Coincidiendo con el primer aniversario de su muerte, el Ateneo de Madrid ha acogido este lunes un homenaje a Mario Vargas Llosa presidido por su hijo, Álvaro Vargas Llosa, quien lo ha definido como un hombre complejo al que “la vida se le quedaba chica” y que con su muerte ha conseguido convertirse en “un personaje de ficción”.
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“Él, que se pasó la vida inventando otras vidas, es ahora un hijo de nuestra imaginación. Cada vez que lo leemos o pensamos en él, creamos un Vargas Llosa de ficción”, ha asegurado unas horas después de recibir de manos de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la Medalla Internacional de las Artes a título póstumo.
Álvaro Vargas Llosa ha querido ver en la muerte de su padre “una liberación” para él. “Quería tener todas las experiencias humanas posibles y más, era un personaje que quería ser un personaje”, un ansia que le hizo “poner patas arriba su propia familia”, aunque “cuando se equivocó, supo reconocerlo, arrepentirse y pedir perdón”.
El corazón del acto, concebido en un formato “íntimo y coral”, ha consistido en un recorrido por la trayectoria vital y literaria del nobel peruano a partir de una selección de textos autobiográficos, leídos en voz alta por los participantes.
Antes, escritores como Sergio Ramírez, Juan Gabriel Vásquez, Alejandro Roemmers, Carlos Granés o Mercedes Monmany, y actores como José Sacristán y Magüi Mira han compartido sus recuerdos personales sobre el autor de ‘Conversación en la catedral’ o ‘La ciudad y los perros’.

Ramírez coincidió con él cuando fue enviado a Nicaragua por el ‘New York Times’ para escribir sobre la revolución sandinista; Monmany y Vásquez lo evocaron como “el creador total”, eternamente apasionado y consagrado por completo al oficio; y Magüi Mira, que le pidió hace años los derechos de ‘Kathie y el hipopótamo’, levantó carcajadas al definirlo como “el macho alfa total”.
Maribel Luque, su agente literaria, dijo que cuando lo conoció, tuvo la impresión de “estar ante Tolstoi” y destacó su “amabilidad exquisita”. David Gallagher, amigo cercano, habló de cómo era viajar con él: “Pasamos por todos los sitios imaginables donde había estado Flaubert”.
Gina Montaner destacó sus ganas de ayudar siempre, a pesar de ser un hombre tan ocupado, en causas como la del exilio cubano. Y José Sacristán, desde un rodaje, envió un mensaje grabado en vídeo para recordar otro rodaje, el de ‘Pantaleón y las visitadoras’, que protagonizó en 1975.
En cuanto a su obra, Álvaro Vargas Llosa destacó dos temas: la utopía y el poder. Sobre la primera, dijo que para él su búsqueda debía estar confinada a la literatura porque en el mundo de la política “conduce al horror”.
Y en cuanto al poder, señaló que denunció sus abusos en el ámbito público y privado, en su vida y en su obra. “Fue un adelantado a su tiempo, intuía tendencias que venían y pagó un precio por ello”.
Gerardo Bongiovanni, director general de la Fundación Internacional para la Libertad, fundada por el escritor peruano en 2002, lo recordó como “el gran defensor de las libertades, un hombre comprometido” y señaló que cultura y libertad son “dos caras de la misma moneda”.
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Y Raúl Tola, director de la Cátedra Vargas Llosa, dijo que este acto era lo que el Nobel habría querido, un acto “para celebrar la vida, el arte y el poder de la literatura”.
La lectura dramatizada de textos arrancó en sus primeros años, los del descubrimiento del miedo y el sufrimiento a causa de su relación con su padre, y siguió con el descubrimiento de su vocación, el viaje a Europa y su consolidación como escritor universal, autor de obras fundamentales del siglo XX y XXI.





















