseñadora gráfica e ilustradora aporta identidad visual y sensibilidad artística al espacio y Gina Sierra, tallerista, consolidando así un equipo femenino que refleja talento, resiliencia y colaboración.
Entre café e historias
La experiencia en Zerámico también se vive a través de sus productos. El Café Isabelita, cuidadosamente seleccionado, resalta el trabajo de los caficultores de la Sierra Nevada de Santa Marta, reivindicando el valor del grano caribeño y su calidad. A esto se suma una deliciosa barra de postres y amasijos que complementa la experiencia sensorial, convirtiendo cada visita en un momento para disfrutar con calma.
Con el tiempo, Zerámico ha evolucionado hacia un modelo sostenible. La formación de Zamara en negocios le ha permitido estructurar un emprendimiento que combina propósito y viabilidad financiera, demostrando que el arte también puede ser una forma de vida.
Hoy, el espacio recibe a decenas de personas cada mes: algunas llegan por el café, otras por la cerámica, pero muchas se quedan por la experiencia de sentirse escuchadas. En talleres donde se habla de duelo, amor, pérdidas o simplemente del día a día, el acompañamiento se convierte en el eje central.
“No se trata de dar respuestas, sino de escuchar”, afirma Zamara, quien además se ha formado en arteterapia para fortalecer ese componente emocional de su proyecto.

Arte con impacto social
A futuro, Zerámico no solo busca consolidarse como un espacio de arte y encuentro, sino también ampliar su impacto social. Entre las metas de Zamara Comas está fortalecer la comunidad que ha construido, generar oportunidades para mujeres y convertirse en una plataforma que permita a más personas tener tranquilidad a través del arte.
Ese propósito, que trasciende lo comercial, ya ha tomado forma en una de sus iniciativas más significativas: la creación de una beca en la Universidad del Norte, institución donde estudió su hijo. Inspirada en uno de sus sueños, Zamara, junto a su entorno cercano, logró materializar este proyecto para apoyar a jóvenes con alto potencial académico, honrando su memoria a través de la educación y reafirmando su convicción de que el arte y el conocimiento pueden transformar vidas.
En el marco del mes de la mujer, su historia cobra un significado especial. Es un recordatorio de la resiliencia, de la capacidad de reconstruirse y de encontrar propósito incluso en los momentos más difíciles.
Zerámico no es solo un emprendimiento: es un homenaje al amor, a la memoria y a la vida. Un lugar donde el dolor se transforma en creación y donde cada pieza, como cada historia, encuentra su forma. Pueden visitarlos en la Cra 45B número 88-23 piso 2 o seguirlos en Instagram como @Zerámico.




















