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Con angustia, miedo y el recuerdo aún fresco de una tragedia familiar, los padres de Junior Alberto Díaz Madrid viajaron desde Santa Marta hasta la Base Naval Militar N.° 70, en Bogotá, para conocer el estado de salud de su hijo, quien presta servicio militar desde hace seis meses como infante de marina.

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La preocupación de la familia creció luego de que el joven sufriera una caída mientras estaba de centinela, un accidente que, según sus padres, le dejó afectaciones en una de sus rodillas y un deterioro físico evidente.

Héctor Díaz, padre del joven, relató que su hijo presenta inflamación en la rodilla, dificultad para caminar, derrame de líquido sinovial y constantes molestias físicas. Sin embargo, asegura que, pese a esas condiciones, las autoridades militares consideran que el muchacho ya está apto para retomar sus labores.

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“Yo vine desde Santa Marta para ver realmente cómo está mi hijo y me dicen que, después de cuatro terapias y cinco días de incapacidad, ya puede volver a sus funciones. Pero nosotros somos sus padres y sabemos que él no está bien. Lo tienen formando, haciendo aseo y sin el descanso que necesita”, expresó con preocupación Héctor Díaz.

El dolor de esta familia no solo está marcado por la situación actual de Junior Alberto. Héctor Díaz recordó, entre lágrimas, que en enero pasado perdió a otro de sus hijos, de apenas 19 años, mientras prestaba servicio militar en el Amazonas.

“Yo ya perdí un hijo dentro del Ejército y no quiero perder otro. A mi muchacho mayor también lo amenazaron y le hicieron bullying. Nosotros denunciamos, pero después recibió una golpiza que terminó costándole la vida. El Ejército dijo que murió de malaria, pero nosotros nunca estuvimos de acuerdo con esa versión”, manifestó.

Esa experiencia ha convertido cada llamada y cada noticia sobre Junior Alberto en una pesadilla para la familia, que asegura vivir con temor constante.

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Por ello, Héctor Díaz pidió al Gobierno nacional, al Ministerio de Defensa y a la Armada Nacional autorizar el retiro voluntario de su hijo y entregarle una certificación médica sobre su verdadero estado de salud.

“Ya no nos interesa que siga prestando servicio. Lo único que queremos es que nos devuelvan a nuestro hijo sano y salvo. Nos preocupa su integridad física y emocional. Él es apenas un muchacho que entró a servirle al país y sentimos que lo están maltratando”, afirmó.

El padre agregó que, durante estos seis meses, solo ha podido ver a su hijo una vez y durante apenas una hora. Dice que en ese corto encuentro encontró a Junior Alberto “desmejorado, triste y agotado”, una imagen que hoy mantiene en vilo a toda la familia.