En el barrio El Prado, el arte y la tradición se combinan para ser el nuevo atractivo turístico de la ciudad de Barranquilla durante esta temporada de Carnaval. A través de un proyecto, liderado por el alcalde Alejandro Char, se han recuperado varios callejones de este icónico sector para convertirse en murales y pasos peatonales que cuentan la historia de transformación de la capital del Atlántico.
En ese sentido, cada mural resalta el patrimonio y es una ventana al pasado, hacia los primeros años de El Prado, sus casas emblemáticas, los artistas, escritores y personajes que caminaron por estas calles cuando la ciudad soñaba en grande.
“Donde antes había una calle sola y oscura, hoy renace un espacio lleno de historias contadas a través de murales. Cada pintura refleja la identidad del barrio El Prado y nos invita a valorar, cuidar y sentir lo nuestro. Cuando la cultura se vive desde el corazón de la gente, nuestras raíces se fortalecen y los territorios se transforman”, declaró el alcalde Char.
El mandatario distrital también agradeció a los artistas que hicieron parte de este proyecto.
Por su parte, la gerente de Ciudad, Ana María Aljure, “Barranquilla está en esa era del renacimiento donde los artistas cobran una fuerza especial porque nos permiten plasmar lo que somos, todas nuestras emociones, todo lo que es el ser humano y nuestro paisaje. El cambio hoy es 100%. Es un renacer. Cada obra de la ciudad tiene una connotación y tiene un sueño y tiene un cuento por decirle al mundo”.
Recordó que: “Barranquilla es arte, la capital de la industria creativa y del turismo, una ciudad que demuestra lo que es con templanza, con orgullo y con berraquera.
Los murales
El Callejón La Libertad, ubicado entre la carrera 53 y 54, sobre la calle 57, contiguo al Diario La Libertad, es uno de los sitios que fueron entregados recientemente. Aquí la transformación fue total. La adecuación de la vía, la recuperación de fachadas, la mejora de bordillos, la pavimentación y la siembra convirtieron 105 metros lineales en un corredor vivo.
Once artistas principales y cuatro colaboradores dieron nueva vida a este espacio que hoy invita a quedarse, mirar y conversar.
De igual manera, en el Callejón Gases del Caribe, en la calle 60A con carrera 59, la tradición y elegancia se funden en un paisaje costumbrista que rescata los valores patrimoniales del viejo Prado. Las casas moriscas, Emiliani y Muvdi, aparecen como testigos del tiempo, acompañadas por escenas que evocan a la gente de época, cuando el barrio era símbolo de modernidad y distinción.
La obra es del maestro Néstor Loaiza de la Hoz, pintor costumbrista con más de 38 años de trayectoria, quien, con acuarela y acrílico, rinde homenaje al patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Mientras que en el Callejón Comfamiliar, se encuentra una mirada al pasado y al futuro desde una ventana. Ubicado en la calle 60A con carrera 53, su principal obra ‘Desde la Ventana del Prado’, de la artista barranquillera Adriana Buelvas, invita a observar la ciudad desde el interior de sus casas históricas.
Por otro lado, en el Callejón Triple A, de la calle 66 con carrera 59, la pintura y la amistad se encuentran. ‘Ventanas de poesía, arte y sueños’ es una estampa íntima que muestra a cuatro amigos artistas reunidos en una terraza típica de El Prado, soñando la ciudad. Este es un guiño directo al llamado Grupo Barranquilla.
Los visitantes podrán observar a Alejandro Obregón pintando nubes en el cabello de Meira del Mar; de sus versos brotan hojas, mariposas amarillas y referencias a Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio y Marvel Moreno. Karl C. Parrish, fundador del barrio, completa esta constelación cultural.
Museo a cielo abierto en Barrio Abajo
En Barrio Abajo, el arte también se tomó las calles. Los murales cuentan la identidad popular, la tradición carnavalera y la memoria de un sector fundamental en la historia cultural de Barranquilla. Aquí no hay puertas ni horarios: el museo está vivo, late al ritmo del barrio y se deja recorrer sin prisa.
Esta visita al Museo a Cielo Abierto de Barrio Abajo se puede complementar con otros espacios que celebran la cultura barranquillera: el Museo del Carnaval, para entender la fiesta desde sus personajes, ritmos e historias.
La invitación es sencilla: ponerse zapatos cómodos, bajar el ritmo y dejar que los muros hablen y que los callejones muestren la memoria de la ciudad que guardan.





















