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Es oficial. Colombia enfrenta uno de los principales efectos del cambio climático: la variabilidad del clima. Este año, el país se ha enfrentado a condiciones meteorológicas cada vez más impredecibles y, sobre todo, extremas. Así lo confirmaron las autoridades ambientales durante una rueda de prensa realizada este viernes, en la que, además, anunciaron que el fenómeno de El Niño empezaría antes de lo previsto.

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El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) anunciaron que las probabilidades de instauración de condiciones tipo ‘El Niño’ para el trimestre mayo-junio-julio aumentaron del 62 % al 82 %, y podrían alcanzar un 96 % hacia finales del año, con una intensidad prevista entre fuerte y muy fuerte.

Desde Ideam también se indicó que en la región Caribe se han presentado “calentamientos acelerados y condiciones asociadas a olas de calor, caracterizadas por aumentos sostenidos de la temperatura máxima por encima del promedio histórico”.

Entre los casos más representativos se encuentran la ciudad de Valledupar, que alcanzó 38.4 °C con una anomalía de +4.2 °C frente a su promedio histórico; Santa Marta, con 37.2 °C (+4.0 °C); y San Andrés Islas, que alcanzó 33.7 °C y superó su récord histórico de temperatura máxima.

Además, se explicó que el océano Pacífico tropical continúa bajo una condición ENOS-neutral; sin embargo, se evidencian señales oceánicas y atmosféricas asociadas a una transición hacia El Niño, entre ellas el aumento de la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4, el incremento del contenido de calor subsuperficial y el debilitamiento de los vientos alisios.

“Esta situación compleja evidencia que estamos ante un escenario de variabilidad climática, donde la intensidad de los fenómenos y la severidad de sus impactos son mayores”, aseguró la ministra (e) de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Irene Vélez Torres.

Por su parte, Ghisliane Echeverry Prieto, directora general del Ideam, afirmó: “El Ideam advirtió que desde marzo de 2026 se registra una disminución sostenida de las precipitaciones frente a los promedios climatológicos en varias regiones del país, situación que podría intensificarse durante los próximos meses”.

Por su parte, desde la Ungrd se hizo un llamado a los mandatarios para que adopten las medidas preventivas necesarias frente a este fenómeno que viene con intensidad.

“El llamado es a adoptar medidas desde ahora, activar los planes de contingencia y estar preparados ante sequías, posible desabastecimiento hídrico y presión sobre el sistema energético, particularmente hacia finales del año. Es indispensable ahorrar agua y energía e identificar las zonas con mayor riesgo de incendios forestales”, agregó Carlos Carrillo, director de la Ungrd.

Son proyecciones globales

De acuerdo con el meteorólogo Max Henríquez, ya está comprobado internacionalmente que para el segundo semestre se espera un fenómeno de El Niño con temperaturas por encima de lo normal en la superficie del océano Pacífico tropical ecuatorial.

Fue enfático en que aún se desconoce si se va a presentar un superniño. Al tiempo, indicó que los modelos dinámicos demuestran que este fenómeno va a ser intenso, es decir, con anomalías superiores a los 2 grados Celsius; mientras que los modelos estadísticos evidencian un fenómeno de El Niño moderado, o sea, con temperaturas entre 1 y 2 grados.

El historial del ‘Superniño’

Históricamente, narró el experto colombiano, ha transcurrido este fenómeno dos veces: el más reciente fue en 1982, cuando las anomalías de temperatura estuvieron en 2,5 grados por encima de lo normal.

Y en el siglo XIX, hubo un fenómeno de El Niño que pudo haber estado con unas anomalías de 2,7 grados por encima de lo normal. Es decir, más fuerte que el del siglo XX.

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El más reciente causó impactos severos en varias regiones del país. En principio, amplias sequías en la zona andina; también se reportaron marejadas en Tumaco y sur de la costa pacífica colombiana, en donde destruyó cerca de 150 o 200 casas, e incendios forestales en la sabana de Bogotá y otras partes.

Por otra parte, detalló que en el caso del siglo XIX se presentaron muchas muertes, ya que las personas dependían de la agricultura.

“La gente sencillamente comía lo que producía en su finca, en su casa, en sus cultivos. Y cuando venía una sequía intensa, la mortandad era alta, porque la gente no tenía cómo encontrar alimentos. Así que sí es posible que haya sido así de fuerte, como dicen las noticias”, expuso Henríquez a esta casa editorial.

Asocapitales: ‘Lo que ordenan es un desafío estructural’

Desde la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales se activó un plan de respuesta con acciones de articulación técnica e institucional. La Ungrd envió una circular en la que solicitó que gobernaciones y alcaldías adoptaran medidas frente a la contingencia, las cuales contemplan fortalecer sistemas de monitoreo y alerta, identificar zonas e infraestructura en riesgo, actualizar planes de contingencia, promover campañas de ahorro de agua y energía, adelantar mantenimiento de acueductos y reforzar la capacidad de respuesta ante incendios.

Sin embargo, Asocapitales fue enfática en que “la brecha entre lo que la Nación ordena y lo que los territorios pueden ejecutar sigue siendo un desafío estructural que exige atención urgente”.

Mencionaron que es necesario el respaldo técnico, financiero y logístico del Gobierno nacional para enfrentar un fenómeno de esta magnitud.

Asimismo, recalcaron que las ciudades capitales son altamente vulnerables a los fenómenos de variabilidad climática porque los impactos se amplifican. Estos territorios se caracterizan por tener una mayor densidad poblacional, mayor demanda de agua y energía, y mayor exposición de infraestructura crítica.

“Las ciudades capitales no pueden esperar a que el fenómeno esté declarado para activar sus protocolos. La ventana de preparación es hoy, y cada semana que pasa sin acción concreta es una semana de vulnerabilidad acumulada. Asocapitales ha reiterado a sus ciudades miembro la urgencia de revisar sus planes de contingencia, fortalecer sus sistemas de alerta temprana y coordinar con las autoridades nacionales las medidas de prevención que se requieren”, indicó Andrés Santamaría, director ejecutivo de Asocapitales.

Advirtieron que el estrés hídrico y el riesgo de desabastecimiento son los impactos más severos que sufrirían las capitales, teniendo en cuenta que ciudades como Barranquilla, Cúcuta, Santa Marta, Valledupar y Riohacha ya operan bajo presión hídrica estructural.

Por otro lado, las ciudades de Bogotá, Manizales, Ibagué, Pasto y Cali tienen vectores de riesgo como los incendios de la cobertura vegetal en sus zonas de interfaz urbano-rural.