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El vicepresidente Vargas Lleras dando paso vehicular en la vía que conduce de Buga a Buenaventura el jueves, Presidencia
Política

Ley del Montes: Vargas Lleras volvió al ruedo

El vicepresidente deberá tomar decisiones sobre su futuro como candidato presidencial, entre ellas qué tanto podrá alejarse de Santos y qué tanto tendrá que acercarse a Uribe.

El escenario político con que se encontró el vicepresidente Germán Vargas Lleras -luego de superar con éxito la cirugía que le practicaron para extraerle un tumor benigno del cerebro- es bien distinto al que dejó algunos meses atrás, cuando decidió hacer un alto en su agitada agenda y pensar primero en su salud. Veamos algunos botones de muestra: la firma de la paz con las Farc en La Habana se embolató, la llamada Unidad Nacional está vuelta añicos, sus futuros contendores, como Sergio Fajardo, están creciendo y sus enemigos dentro de la Unidad Nacional cada día conspiran con más intensidad.

Y como si todo lo anterior fuera poco, la imagen del presidente Juan Manuel Santos sigue peligrosamente en caída libre, algo que –sin duda- afectará la campaña de Vargas Lleras hacia la Presidencia en 2018, pues una cosa es ser el Vicepresidente de un Presidente con prestigio y otra muy distinta serlo de uno desprestigiado.

Decir que Vargas Lleras estuvo alejado del acontecer nacional mientras se recuperaba de la cirugía no es cierto. El Vicepresidente en ningún momento ha dejado de tomarle el pulso a todo lo que sucede en el país, no solo por el compromiso que tiene con el Presidente de sacar adelante las obras de vivienda e infraestructura que se ejecutan, sino porque sabe muy bien que la única manera que tiene para sobrevivir “al fuego amigo” que recibe a diario de los políticos de la Unidad Nacional, es conociendo cómo se comportan sus supuestos aliados. “Cuando está por fuera de la Casa de Nariño recibe mejor información que cuando está dentro de ella”, me dijo un amigo muy cercano al Vicepresidente.

De hecho, algunos integrantes del círculo íntimo del presidente Santos –como la ministra de minas encargada, María Lorena Gutiérrez, anti vargasllerista consumada y declarada- no ocultan su asombro cada vez que tiene conocimiento de que el Vicepresidente se enteró de una decisión tomada a última hora en la Casa de Nariño y que se suponía que no debía llegar a sus oídos.

Ni siquiera aquellos temas de los que no habla en público, por razones de estrategia política, como la negociación de paz entre el Gobierno y las Farc en La Habana, están por fuera del radar informativo del Vicepresidente, ni antes ni después de la cirugía. Vargas Lleras sabe perfectamente todo lo que sucede en la mesa de diálogos de la isla y toma atenta nota de lo que ahí se dice o se acuerda.

Pero contrario a lo que sus enemigos consideran, su silencio estratégico en materia de paz es más un respaldo a la negociación que un rechazo. “Si no estuviera de acuerdo”, ya lo habría dicho, me dijo un senador de Cambio Radical. “Otra cosa –agregó- es que hay asuntos puntuales y concretos que no comparte, como el hecho de que la firma del acuerdo final no tenga fecha fija”.

El nuevo escenario político que encuentra Vargas Lleras al reiniciar sus actividades públicas también incluye los movimientos que se realizan dentro de la Unidad Nacional en la búsqueda de candidatos presidenciales para suceder a Santos. Y en ese sentido habría que decir que –como en el célebre corrido mexicano- la distancia entre el Vicepresidente y los jefes liberales César Gaviria y Horacio Serpa es cada día más grande. Igual sucede con el partido de La U, donde sus antiguos beneficiarios políticos –como el senador Roy Barreras- no dejan de conspirar en su contra.

De hecho, tanto Gaviria, como Serpa y Barreras, entre otros, movieron todos los hilos para tratar de sacar a Cambio Radical de la foto de la paz -que se tomaron en la Casa de Nariño los jefes y voceros de los partidos que apoyan los diálogos con las Farc- con el argumento de que el Vicepresidente es “enemigo de la paz”. En esa oportunidad, Vargas Lleras –aún convaleciente de la cirugía- debió actuar con prontitud dejar en claro cuál es su postura frente al tema.

Las jugadas de Gaviria y compañía dejan en evidencia que –con miras a las elecciones presidenciales de 2018- la estrategia va a ser la de matricular al Vicepresidente dentro del grupo de aspirantes “enemigos de la paz”, y con ello acercarlo al ex presidente y actual senador Álvaro Uribe, mientras que todos los demás –liberales, La U y un sector del conservatismo- serían los abanderados de la paz. ¿Qué le espera al Vicepresidente en su regreso al ruedo de la política nacional?

Santos en caída libre, ¿bueno para Vargas Lleras?

Quienes creen que el vicepresidente Germán Vargas Lleras gana con el desprestigio del presidente Juan Manuel Santos se equivocan. Punto. Ni siquiera el hecho de que dentro de todos los funcionarios del Gobierno el mejor posicionado sea el Vicepresidente, le sirve para su aspiración presidencial en 2018. A la hora de los balances, la mala calificación es para todo el gobierno, incluido el Vicepresidente, quien –curiosamente- es el que mejor está haciendo las tareas asignadas por Santos, como son las de responder con la política de Vivienda, en cabeza del ministro Luis Felipe Henao -el mejor ministro del gabinete-  y la de infraestructura, liderada por la ministra de Transporte, Natalia Abello. De manera que a Vargas Lleras lo que le conviene –en materia política y electoral- es hacer parte de un gobierno fortalecido y no de uno debilitado. Y eso él lo tiene muy claro. No ocurre lo mismo, sin embargo, con quienes desde distintos ministerios –o desde la propia Casa de Nariño- pretenden torpedear sus iniciativas, como sucede con algunas ministras –en trance de candidatas presidenciales- o algunos ministros, también con ganas de suceder a Santos. De todos ellos, quien tendrá que salir a la plaza pública a defender al Gobierno en la campaña de 2018 será Vargas Lleras. Toda el agua sucia la recibirá él, que es de todos los miembros del Gobierno el “primero en el partidor” y el único con posibilidades reales de suceder a Santos.

Vargas Lleras en la mira de todos

Las posturas de quienes no quieren ver al Vicepresidente en la Casa de Nariño en 2018 se radicalizaron durante su convalecencia. Ni César Gaviria, ni Horacio Serpa, ni Juan Fernando Cristo, desean que Vargas Lleras suceda a Juan Manuel Santos. El primero piensa en candidatos liberales de sus entrañas y el mejor de todos –o el único- es su hijo Simón, director de Planeación Nacional. El segundo le sigue cobrando a Vargas Lleras el haber “traicionado” su candidatura presidencial para irse a respaldar la de Álvaro Uribe. Y Cristo considera que ya llegó la hora de ser candidato presidencial por el liberalismo y ve en el Vicepresidente a un poderoso contendor, que llegado el momento se quedaría con la fuerza electoral del partido. Por los lados de La U el escenario político-electoral del Vicepresidente tampoco es agradable. Los congresistas del partido prefieren coquetearle a otros candidatos antes que tener un gesto amable con Vargas Lleras, a quien señalan de haberse quedado con una buena tajada de la torta burocrática. De hecho, quienes más le endulzan el oído al ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, para que acepte ser candidato presidencial son los voceros de ese partido. Los conservadores –por su parte- tampoco tienen en el llavero al Vicepresidente, aunque –llegado el momento- tomarán una decisión pragmática que les permita seguir disfrutando de las mieles del gobierno, aunque la ex ministra Marta Lucía Ramírez –candidata potencial del partido- se disguste.

 Sergio Fajardo, ¿candidato de Antioquia?

Aunque en las pasadas elecciones el ex alcalde de Medellín y ex gobernador de Antioquia, perdió tanto la Alcaldía como la Gobernación, lo cierto es que el nombre de Sergio Fajardo tiene buen recibo en su tierra como en el resto del país. De hecho, algunas encuestas comienzan a mostrarlo como un serio contendor de Vargas Lleras con miras a las elecciones de 2018. Así como el Vicepresidente tiene un sólido respaldo en la Región Caribe –donde logró triunfos significativos, como el de Alejandro Char en la Alcaldía de Barranquilla- y en Bogotá, con Enrique Peñalosa, Fajardo es muy sólido en Antioquia y el Eje Cafetero. Dentro del Gobierno tiene una aliada astuta como la ministra de Educación, Gina Parody, quien –dicen cercanos a la Casa de Nariño- podría ingresar en cualquier momento a hacer parte del equipo de Fajardo. La postura de Fajardo en el tema de la negociación de La Habana, podría definir futuros respaldos.

¿Un vicepresidente lejano a Santos y cercano a Uribe?

Ante la imposibilidad de elegir a Álvaro Uribe en 2018, los uribistas comienzan a buscar candidatos fuertes en otras toldas. Uno de ellos es el vicepresidente Vargas Lleras, quien tiene muy buen recibo en las bases uribistas por aquello de la “mano dura”, sobre todo contras las Farc y los demás grupos guerrilleros. Vargas Lleras está, pues, en el corazón de los uribistas, pese a las diferencias políticas que los dos dirigentes tuvieron durante el segundo mandato del ex presidente antioqueño. Esas diferencias quedaron superadas cuando el hoy senador Uribe le salvó la “vida política” al Vicepresidente luego de que un grupo de senadores de la Unidad Nacional pretendió impedirle que aspirara a la Presidencia en un futuro inmediato. Aunque sus enemigos políticos pretenden matricularlo en el uribismo –llamándolo “enemigo de la paz”- Vargas Lleras ha dado muestras de lealtad a Santos, algo que algunos amigos de Santos no le reconocen e insisten en graduarlo de uribista. Cuando el actual Presidente decidió aspirar a un segundo mandato encontró en Vargas Lleras un aliado incondicional. Hoy por hoy para los santistas el Vicepresidente es muy uribista y para los uribistas Vargas Lleras es demasiado santista. Y quien puede resolver ese dilema es el propio Vicepresidente, pues lo único que está descartado en Colombia es que en 2018 haya un candidato “santo-uribista”.

La apuesta por la paz del vicepresidente Vargas LLeras

La posición del Vicepresidente con respecto a la negociación de La Habana entre el Gobierno y las Farc ha sido objeto de todo tipo de especulaciones, hasta el punto de que hay quienes no dudan en llamarlo “enemigo de los diálogos”, como es el caso del senador liberal Horacio Serpa y otros del partido de La U, como el senador Roy Barreras. Vargas Lleras ha sido uno de los políticos más radicales en sus cuestionamientos a las Farc y de hecho fue el senador que denunció los abusos que esa organización guerrilla cometía en la zona del Caguán, durante el gobierno de Andrés Pastrana. En lo que tiene que ver con La Habana, el Vicepresidente ha hecho saber en varias oportunidades que los diálogos no se pueden extender de manera indefinida y que es necesario ponerle un plazo definitivo y perentorio. Así se lo ha hecho saber al Presidente de la República y a los negociadores del Gobierno. También exige que se conozcan los vínculos de los jefes del grupo guerrillero con el narcotráfico y la minería ilegal. En ese sentido su corazón estaría más con Uribe que con Santos, quien se ha jugado su prestigio en sus conversaciones con las Farc en La Habana

 

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