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Si los fritos del Caribe colombiano hablaran, quizá contarían la historia de su llegada a esta tierra. De los primeros cultivos de maíz y yuca, de las tradiciones aprendidas de los indígenas, la herencia africana, el legado árabe. De cómo los trillan, pilan, amasan, envuelven y terminan en el fogón de tres piedras, a fuego abierto.

Ese relato será contado, desde las propias voces de los hacedores y estudiosos de la gastronomía, en la VII Cátedra Historia de la Cocina del Caribe Colombiano que se llevará a cabo mañana, a partir de las 8:30 a.m., en el Museo del Caribe, un evento dirigido a grupos de estudios de cocina, antropología, expertos y aprendices.

'La cocina del Caribe tiene una particularidad y por eso es considerada un patrimonio para la Unesco. Son saberes que se transmiten de generación en generación. Es inmaterial por ese conocimiento que se mantiene a través de la tradición oral, pero es material también porque finalmente estamos hablando de un plato de comida. Uno que entrelaza sentidos, promueve la cohesión social y narra la historia de un territorio', expresa Johnny Meca, antropólogo e investigador, especialista en la gastronomía de la región.

Justamente ese es uno de los propósitos de la cátedra, que busca promover el rescate de la cultura culinaria Caribe, así como el fortalecimiento de las identidades de la región como especie de un homenaje a los productos tradicionales para así destacar el espacio social que se genera alrededor de su preparación y consumo.

'La gastronomía desarrolla en los humanos el gusto, que es una capacidad social. Nosotros elegimos lo que comemos, no solo comemos para alimentarnos y eso es toda una experiencia social', dice Meca.

Así entonces, el sabor de la arepa e’ huevo, la carimañola, la empanada, el buñuelito de frijol y la arepa dulce con anís tienen mucho que decir y varias ideas que desmitificar. Y todas tienen como punto de partida las prácticas rituales, los conocimientos antiguos y las técnicas, costumbres y comportamientos comunitarios.

'A las frituras hay que verlas también desde la perspectiva de calidades y cantidades. Con ellas se deben contar historias y no calorías. La masa de maíz hecha en casa es una creación de calidad y no debe compararse con la industrial porque ésta es una harina que se ha molido, que tiene un proceso completamente natural, con el toque de sal que le dan las matronas', considera Ricardo Gómez, uno de los invitados a la cátedra, que abordará los mitos nutricionales sobre las frituras, por lo que su discurso apelará a la memoria y la herencia cultural.

Del evento participarán también Maritza Vásquez, cocinera tradicional de 57 años de edad, heredera de una tradición familiar de gran reconocimiento en la ciudad; Ruby Masco Payares, cocinera de Barranca vieja (Bolívar) con 40 años como cocinera y Gala Marín, mujer portadora de memoria de la gastronomía Caribe.