La estatua de Sofía Vergara se alza a pocos pasos de El Pabellón de Cristal, mirando hacia el río Magdalena. Fue develada el 10 de julio, el día en que la actriz cumplió 53 años, y desde entonces, se ha convertido en parada obligada para turistas y barranquilleros.
Pero estos días recibió una visita especial. Su hijo, Manolo González-Ripoll Vergara, llegó al lugar, tomó varias fotos y realizó una publicación en sus redes sociales acompañada de la palabra “Icónica”. La canción elegida para ambientar las postales fue Regalo a Barranquilla, del fallecido cantante Diomedes Díaz.
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La escultura mide 7,60 metros y pesa seis toneladas. Está fundida completamente en bronce y fue elaborada por el maestro Yino Márquez junto a un equipo de 35 personas, incluidos estudiantes de la Escuela Distrital de Artes. En cada detalle se mezclan el glamour que la llevó a Hollywood y las raíces caribeñas que siempre ha defendido.
Cuando aún vivía en Barranquilla, Sofía conoció a José Luis González-Ripoll, empresario del sector de la construcción e hijo del arquitecto Ricardo González-Ripoll, quien fue alcalde de la ciudad en dos oportunidades. Pese a la diferencia de edad (le llevaba diez años), se casaron y el 16 de septiembre de 1991 nació su único hijo, Manolo.
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Dos años después se separaron. Sofía se fue a Miami con su hijo pequeño para empezar desde cero. Allí comenzó la carrera que la convertiría en estrella internacional.
En entrevistas ha contado que el nombre “Manolo” lo escogió inspirada en un personaje de la película Scarface, interpretado por Steven Bauer. Hoy, con 34 años, Manolo ha construido su propio camino. Se graduó en Dirección y Producción de Cine en la Universidad Emerson de Nueva York en 2015 y ha participado como actor en producciones como Guilty Party, Vandal y Destined to Ride. También es empresario y, junto a su madre, creó Toma, una cadena de restaurantes que apuesta por el sabor latino en el exterior.





















