Cuando se nos ha preguntado –teniendo en consideración que el boxeo ha sido una de nuestras grandes debilidades, desde muchacho– cuales han sido a nuestro juicio los 10 mejores combates en la historia del pugilismo –que es una indagación histórica que nos ha puesto contra la pared o contra las cuerdas cuantas veces se nos ha preguntado–, este columnista se ha zafado de semejante encerrona diciendo que responder a eso se necesita el propósito de escribir un libro, no una crónica boxística. Y por eso escogemos una de las 10 batallas de cuero que desde tiempos ha tenemos clasificadas, para complacer a medias la curiosidad de los amantes del Arte de Fistiana.

¿Y cuál es esa pelea? Pues, nada menos que la primera confrontación que en 1936 tuvieron Joe Louis y Max Schmeling.
Desde que el joven Joe Louis, de 21 años, irrumpió en el concierto estelar del boxeo de altura, noqueando a cuanto adversario le echaban, no se había visto un poderío físico semejante.

En la sola lista de excampeones mundiales de peso completo horizontalizados por el Bombardero de Detroit, ya no había cupo para más asombro; Primo Carnera, Max Baer, Jack Sharkey y hasta un Paulino Uzcudún, quien no había sido nunca campeón mundial, pero era un vasco con fama de innoqueable. Se acabó la ‘innoqueadera’ cuando Louis lo liquidó en menos de 4 asaltos.

Por supuesto, faltaba un ex monarca de todos los pesos y fue el que en vez de ser noqueado, fue quien noqueó a Louis para que perdiera el primer combate de su vida. Schmeling miraba desde ring side todas las peleas de Louis. Lo estudió detenidamente y vio los pocos defectos que aquella máquina humana tenía y se propuso con frialdad y determinación teutónica explotarla al máximo cuando se vieran cara a cara sobre un ring. Y cuando llegó esa hora, si en el mundo habían 100 personas que creyeran que Schmeling podía ganar eran muchas. Pero le ganó y por nocaut, para asombro del mundo y ruina de apostadores que dieron gabelas de 12 a 1.

A nadie se lo dijo, pero Schmeling captó que Louis tiraba su jab de izquierda y de inmediato bajaba el brazo. Y decidió cambiar jab por recto suyo de derecha. Louis si había sido advertido por su entrenador que la derecha del alemán era temible y había que cuidarse de ella, pero no hizo caso.

Ya en el tercer round Schmeling tenía un huevo de pava en el pómulo derecho, pero ya había tumbado a Louis y le estaba inflamando el costado izquierdo de la cara. Fue una riña de machos; a palo limpio; sin esguinces y carreritas a lo Alí o cualquier otro bailarín.

Schmeling tumbó a Louis como quiso y cuando quiso, hasta cuando quedó tendido en la lona, a lo largo de su 1.87 de estatura ¿Seguimos? Si, claro... Claro lo tendrá tu madrina, (no tu vieja querida, que no tenemos por qué soplártela) pero el espacio se acabó.

Palestra deportiva, por Chelo De Castro C.

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