Al llegar a Galeras se percibe un color rojo que proviene de sus polvorientas calles. Sus pobladores se notan tímidos ante la extroversión de un mundo impregnado de excesos, pero sus tradiciones trascienden las fronteras, lo común.
Sus vías abren las puertas de par en par para darle la bienvenida a foráneos que no necesitan tarjeta de invitación. Desde el pasado 8 de enero y hasta anoche estuvo el telón arriba del 'teatro a cielo abierto más grande del mundo'.
Esta definición, de la antropóloga Gloria Triana, impulsora y defensora del arte efímero, fue adoptada para resumir lo que significa el Festival Folclórico de la Algarroba, Gaita Corta y Cuadros Vivos, este año en su XXVII edición.
Los cuadros vivos fueron declarados en 2014 Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Nación por el Ministerio de Cultura. Este año participaron 90 cuadros, que no son más que artistas empíricos que por espacio de dos horas representan una escena religiosa, cultural, crítica social o actualidad. Lo llamativo: permanecen inmóviles como verdaderas estatuas humanas.
Rodrigo Banquez Noriega, presidente del Festival, asegura que fue uno de los que propuso que este evento homenajeara al magisterio, sector que ha impulsado los cuadros vivos como una expresión pedagógica con la que se enseña literatura, historia y tradición. 'Desde las instituciones están apoyando los cuadros vivos, los ponen en escena en las distintas jornadas culturales para que la semilla de esta expresión cultural germine y continúe de generación en generación', sostiene.
El municipio de Galeras tiene 20 mil habitantes y más del 80 por ciento de ellos han participado alguna vez en la puesta en escena de los cuadros vivos. Familias completas participan en la creación de los mismos. Una de estas es la Ortega Bertel, residente en la Placita de la Cruz.
El nombre de su representación fue La vida de un artesano,y fue la número 20, es decir, ellos completan 20 años vinculados a esta celebración.
Mario Ortega Mercado, de 58 años, hijo de Sincé, pero galerano de corazón, dice que desde hace 40 reside en la tierra de la algarroba y ese mismo tiempo lleva actuando. Al unir su vida a la de Denis Bertel Anaya, de 55 años, la tradición debía continuar, y de esto da fe la matrona, quien a su vez da a conocer que sus hijos y ahora sus nietos se han vinculado a la creación o realización de los cuadros vivos.





















