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Durante gran parte del siglo pasado, la identidad de las mesas colombianas estuvo definida por la loza pintada a mano proveniente del Oriente antioqueño. Se estima que, hacia la década de los ochenta, cerca de la mitad de los hogares en el país servían sus alimentos en platos decorados con las icónicas flores y hojas de El Carmen de Viboral.

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Esta presencia masiva no era solo una cuestión de mercado, sino un símbolo de la cotidianidad nacional que, a pesar de los embates de la competencia extranjera y la industrialización, ha logrado sobrevivir como un baluarte del patrimonio inmaterial de Colombia.

El corazón de este relato histórico ha sido recuperado recientemente gracias a la labor del fotógrafo Óscar Botero, quien a través de su obra La cerámica de El Carmen de Viboral: Retrato de una locería en 1980, ofrece una mirada íntima a la época dorada de este oficio.

Óscar Botero Giraldo

Su archivo, compuesto por más de mil negativos capturados entre 1979 y 1980, funciona como una cápsula del tiempo que documenta el día a día de las fábricas. Botero define este esfuerzo bajo el concepto de “archivos trascendentes de fotógrafos intrascendentes”, una premisa que resalta cómo los registros documentales sencillos, realizados sin pretensiones de fama, terminan convirtiéndose en testimonios vitales para la memoria colectiva de un pueblo.

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La tradición que Botero retrata, hunde sus raíces en 1898 cuando Eliseo Pareja Ospina instaló el primer horno de colmena en el municipio, dando inicio a una industria que alcanzaría su máximo esplendor en los años cincuenta.

Óscar Botero Giraldo

En aquel entonces, el municipio contaba con 17 fábricas y daba empleo a unos 2.000 trabajadores. Fue en este periodo de auge cuando surgieron las decoraciones florales que hoy son marca registrada de la región, una innovación artística de Rafael Betancur que diferenció para siempre a la loza carmelitana de cualquier otra producción de cerámica en el continente.

Sin embargo, la historia de esta industria no ha estado exenta de crisis. La llegada de productos importados desde Asia en los años sesenta obligó a las grandes locerías a transformarse o desaparecer, provocando un cambio de rumbo hacia talleres artesanales más pequeños y especializados. El trabajo de Botero captura precisamente ese momento de transición, mostrando los rostros y las manos de los obreros que mantuvieron viva la técnica a pesar de la incertidumbre económica.

Óscar Botero Giraldo

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Este rescate histórico no se ha limitado al papel; el proyecto ha contado con el respaldo del Museo Viztaz, el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia y la Alcaldía de El Carmen.

La iniciativa incluyó la digitalización de gran parte del archivo fotográfico y una serie de entrevistas con antiguos trabajadores, permitiendo que el relato oral de la comunidad se entrelace con las imágenes.

Óscar Botero Giraldo