El Heraldo
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (izq), acompañdo de Diosdado Cabello (c) y Elías Jaua. AFP
Política

La Ley del ‘Montes’ | Venezuela: ¿Constituyente o dictadura?

La imposición de la Asamblea Nacional Constituyente por parte de Maduro, por encima de la voluntad popular y de la comunidad internacional, es la prueba de que Venezuela ya no es democrática.

Con la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente con poderes plenipotenciarios, Nicolás Maduro y sus aliados políticos dieron un paso más hacia el precipicio al que piensan arrojar a Venezuela. Su temeraria e ilegítima decisión convierte al régimen chavista en una dictadura disfrazada de democracia. El control de todos los poderes públicos, así como la violación de los derechos de los opositores y la limitación extrema de las libertades individuales conducen a vecino país por el camino del totalitarismo. El régimen chavista se quitó la careta, pese a las advertencias de la comunidad internacional.

Al desconocer el poder de la Asamblea Nacional -elegida por la inmensa mayoría de los venezolanos- y tratar de imponer a voluntad de una Constituyente sacada de su bolsillo y elegida de forma fraudulenta, como lo denunció la oposición y la firma Smartmatic, encargada de dar soporte tecnológico a la elección de los 500 constituyentes, Maduro se jugó su última carta por salvar a la fuerza la llamada Revolución del Siglo XXI, puesta en marcha por Hugo Chávez Frías.

En su obstinación por perpetuar el poder del régimen chavista en el vecino país, Maduro desoyó a una comunidad internacional -encabezada por Estados Unidos y a la que se sumó el papa Francisco- que clama por el restablecimiento de los valores democráticos en el vecino país. Francisco -quien se había mantenido al margen de la crisis- pidió la suspensión de la Constituyente, así como evitar el uso excesivo y desproporcionado de la fuerza.

Pero en lugar de escuchar a quienes le exigen una actitud más prudente y mucho más racional, Maduro pisa con mayor fuerza el acelerador para tratar de ganar por las vías de hecho el respaldo popular que ya perdió, como lo reflejan todas las encuestas, donde figura con un apoyo apenas superior al 20 por ciento.

La escogencia de la ex canciller Delcy Rodríguez -aliada incondicional de Maduro- como presidenta de la Asamblea Constituyente, compuesta en su totalidad por amigos del régimen, es la mejor prueba de que Maduro está lejos de reconsiderar las medidas adoptadas hasta el momento y que han sido reprochadas por buena parte de la comunidad internacional. A cada uno de los señalamientos, Maduro responde con prepotencia y cinismo: “Los venezolanos resolveremos nuestro conflicto, nuestra crisis, sin ningún tipo de interferencia extranjera”, declaró en las últimas horas.

Ello no deja de ser una interpretación muy particular del principio de “autodeterminación de los pueblos”, según el cual nadie que esté en contra de los atropellos y violaciones del régimen chavista, puede meterse en los asuntos internos de Venezuela. Pero si lo pueden hacer todos aquellos que están a favor de sus medidas, como sucede con Cuba, el mejor aliado político que tienen Maduro y sus amigos. Es decir: Cuba sí puede interferir -como de hecho interfiere- pero ningún otro país que no piense como los chavistas puede hacerlo. 

Mientras tanto, todos los días son asesinados y encarcelados jóvenes estudiantes, así como dirigentes políticos a los que detienen y liberan según las conveniencias del régimen, como ocurrió con Leopoldo López y Antonio Ledezma, quienes fueron sacados a la fuerza y de manera arbitraria de sus residencias -donde están recluidos, bajo libertad condicional. Ambos fueron separados de sus familias, señalados de “intentar fugarse”. Ledezma -quien presenta severos quebrantos de salud- retornó a su hogar horas más tarde.

El propósito de la Constituyente de Maduro y compañía instalada ayer y presidida por Rodríguez, no es otro que el imponer en Venezuela el llamado Estado Comunal, que limita al extremo todas las libertades individuales de los venezolanos, entre ellos la propiedad privada y la libre asociación. Pero va más allá: la Constituyente chavista quiere la cabeza de los integrantes de la Asamblea Nacional y la de la fiscal, Luisa Ortega, antigua chavista, quien se rebeló ante “el rompimiento del orden institucional” por parte de Maduro. Hace pocos días, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dictó medidas cautelares de protección a su favor, al considerar que enfrenta “un riesgo inminente de daño irreparable”.

El avasallante comportamiento de Maduro y de quienes hacen parte del régimen chavista, terminó por fracturar la unidad que venía teniendo la oposición venezolana, pues varios de sus dirigentes, entre ellos el ex presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, han decidido participar en la selecciones regionales, lo que ha sido interpretado como una claudicación ante el régimen.

En plata blanca ello significa que la oposición venezolana se encuentra de nuevo dividida y con ello el único que gana es Maduro, pues “enfrió la calle” (desactivó las protestas callejeras), le partió el espinazo a la oposición y debilitó a sus líderes, quienes -ya debilitados- serán objeto de todo tipo de persecución por parte del TSJ, amparado en leyes emanadas de la Asamblea Constituyente. Una jugada maestra, sin duda. ¿Qué sigue ahora en Venezuela?

Maduro no cambió, cambió Santos

La elección de Delcy Rodríguez como presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente es un premio para alguien que se ha jugado a fondo por defender el legado de Chávez. La “Tigra” Rodríguez, como canciller de Maduro desde el 2014, debió soportar la arremetida de una comunidad internacional que empezó a cuestionar los abusos del régimen chavista, después de haber sido bastante generosa con la llamada Revolución del Siglo XXI, como ocurrió con Colombia desde la llegada de Juan Manuel Santos a la Presidencia. Una vez en la Casa de Nariño en agosto de 2010, Santos decidió que tanto Chávez como Maduro fueran sus “mejores nuevos amigos”, pues Venezuela le garantizaba la permanencia de las FARC en la mesa de La Habana. Ya firmado el acuerdo de paz, Santos decidió enfrentar a Maduro y desconocer sus decisiones políticas, entre ellas la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, a la que calificó de “espuria”. Pero este Maduro es el mismo que Santos había escogido para que fuera su nuevo mejor amigo. Maduro no ha cambiado, sigue siendo el mismo déspota, inepto y arbitrario de siempre: el que cambió fue Santos, que lo utilizó para negociar con las Farc y lo descalifica después de haber negociado con ellas. El Maduro que aparece sonriente al lado de la canciller, María Ángela Holguín, en tiempos de La Habana, es el mismo al que ahora señalan de romper el orden institucional. 

Ya no hay careta: Venezuela es una dictadura

La elección fraudulenta de los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente era la cereza que le faltaba al pastel para terminar de desenmascarar al régimen chavista. La farsa de las “elecciones”, denunciada por opositores y por la firma encargada de garantizar su soporte tecnológico -Smartmatic- le permitió al chavismo recuperar el poder que había perdido ante una Asamblea Nacional opositora. Ya no tiene talanqueras Maduro para imponer su voluntad y la de sus aliados incondicionales. Con ese robo descarado perpetrado a plena luz del día perdieron la vergüenza. Ahora lo que se viene es el desmantelamiento avasallante de las pocas instituciones que revisten algo de legitimidad y ejercen un poco de control, como algunos gremios de la producción, como los ganaderos; y algunos medios de comunicación independientes. Vendrá -sin duda- el ejercicio del poder de una clase corrupta y mafiosa, que tiene como figuras sobresalientes al mismísimo Diosdado Cabello -en la mira de Estados Unidos-, a generales de las Fuerzas Armadas y a familiares de Cilia Flores y de Maduro. Todo el control del Estado quedará íntegramente en manos de ellos o de sus familiares o testaferros.

Fuerzas Armadas, el poder detrás del trono

Mientras Maduro cuente con el respaldo de la Fuerzas Armadas se mantendrá en el poder. Punto. Ese respaldo se soporta en un maridaje perverso que les permite a los primeros acceder a todo tipo de gabelas o de negocios. En otras palabras: corrupción. Se trata de una “relación burlesca” en la que cada parte sale ganando: Maduro, porque compró su lealtad y las Fuerzas Armadas, porque sus máximos jefes pueden llenar sus bolsillos con miles de millones de dólares. Es necesario que las decisiones de la comunidad internacional apunten en esa dirección: secar sus fuentes de financiación, capturando y bloqueando sus cuentas en el exterior y sancionando drástica e implacablemente a todos los miembros de las Fuerzas Armadas y del propio Gobierno vinculados a procesos penales por la violación de los Derechos Humanos o por delitos de Lesa Humanidad. Medidas en ese sentido no solo debilitaría el poder que hoy tiene ese nefando binomio, sino que podría reactivar la protesta social, golpeada por la “traición” de los líderes políticos que se inscribieron para participar en las elecciones regionales y por la muerte impune de más de 120 jóvenes opositores.

De la Constituyente no saldrá Justicia, sino venganza

A diferencia de lo que aconteció con la Asamblea Nacional, que está dominada por la oposición, la Asamblea Constituyente está compuesta en su integridad por los chavistas pura sangre, cuya cara de felicidad es inocultable. Entre los 500 constituyentes se destacan Diosdado Cabello, Cilia Flores, compañera de Maduro; Aristóbulo Iztúriz y el ex fiscal general Isaías Rodríguez, es decir la plana mayor del chavismo. En manos de ellos está la puesta en marcha del llamado Estado Comunal, así como la redacción y la implementación de todas las medidas encaminadas a arrasar con quienes se atrevan a oponerse al régimen chavista, aún las más estrambóticas, como esa de castigar hasta con 30 años de cárcel a quienes ataquen al Gobierno desde las redes sociales, en especial Twitter. Es decir, para Maduro -padre de la criatura- es mucho más grave agredir al Gobierno en las redes sociales que matar a los estudiantes que desde las calles se enfrentan a la Guardia Nacional Bolivariana o a la Policía Nacional Bolivariana, pues hasta la fecha ninguno de los asesinos de los jóvenes opositores ha sido detenido, ni mucho menos juzgado. La aplanadora chavista se hará sentir con toda su intensidad y con toda su perversidad. En sus leyes no habrá justicia, sino venganza. No se puede esperar de la Constituyente chavista ningún gesto de reconciliación, sino de odio.  “A todos los opositores les llegará su justicia”, pregona a los cuatro vientos Delcy Rodríguez.

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp
Convierta a El Heraldo en su fuente de noticias
DETECTAMOS QUE TIENES UN BLOQUEADOR DE ANUNCIOS ACTIVADO
La publicidad nos ayuda a generar un contenido de alta calidad
No quiero apoyar el contenido de calidad
X
COMO REPORTAR A WASAPEA
1. Agrega a tu celular el número de Wasapea a EL HERALDO: +57 310 438 3838
2. Envía tus reportes, denuncias y opiniones a través de textos, fotografías y videos. Recuerda grabar y fotografiar los hechos horizontalmente.
3. EL HERALDO se encargará de hacer seguimiento a la información para luego publicarla en nuestros sitio web.
4. Recuerda que puedes enviarnos un video selfie relatándonos la situación.