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El sonido más alegre del Caribe está llorando. Lo hace porque el hombre que más contribuyó a esa felicidad, Pedro Agustín Beltrán Castro o simplemente ‘Ramayá’ ha partido.

La nota picaresca de su caña de millo, esa que desde hace más de cincuenta años ha sonado para darle sentido a la vida, es hoy interpretada por una corte de aprendices que le agradecen a su maestro de la misma manera que les enseñó: con música.

A la salida de la capilla, mientras el llanto y la alegría se abrazaban porque su sonido era capaz de poner feliz a la tristeza, La rebuscona iba apareciendo mientras los tambores y la cadencia de las maracas acompañaban.

96 años tenía Ramayá. Murió el sábado. Su último cumpleaños fue el domingo de Carnaval ¡qué sabia y misteriosa es la vida! Hoy, en Jardines de la Eternidad su cuerpo ha sido enterrado para luego elevarse y desde el cielo seguir interpretando su son.

Orlando Amador

“Es un día triste, pero a la vez estamos muy agradecidos porque fueron 96 años que Dios nos lo regaló en esta tierra, y la pérdida del maestro hoy deja un vacío grande en nuestro folclore”, dice Jorge Jimeno, uno de sus pupilos.

Pero, añade, “creo que ese vacío lo complementamos con toda esa música y con todas las enseñanzas que él nos dejó a través de todo ese bonito arte”.

La Vía 40 en la Circunvalar

No es lunes de Carnaval pero si alguien quiere llamarlo así, puede hacerlo. Con solo alzar la vista desde la entrada del cementerio los sombreros vueltiaos, las polleras, las mochilas y el blanco pulcro del cumbiambero es lo primero que se ve.

Todos lloran. Todos ríen. Todo al mismo tiempo. Eso provoca Ramayá.

Por eso en su camino al último adiós estuvo acompañado por los Momo del Carnaval, título que obtuvo en 2002.

“El maestro es un ícono de la música nuestra, del folclore en general, de la cumbia en especial. Fue un maestro que su legado va a ser perenne, porque él siempre, digamos, lo que hizo, se pensó como si hubiera pensado el futuro, por esas melodías tan hermosas y el sinnúmero de alumnos que estuvieron ahí con él y los que aprendieron escuchando su música. Así que el maestro siempre vivirá con nosotros por toda ese legado que nos ha dejado”, recuerda Lisandro Polo en medio del dolor y portando su banda de Momo 2016.

Orlando Amador

“El dolor que nos embarga, estamos acompañando a nuestro rey momo, porque el maestro Pedro, en el 2002, fue rey momo del carnaval. No solamente fue el rey de la flauta de millo, el rey de la tradición, sino que también fue rey momo. Y hoy los reyes momos también queremos sumarnos a ese último adiós, al gran maestro”.

Un padre noble

Pedro ‘Ramayá’ Beltrán no solo era un genio de la música. También se ganó el corazón del mundo con su forma de ser, especialmente de sus hijos, quienes lo han recordado como un hombre “noble”.

Así lo mencionó Pedro Beltrán hijo en conversación con EL HERALDO, mencionando sentirse “orgulloso de su padre”.

“Mi padre, un excelente hombre, excelente esposo, un excelente padre con todos nosotros y sus hijos. Cada uno aprendemos, mi padre, simplemente cosas bellas, cosas positivas. Estamos orgullosos, orgullosos de haber tenido un padre tan hermoso, tan noble como fue él con nosotros, con sus hijos”.

Sobre esa característica jocosa de la personalidad de su padre recuerda que “muy jocoso con nosotros, sus hijos, con sus amigos. En las presentaciones siempre te dan alguna frase para, que soltaba para que todos todos pudiéramos, pues, sonreír, ¿no? Siempre estuvo la mamadera gallo de él, esa jocosidad que luego en sus canciones también, pues, lo impregnaba, ¿no? A sus obras”.

Orlando Amador

Asimismo, sobre el artista menciona que fue un enviado de Dios para enaltecer nuestras músicas tradicionales.

“Mi papá ha puesto las músicas tradicionales del caribe colombiano en un estatus que hacía mucho tiempo, pues, no no tenía. Nos dejó una obra, diría yo, invaluable, ¿no? un legado magistral y nosotros, sus hijos, su salud, nos, influenciamos por la música de mi padre, pues, tenemos un legado, diría, importante por resaltar y conservar, pues, a través del tiempo”.