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En un universo en el que la belleza es capaz de mirarse al espejo para cuestionarse a sí misma, el arte de Norella Magdaniels se instala con la cadencia que une la amabilidad con la incomodidad: ese en el que lo delicado convive con la herida, y la suavidad cromática no oculta el dolor, sino que lo revela.

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En ese territorio, sus tonos pasteles funcionan como una promesa de calma que pronto se quiebra: detrás de la armonía, la artista hace que habiten relatos de abandono, de ausencias persistentes y de dolores que no han encontrado su propia verdad para ser sanados.

Abandona los ornamentos, y se enfoca en una estética que parece responder a una necesidad emocional, como si el color, lejos de suavizar la experiencia, se convirtiera en el vehículo para sostener todo aquello que pesa.

“Estoy convencida de que todos tenemos traumas sin resolver, por eso mi arte busca arrancar las cabezas para llegar directo al corazón, como una invitación a sentir todo lo que reservamos o posponemos con la intención de obviar la verdad”, dice la artista.

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Dentro de su espectro creativo, la figura del cuerpo sin cabeza, se convierte en un gesto radical y revelador. Al prescindir de la razón, Magdaniels propone una lectura desde el corazón, un acto en el que la emoción se presenta como forma de conocimiento.

“Lo que busco con mis personajes es que estos no piensen, sino que sientan. Y en ese desprendimiento hay una verdad incómoda, pero luminosa, una invitación a atravesar la herida sin rodeos, a aceptar que a veces, solo cuando se apaga la mente es posible escuchar lo que duele de verdad; y ahí está el principio para sanar”.

Orlando Amador/El Heraldo

En el centro de todo

Con su exposición ‘Sin cabeza: un culto al corazón’, Norella reafirma la intención de su arte, invitar a mirar hacia adentro, sentir y sanar, transformando experiencias emocionales íntimas en lenguaje visual.

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En ella, cada obra parte de vivencias de heridas, duelos y aprendizajes convertidos en metáforas tangibles que dialogan con quien observa, mientras los personajes sin cabeza simbolizan la renuncia al control y al ego para dejar que las emociones ocupen el centro de la escena.

“En mi exposición se unen varias intenciones que proporcionan un resultado hermoso, y es que más allá de encontrar reflejo en el arte, también se convierte en una oportunidad para reconocer y reconocernos en un entorno colectivo, en el que todos somos uno”.

Con una estética surreal donde la dulzura convive con la crudeza, la muestra utiliza una paleta de tonos pasteles y texturas orgánicas para hacer visible lo invisible, proponiendo una experiencia de introspección y liberación que va más allá de lo estético para tocar lo emocional y colectivo.

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Orlando Amador/El Heraldo

Dentro del recorrido saltan un par de obras que logran quedarse con la atención de los asistentes, y es que más allá de la carga surrealista, se prioriza el encuentro de las almas, y el reconocimiento de que la autosuficiencia es una convicción particular, no una realidad que determine valor de verdad absoluta.

“Mientras montaba el concepto de la exposición conversé con Dios, y recuerdo decirle que quería que él estuviese en el centro, fue un momento de reconocer que durante toda mi carrera he sido sostenida por él, por eso el ‘Corazón de Dios’, aquel globo inflable que ocupa toda la atención y que está lleno de aire para darle a él, el primer lugar”.

Bienvenidos al corazón

En ese sentido la obra de Norella se presenta en clave de libertad, con un recorrido por expresiones muy claras cómo las representaciones del ego, las ataduras emocionales, la tristeza, los matices de la depresión, la incomodidad con la relación personal, pero sobre todo la dicotomía del amor, aquel que nace de lo propio, eso sin dudas marca la pauta en la vida de cualquiera.

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