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Gonzalo Rodríguez Gacha, alias El Mexicano.
Sucre

Testigo recuerda el día que mataron a ‘El Mexicano’

Pedro Montes Herrera, un campesino de 82 años de Tolú, narró para  EL HERALDO los últimos minutos de uno de los narcotraficantes más buscados.

Un silencio absoluto rodea el sitio donde dos placas, una con el nombre de José Gonzalo Rodríguez Gacha, y la otra con la de su hijo Fredy, están perfectamente ubicadas en los laterales de un triángulo hecho en piedra.

A los lados hay dos bancas para descansar y orar. Unas palmeras refrescan el sopor del Golfo de Morrosquillo y hacen del sitio una estadía solemne.

Esa paz no se parece en nada a la turbulencia que se sintió en la finca La Lucha -a unos tres kilómetros de Tolú en la vía hacia Toluviejo- el 15 de diciembre de 1989, cuando cinco helicópteros con 20 policías a bordo sobrevolaban el espacio aéreo de Tolú y Coveñas en busca de uno de los narcotraficantes más buscados: ‘El Mexicano’.

En esa finca fue abatido Rodríguez Gacha, el socio de Pablo Escobar Gaviria, y en el sitio
donde cayeron los cuerpos la familia erigió esta especie de monumento.

Rodríguez Gacha (der) y su hijo Fredy murieron con el cerebro destrozado, informó EL HERALDO.

El último que lo vio

De esa operación de película a la que llamaron Apocalipsis fue testigo de excepción Pedro Montes Herrera, un campesino que hoy tiene 82 años.
Del 15 de diciembre de 1989, Montes tiene la memoria lúcida cuando un intruso interrumpió sus labores cotidianas para, involuntariamente, cambiarle la vida.

Recuerda que estaba trabajando en la finca de al lado cuando decidió descansar sobre unos tablones.

No acababa de acostarse cuando de pronto alzó la vista. “Veo que viene un hombre corriendo para encima de mí y me grita: ‘Sálveme que viene la Ley persiguiéndome’
“ Yo no sabía quién era él, pero cuando me gritó eso, corrimos para atrás de la finca. Me dijo que no llevaba plata, pero me dio 10 mil pesos porque todo el dinero  había quedado con el hijo.

Entró con un guardaespaldas al que le decían ‘El Yuca’, de Cartagena”, relató el abuelo de hablar pausado.

La romería en Sincelejo para ver los cuerpos de Rodríguez Gacha y de su hijo Fredy, de 17 años.

La huida

Ese hombre de baja estatura, de respiración acelerada y cara sudorosa era Gacha. Frente a los ojos de Pedro estaba uno de los capos más buscados en ese momento y que antes de entrar a la finca ubicada a orillas de la Transversal del Caribe, había recorrido cientos de metros en un camion de estaca color rojo, carpado, en el que huía con su hijo Fredy. Este se había lanzado a la calle, pero no pudo correr mucho porque cuando intentó entrar por un portillo fue abatido junto a dos guardaespaldas.

El Mexicano, por el contrario, siguió su rumbo hacia la propiedad que sería la última parada. Desde donde quedó Fredy hasta donde el papá también halló la muerte logró recorrer un kilómetro porque vio un retén de la Infantería de Marina y decidió virar a la derecha.

Así murió Gacha

Venían huyendo desde Coveñas, la cabaña El Tesoro, hasta donde llegaron en una lancha rápida para refugiarse, luego de escapar de la Fuerza Pública en Cartagena desde donde comenzaron a seguirle la pista gracias a un informante.

En la habitación 5 de la cabaña quedó una caja fuerte, revistas, un ventilador y armas de largo alcance.

Pedro prosiguió en su relato y parece que midiera milimétricamente cada paso que dio el capo en su casa, que para ese entonces era de palma.

“Los infantes de Marina comenzaron a rodearnos y arriba volaban los helicópteros, me los veía encima. Uno de los soldados le disparó, pero no lo tumbó, y luego le tira otra vez, pero se le trabó el arma. Él cogió la granada, le soltó el seguro y la tiró. Yo me había alejado de él porque lo tenían rodeado.  Luego del estallido no lo vi de pie, ya estaba muerto”.

La historia habla de que un francotirador le destrozó la cabeza cuando certeramente le disparó desde un helicóptero.

A pocos pasos de Pedro quedó el cuerpo del hombre que se daba el lujo de decir que ganaba 250 mil dólares por minuto vendiendo coca. Tan inverosímil eran esas afirmaciones como su misma muerte alejada de lujos, entre un platanal, en una tierra que no le pertenecía y con la agonía de menos de un minuto.

“Yo lloraba en vista de que no lo pude salvar. El soldado me preguntaba que por qué lloraba y yo le respondí que porque me daba la gana. Algunos me decían que me había tirado una bolsa de plata, pero es falso”, dijo.

Portada de EL HERALDO sobre la muerte del capo, de su hijo y de cinco de sus guardaespaldas.

Eran las 2:00 de la tarde de ese viernes decembrino en el que las chivas y colectivos que pasaban por la Transversal detuvieron sus motores porque la Infantería de Marina cerró la vía cinco kilómetros a la redonda.

En cuestión de minutos, la finca de la familia de Pedro se llenó de coroneles, periodistas, cámaras, curiosos y funcionarios del Gobierno Nacional en cabeza del presidente Virgilio Barco que comprobaron que Gacha o ‘El Mexicano’ había sido dado de baja en una operación impecable. Dos años después de ser abatido, la familia de Rodríguez Gacha compró La Lucha y puso las dos placas. Llegaban esporádicamente a visitar el terreno y a encontrarse con el recuerdo del socio de Pablo Escobar.

La voz de la periodista de la época

Arritokieta Pimentel Irigoyen, la periodista que para ese entonces trabajaba en el Noticiero Nacional que se emitía por el Canal Uno de televisión y que era de propiedad de Javier Ayala y Gabriel Ortiz, fue una de las tantas que llegó a hacer el cubrimiento noticioso a Sucre. Quizás porque su nombre es poco común es la que los ciudadanos más recuerdan de haberles dado la noticia.

En entrevista para este medio la reportera ‘carga ladrillos’ que más fama alcanzaba en la época recordó ese fatídico 15 de diciembre.

Pedro Montes vio como fue abatido El Mexicano.

Asegura que se encontraba ella y otros tantos colegas más en la ciudad de Cartagena haciendo el cubrimiento noticioso de Ernesto Samper Pizano en plena campaña política cuando la gran noticia llegó a sus oídos.

Era la noticia más importante en ese momento y en razón a ello todos los periodistas decidieron trasladarse a Tolú y para ello lograron conseguir un helicóptero. Eran tantas las personas que iban a bordo de la aeronave que a ella le tocó ir sentada en el piso.

“Recuerdo que estábamos en plena campaña presidencial, era un viernes y nos enteramos de que habían dado de baja a ‘El Mexicano’, y Daniel Coronell que era el jefe de redacción del noticiero, me dijo que estaba cerca y llegara a la zona. Recuerdo que había pocos cupos en un helicóptero de la Policía, pero allí nos montamos todos. Aterrizamos en Tolú e hicimos el recorrido que había hecho ‘El Mexicano’. Él se había quedado en una cabaña y a esa cabaña también fuimos”, relató.

Agrega que entre la ciudadanía se comentaba que el narco había llegado a Tolú en una lancha.

Todos los periodistas y demás miembros de sus equipos de trabajo se enrumbaron hacia Sincelejo, más exactamente hasta el Hospital Regional, lugar al que llevaron el cadáver del narco, de su hijo y de sus cinco escoltas.

“Era de noche y estábamos en medio de la carretera y conseguimos un camión que nos llevó en la parte trasera hasta Sincelejo. Llegamos de noche y en esa ciudad le hicieron un entierro, y lo cubrimos. Empezaron a llegar las personas de Pacho, Cundinamarca, de donde él era, y del cementerio se lo llevaron a su pueblo”.

En el Golfo de Morrosquillo no solo está el recuerdo intangible de ‘El Mexicano’ sino también uno que se puede observar. Se trata del fusil Galil AR que le incautaron al mafioso cuando lo abatieron en Tolú.

Ahora no es accionado contra la vida de ninguna persona. Está exhibido tras un vidrio en el Parque Museo de la Base de Entrenamiento de la Infantería de Marina en Coveñas.

En este sitio los visitantes pueden apreciar de cerca, pero sin tocar, cada detalle del poderoso fusil de peso liviano, pero muy potente.

Funciona por acción de los gases y se alimenta con proveedor con capacidad de 35 cartuchos. El arma se puede operar de modo automático o semiautomático, por medio de una palanca selectora de fuego. El proyectil puede ser más dañino entre más larga sea la trayectoria.

Las dos placas en la finca epicentro del ataque.

El Mexicano, uno de los más temidos narcotraficantes

El extinto capo José Gonzalo Rodríguez Gacha, oriundo de Pacho (Cundinamaca), se hizo célebre durante la Semana Santa de 1984 cuando un terremoto destruyó Popayán. Allí  acudió con talegos de billetes para repartir a los damnificados de la tragedia.

Comenzó trabajando para el ‘Zar de las esmeraldas’, Gilberto Molina Moreno, pero años después, junto a su socio Pablo Escobar era cabecilla del Cartel de Medellín. El Mexicano fue considerado uno de los hombres más ricos del planeta, fortuna que amasó con el envío de drogas a mercados de EEUU y Centroamérica a finales de la década de los setenta y comienzos de los ochenta.

En los ochenta armó un ejército privado de al menos 2.000 hombres entre guardaespaldas y sicarios al que se le atribuyen unos mil asesinatos.

Pero además de la guerra que le declaró a la guerrilla, el llamado Ministro de Guerra del Cartel de Medelín empezó a atacar a los dirigentes de izquierda que simpatizaban con la insurgencia. Uno de ellos, el más importante, Jaime Pardo Leal, candidato a la Presidencia  (Unión Patriótica), que cayó tras un ataque sicarial el 12 de octubre de 1988.

Su alias tiene que ver por la pasión que sentía hacia la cultura de México, en especial a la música de mariachis. Era tal su simpatía por lo mexicano que varias de sus haciendas llevaban nombres de ciudades y estados del país manito. Gacha tuvo el mejor caballo de paso fino del país, avaluado en un millón de dólares de los años.

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