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Vacunación, la recompensa del personal sanitario

EL HERALDO conversó con cuatro trabajadores del sector salud que recibieron la primera dosis de la vacuna.

Extenuantes turnos de trabajo, lejos de sus seres queridos y la constante exposición al contagio son algunos de los sacrificios que el personal médico ha hecho durante los últimos meses para engrosar la primera línea de batalla contra la covid-19. 

Por eso, el Gobierno nacional tomó la decisión de priorizar a esta población en la primera fase de la vacunación, que se puso en marcha desde el pasado miércoles.

EL HERALDO conversó con cuatro trabajadores de la salud de distintos centros asistenciales del departamento, quienes han recibido con esperanza la aplicación de la primera dosis. 

Para ellos, esta vacuna se convierte en sinónimo de esperanza en medio de la interminable guerra contra un enemigo invisible que ha apagado la vida de miles de personas en el mundo.

La ‘génesis’ de la tranquilidad para una de las vacunadas

El 6 de junio de 2020 es una fecha que Génesis Córdoba no olvida. Ese fue el día que tuvo su primer día como médica de la unidad de cuidados intensivos del Hospital Universitario Cari, justo en medio del momento más crítico de la pandemia en el departamento. 

“Esa noche fallecieron cinco personas, para una unidad de 10 pacientes. Eso fue horrible. Nunca había tenido un turno así y a pesar del esfuerzo que hicimos se perdieron cinco vidas de hijos, padres, familiares de alguien”, dice la mujer con cierto dejo de nostalgia en su voz. 

Asegura que en ese momento pensó en no regresar. Esa intención se disipó en cuestión de segundos al recordar que pocas personas se encontraban a cargo de la atención de los pacientes en dicho centro asistencial. 

“En mi casa pensaba que si no volvía no había médicos para atender a los pacientes. Al final esto es lo que uno escoge como carrera: servir”, agrega.

Para Génesis, el estar lejos de su familia por mucho tiempo también ha sido difícil: “Normalmente mantengo mucho contacto con mi mamá y nos tocó organizar todo para no tener mucho contacto. Estaba del trabajo a la casa y viceversa, porque podía ser un foco de contagio para mis seres queridos”.

Por eso sostiene que haber recibido la vacuna la llena de tranquilidad para seguir adelantando sus labores, aunque espera que el número de casos empiece a descender y, por ende, el número de fallecidos.

“Han sido miles de vacunados a nivel internacional y al recibir la vacuna tuve mucha emoción, han sido nueve meses haciéndome pruebas que por fortuna siempre salieron negativas”. 

La vacuna debe ser una realidad para todos”

El médico Rafael Orozco Marún no ha desfallecido en su labor. Desde la UCI pediátrica de la Clínica Portoazul Auna, este profesional de la salud ha combatido con ahínco al virus que ha puesto en jaque al sistema sanitario mundial. 

“El momento más difícil ha sido cuando los compañeros que trabajan contigo se han enfermado. Esto nos toca la piel a todos los que estamos comprometidos en nuestro trabajo”, dice el hombre, quien se desempeña como coordinador del área de cuidados intensivos pediátrica.

Para él, estar entre los primeros vacunados es un reconocimiento al trabajo que han venido realizando, aunque fue enfático al sostener que este plan debe cumplirse a cabalidad y beneficiar a toda la población.

“La vacuna debe ser una realidad para todos y no un privilegio para pocos. Todos los días estamos enfrentados a pacientes que están sufriendo por este virus, que ha ocasionado una mortalidad muy elevada y ha causado luto en muchas familias”, sostiene el profesional egresado de la Universidad Nacional. 

Comenta que a diario siguen falleciendo personas a causa de este virus y por eso hace extensivo un llamado a la ciudadanía en general para seguir cumpliendo con los protocolos, teniendo en cuenta que la llegada de la vacuna no es sinónimo –aún– del fin de la pandemia. 

“Es triste ver que muchas personas creen que esto es algo inventado por noticias falsas en internet, consideran que no es necesario guardar el distanciamiento, ni cuidarse ni tomar las precauciones”.

“Hemos perdido el temor aunque no se ha ido el riesgo”

Desde el inicio de la pandemia hay una imagen que no se ha borrado de la memoria del médico intensivista Luis Martinez: el momento en que tuvo que intubar al primer paciente con covid-19.

“Fue un momento complejo porque estábamos con trajes especiales y máscaras, lo que complicó un poco la maniobra. Tenía mucho temor porque era un paciente grave, muy inestable”, recuerda el hombre de 50 años, que durante el último año ha liderado la lucha contra el enemigo invisible desde la UCI del centro de atención para pacientes con covid-19 que fue habilitado en el Hospital Cari. 

El pasado jueves, a este profesional de la salud le fue aplicada la primera dosis. Para él, este hecho se convierte en una “luz de esperanza” en medio de la titánica labor que siguen desarrollando. 

“Ya no estamos tan condicionados como al principio y enfrentamos el virus sin temor, aunque no se ha ido el riesgo”, agrega el especialista, mientras espera con ansias que llegue el 10 de marzo para recibir la segunda dosis. 

El miedo que se ha desvanecido para Damaris Ariza

A Damaris Ariza Molina en más de una oportunidad se le ha “atravesado” la idea de renunciar. El miedo de infectarse y convertirse en un “foco de contagio” para sus familiares ha sido el principal motivo de impulso para pensar en esa decisión. Sin embargo, su vocación de servicio ha sido el incentivo más grande para continuar.

“Siempre he tenido contacto con pacientes positivos para covid-19. Siempre le pedí a Dios que me protegiera y por un periodo de tres meses estuve laborando en uno de los espacios con más número de personas enfermas, pero nunca me dio nada”, dice esta auxiliar de servicios generales en la Clínica Portoazul Auna, ubicada en el municipio de Puerto Colombia. 

No oculta que, debido a sus temores, tuvo que recibir apoyo de un profesional. Asegura que ese acompañamiento ha sido clave para ir venciendo, poco a poco, las inseguridades que el virus ha causado en ella. 

También asegura que en un principio no tuvo confianza en el proceso de vacunación debido a las noticias que se regaban como pólvora por las redes sociales. Pero en una conversación con uno de sus hijos,  estudiante de medicina, fue clave para poder despejar todas las dudas que tenía y decidir hacer parte del primer grupo de vacunados en dicho centro asistencial. 

“Siempre he pensado en mi familia, que debo protegerlos. Muchas personas no creen que el virus existe, pero yo he sido testigo de lo grave que puede ser. Vi a muchas personas angustiadas a causa de esa enfermedad”. 

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