Lo que durante años fue percibido como un espacio deteriorado hoy empieza a resignificarse en Barrio Abajo. Calles intervenidas, fachadas recuperadas y murales cargados de simbolismo dan forma al proyecto Museo a Cielo Abierto en Barrio Abajo, una iniciativa que articula comunidad, Administración distrital y sector privado para recuperar el espacio público y contar, desde las paredes, la historia del barrio.
El proceso no surgió de manera espontánea. Según explicó el líder comunitario Johan Parra, la idea comenzó a gestarse hace varios años cuando un grupo de jóvenes decidió no dar por perdido el territorio. “Veíamos cosas negativas, pero entendimos que si las mirábamos desde otro punto podíamos transformarlas. Siempre pensamos esto como un museo vivo, no solo murales, sino gente, cultura y movimiento”, afirmó.

La iniciativa tomó fuerza cuando el proyecto comunitario encontró respaldo institucional y se sumaron empresas privadas, conformando lo que Parra define como un trinomio clave para la transformación del sector. A partir de ahí se inició un trabajo organizado que incluyó recuperación de vías, ordenamiento del espacio público y posterior intervención artística.
Cuentan la historia del barrio
El corazón del proyecto está en los murales, concebidos no como piezas aisladas, sino como un relato colectivo. A través de mesas de trabajo con la comunidad se identificaron los principales “dolores” del sector y, posteriormente, las vocaciones que debían quedar plasmadas en las paredes.
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En total se definieron once vocaciones que narran la identidad de Barrio Abajo. Entre ellas se encuentran el carnaval, la gastronomía tradicional, el béisbol, los oficios populares, la arquitectura patrimonial, la música, la oralidad y la herencia afrodescendiente. Cada mural responde a uno de estos ejes y busca reflejar una historia viva, en constante construcción.
Una de las particularidades del museo a cielo abierto es que cada obra cuenta con una placa informativa instalada en el lugar. En ella se indica el nombre del mural, el artista y un código QR que permite a los visitantes acceder a la historia de la obra y a información sobre quién la realizó. El mensaje es claro: se trata de una obra de arte que debe cuidarse, respetarse y protegerse.

Voces desde la comunidad
Para quienes han participado directamente en la intervención, el impacto va más allá de lo estético. Loraine De la Hoz, quien colaboró en uno de los murales, aseguró que el proyecto representa un motivo de orgullo para el barrio. “Recuperamos una zona que estaba olvidada y hoy estamos mostrando nuestra cultura a todos los que vienen. En el mural en el que participé resaltamos la gastronomía del barrio, a personas que trabajan todos los días y que hacen parte de nuestra identidad”, explicó. De la Hoz destacó que el arte permitió visibilizar oficios tradicionales que muchas veces pasan desapercibidos, pero que sostienen la vida cotidiana del sector. Para ella, el mural no solo embellece el espacio, sino que dignifica el trabajo de quienes habitan el barrio.

Desde la organización del proyecto, la coordinadora general, Brandy Almarales, señaló que el museo a cielo abierto se concibe como un espacio vivo, no como un recorrido estático. “Este es un sector que está en proceso de recuperación y buscamos que tenga una nueva vocación. Queremos que la gente camine, descubra, entienda que Barrio Abajo es mucho más que carnaval y que aquí hay historia, patrimonio y comunidad”, indicó.
Almarales explicó que el proyecto se desarrolla por fases y que actualmente se encuentra en su tercera etapa, cuya finalización está prevista para mediados de febrero. El objetivo es que el corredor esté listo antes del inicio del Carnaval de Barranquilla, con el fin de recibir visitantes locales y extranjeros.

Recuperación y apropiación
El proceso artístico estuvo acompañado de intervenciones urbanas previas. Primero se trabajó en la recuperación de vías y del espacio público, lo que permitió mejorar la percepción del sector y generar condiciones para el desarrollo del proyecto cultural. Posteriormente, empresarios del área se vincularon con la recuperación de fachadas y el embellecimiento del entorno.
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Uno de los puntos emblemáticos del recorrido es la antigua bodega Mancini, un inmueble de valor patrimonial que conserva elementos de la arquitectura tradicional de Barranquilla. Su recuperación y la intervención mural en su entorno funcionan como un ancla simbólica del proyecto y refuerzan la conexión entre arte, patrimonio y memoria urbana.
La apuesta ahora es que el museo a cielo abierto impulse dinámicas económicas y culturales lideradas por la misma comunidad. Ferias gastronómicas, emprendimientos locales, ensayos de grupos tradicionales y encuentros culturales hacen parte de la visión a mediano plazo.
Para Johan Parra, el mayor logro del proceso es haber devuelto el uso del espacio a la gente. “La idea siempre fue que la comunidad se apropiara, que volviera a caminar estas calles y que el barrio se viera como un lugar digno, con historia y futuro”, afirmó.
El Museo a Cielo Abierto Barrio Abajo continúa en construcción, pero ya empieza a consolidarse como un referente de cómo la participación comunitaria, el arte y la recuperación urbana pueden converger para transformar un territorio. En cada muro intervenido queda la huella de un barrio que decidió contarse a sí mismo y mostrarse, otra vez, como uno de los corazones culturales de Barranquilla.
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En medio de este proceso, el Museo a Cielo Abierto Barrio Abajo se consolida como una apuesta por la memoria urbana y la identidad cultural, donde el arte se convierte en una herramienta de diálogo entre pasado y presente. Cada mural, más que embellecer el entorno, invita a detenerse y leer la historia de un barrio que ha sido clave en la construcción cultural de Barranquilla.
La iniciativa también plantea una nueva forma de relacionarse con el espacio público, en la que la apropiación comunitaria y el respeto por el entorno son fundamentales para su sostenibilidad. La presencia de visitantes, el tránsito peatonal y el interés ciudadano comienzan a darle una dinámica distinta a un sector que, durante años, fue recorrido sin ser mirado.
Mientras avanzan las fases finales del proyecto, Barrio Abajo sigue escribiendo su historia en las paredes. Un relato colectivo que no solo rescata la memoria del barrio, sino que reafirma su lugar como un territorio donde la cultura, la tradición y la comunidad siguen marcando el pulso de Barranquilla.
Muros que cuentan historias
Las calles de Barrio Abajo empiezan a leerse como un relato visual. En distintos puntos del sector, las fachadas intervenidas dialogan con el pasado del barrio y ponen en escena símbolos y referentes de su vida cultural. El proyecto avanza de forma progresiva y se apoya en el trabajo colectivo entre artistas y vecinos, quienes han convertido el arte urbano.



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