José Torres Hernández "Cinco de los desmovilizados del José Pablo Díaz: Jairo Rodelo, Eliécer Orozco, Ever Ruiz, Lino Torregrosa y José Cuello, junto a su abogado (camisa azul de rayas). s

La madre de Jan Echeverría Jacobo esperó casi siete años para confirmar que el asesinato de su hijo fue un error.

El jueves, en una de las salas de víctimas del primer piso del Centro Cívico, la mujer estalló en llanto cuando el video beam proyectó la foto suya.

En el segundo piso, en otro recinto, el Fiscal 12 de Justicia y Paz le preguntaba a Eliécer Ramón Orozco las circunstancias del triple crimen en el que cayó Echeverría, el 24 de abril de 2004, en un SAI del barrio Los Arrayanes de Soledad.

Orozco fue llamado Coche Bala, el comandante operativo —una especie de jefe de sicarios— del frente José Pablo Diaz que encabezó Édgar Fierro, alias Don Antonio. Fue el grupo que ordenó muertes e infiltró los entes públicos en ese Municipio hasta 2006, cuando se desmovilizó como parte del Bloque Norte.

Antes de responder, Coche Bala reconoció las fotos de Ricardo Barceló y Manuel De la Cruz Sampayo, las otras víctimas del atentado.

“Los objetivos eran Manuel y Harold De la Cruz, y El Cholo. Heberto Comas Grecco, un colaborador nuestro, aseguró que ellos estaban ahí”, recordó el desmovilizado. Y añadió: “la orden fue de Edinson Díaz, alias El Ruso. Participaron El Gato, El Parce, El Burro y El Henry”.

Comas había informado que eran piratas terrestres. Y, a pesar de que uno de los sicarios entró al SAI y no los vio, El Ruso ordenó el ataque.

“Mi hijo no era ningún delincuente. Él era un comerciante honesto”, replicó la progenitora de Echeverría, cuyo rechazo fue informado al Fiscal.

“Ni Jan ni Ricardo se encontraban en algún listado nuestro. Ellos no tenían nada que ver. Fueron muertos equivocados”, admitió el ‘expara’.

El 27 de marzo de 2003, cuatro sicarios del José Pablo Díaz llegaron a medianoche a la Urbanización Los Mangos, en Soledad, vestidos con uniformes de la Policía.

Liderados por Orozco y un sargento activo, le dijeron a los vigilantes que harían un allanamiento. Adentro, llegaron al apartamento donde dormían Lois Cantillo Beltrán, Willington Salas Rivas y Delia Beltrán, madre del primero.

“No les voy a abrir, porque tengo problemas con los paracos”, gritó Cantillo, tras levantarse y atender los toques de puerta. “La mamá y el hermano de crianza le decían que abriera, pero él se negaba.

Cuando lo vi detrás de la reja, que le vi el cuerpo entero, le disparé unos nueve tiros”, sentenció Coche Bala.

En el plan criminal, Salas también murió por los tres balazos que recibió y la mujer quedó herida con un proyectil en uno de sus hombros.

Aunque se recuperó de la lesión, Delia Beltrán falleció al año del crimen de su hijo.


Por Germán Corcho Tróchez

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