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Angélica Padilla, Mario Alberto Hernández y Andrelena Solano.
Cortesía
Región Caribe

Hablan los valientes que enfrentan al COVID-19

EL HERALDO reunió historias de médicos del Caribe que están en la primera línea de atención a los pacientes de coronavirus. Reconocen que sienten temor, pero dicen que su vocación de ayudar a los demás es primero.

No es tarea fácil para la médico internista Angélica Padilla Higgins atender casos sospechosos en una clínica privada de Barranquilla. Su condición de sobreviviente de cáncer, y ahora de coordinadora del área que atiende a pacientes sospechosos de la letal pandemia en ese centro asistencial, la convierten en un blanco de alto grado de vulnerabilidad de contagio.

Casada con el radiólogo Camilo Ruiz Laverde, esta internista egresada de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud de Bogotá es consciente de que la situación del gremio es de mucha tensión y de miedo por tratarse de una pandemia nueva.

“Todos tenemos cierto temor con respecto al coronavirus porque la información científica es poca. Lo que estamos haciendo para atender a pacientes es tomada de la experiencia de otros países donde el pico más alto ya ha pasado, como China, Italia y España”, asegura.

Confiesa que la pandemia le produce temor. “Tengo miedo de enfermarme, de contagiar a mi familia, de que si me enfermo sea grave, pero mi vocación de médico me obliga a hacerlo, a vestirme de valor y hacer lo que tenga que hacer”.

Esta madre de dos niñas de 5 y 7 años, que la semana pasada atendió a siete sospechosos de coronavirus, dice que apenas llega a su casa cumple con las normas higiénico-sanitarias que recomiendan en plena pandemia.

“Las niñas lo toman como un juego porque cuando llego del trabajo suben a esconderse al segundo piso, me esperan hasta que yo esté bañada y desinfectada. Y ahí sí saben que nos podemos acercar, guardando la distancia”.

Sobre la relación en familia, cuenta que en el hogar trata de hablar de su profesión con su esposo solo lo necesario. “Si hay información científica nueva sobre el COVID-19 o cómo nos fue, pero luego vienen el juego y las tareas con nuestras hijas”, asegura.

Cuenta que junto a su pareja le ha explicado a las niñas el largo tiempo que deberán permanecer aislados para evitar enfermarse.

“Ya saben que no pueden ver a sus abuelos, ni a sus tíos o amigos, pero menos mal está la tecnología que de cierta forma nos acerca”.

Sabe que ser sobreviviente de cáncer podría traerle riesgos a su salud. “Mi oncólogo no está de acuerdo con que vaya a la clínica. Me dice que mejor trabaje desde la casa, pero esto es lo que sé hacer, servir a los demás. Es mi vocación”, asegura.

Angélica es creyente en Dios. Por eso, en medio de los riesgos que significan estar en la “línea de fuego” en medio de la pandemia, ora todos los días cuando sale a trabajar en jornadas que a veces se extienden por diez horas.

“Oro por mí, por mi familia, por todos, para que esta emergencia pase rápido”, dice.

Esta  internista fue una de las que aplaudió anoche la decisión del presidente Duque de extender la cuarentena nacional hasta el 26 de abril próximo.

En Colombia –añade– hay casos subregistrados por el atraso en los reportes de al menos diez días. Eso nos produce una falsa sensación de que tenemos pocos casos y que pensemos que la curva del virus se está aplanando. El aislamiento obligatorio debía extenderse. De lo contrario alcanzaríamos el pico en la última semana de abril con muchos más casos de los que se podrían prevenir.

Esta semana, Angélica trabaja desde su casa, pero la próxima, tendrá que volver a la clínica con el “vestido de valor” para atender a sus pacientes. “Mi vocación es servir aunque esté en la línea de fuego”, repite.

Angélica Padilla y su esposo Camilo Ruiz Laverde.
“Siento temor cuando tomo las muestras”

Temor y algo de angustia es lo que siente el médico guajiro Mario Alberto Hernández Pérez cuando toma una muestra a un paciente sospechoso de COVID-19.

Hernández, quien labora en la IPS Libertadores de Comfaguajira, afirma que en los últimos días le ha tocado en dos oportunidades ir hasta los hogares de personas que podrían tener la enfermedad.

“Vamos con la bacterióloga, hacemos la historia clínica y definimos si cumple o no lo criterios para tomar la muestra. Uno de ellos fue descartado, pero una señora de 45 años tenía la sintomatología, aunque no cumplía con el criterio epidemiológico, es decir no había tenido contacto con casos confirmados o había estado en algún lugar donde había casos positivos”, explicó.

Con sus colegas habla muchas veces de la situación, del temor que sienten, la tensión que viven sus familias.

“Lo que sentimos es normal, estamos llenos de temor, la situación es preocupante, muchas veces se siente ansiedad y angustia, sobre todo a quienes nos toca directamente tomar las muestras y enfrentarnos con los pacientes”, indicó Hernández.

Dice que la indumentaria  y los elementos que usan son incómodos y les producen mucho calor. “No se puede uno tocar nada y también da temor tocar algo porque puedes contaminarte”, indicó.

Sin embargo, agrega que se siguen todos los protocolos de atención y también al llegar a su casa. “Prácticamente nos toca quitarnos toda la ropa, los zapatos, echarnos alcohol, bañarnos y después sí podemos acercarnos a nuestras familias”, explicó.

El doctor Hernández ora todos los días para que la emergencia pase pronto, y sobretodo que en La Guajira no se confirmen más casos, ya que hasta ahora solo se ha registrado uno.

Mario Alberto Hernández, médico guajiro.
La joven médico que atendió a paciente recuperada

Haber formado parte del grupo de científicos de la Clínica de La Mujer de Santa Marta que recuperó la salud de una paciente infectada con el coronavirus, ha sido para la médico samaria Andrelena Solano Gámez, una de las satisfacciones más grandes en su corto ejercicio de su profesión.

Hace  7 meses, esta joven de 24 años, recibió su título como médico general de la Universidad del Norte de Barranquilla y aunque sabía que su misión era salvar vidas y ayudar a la humanidad, no pensó que le tocara así, tan pronto.

“Esta pandemia ha sido un reto, un desafío y una experiencia que quizás no pensé vivirla tan de cerca”, anotó.

"COVID-19 cambió todo”.

Considera que no ha sido fácil, porque la dinámica del servicio varió de un momento a otro, pues el COVID-19  llegó para cambiar muchas cosas. “Esto nos debe enseñar a que no debemos tomar las medidas cuando tenemos al monstruo encima”, precisó.

Sostiene que ha sido duro y hasta un poco complejo afrontar la pandemia porque además del autocuidado (lavarse las manos, no pasárselas por la cara, distanciamiento social y otros), “los trajes que tenemos son fastidiosos”.

Sin embargo afirma que pese a ello, “la medicina es la única profesión universal que en todas partes sigue los mismos métodos, actúa con los mismos objetivos y busca los mismos fines”.

La doctora ‘Andre’, como con cariño le llama, confiesa que esta tarea, que de un tiempo hacia acá está cumpliendo,  le ha generado insomnio. “A veces me cuesta dormir y conciliar el sueño”, anotó.

Pese a ello, diariamente se levanta con más ganas de ir a la clínica, convencida que de la mano de Dios sus pacientes mejorarán su salud. Por eso no cesa de repetir que “estudié esta carrera por amor y convicción porque  sé que tengo que ayudar al prójimo”.

Es de las que considera que para ser un gran médico hay que entender de almas, para entonces poder entender los cuerpos.

Llegar a su casa tras una jornada laboral implica otro proceso al cual ya se acostumbró el ingeniero industrial Andrés Arias, su pareja y quien es la persona le da la fuerza para que no desmaye en esta emergencia.

Perdió el sueño 

La doctora ‘Andre’, como con cariño le llaman algunos, confiesa que esta tarea que de un tiempo hacia acá está cumpliendo,  le ha generado insomnio.

“A veces me cuesta dormir y conciliar el sueño”, anotó.

Pese a ello, diariamente se levanta con más ganas de ir a la clínica, convencida que de la mano de Dios sus pacientes mejorarán su salud. Por eso no cesa de repetir que “estudié esta carrera por amor y convicción porque sé que tengo que ayudar al prójimo”.

Es de las que considera que para ser un gran médico “hay que entender de almas, para entonces poder entender los cuerpos”.

Andrelena sostiene que esta experiencia de la pandemia le ha hecho sentir el valor que tiene la vida y el que tiene su profesión, de la que dice no solo es solo aplicarla como la ciencia y con la tecnología, sino con la palabra, porque “ésta también sana”.

Andrelena Solano junto a su mamá Lucy Elena Gámez.
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