El mapa político del Caribe volvió a dibujarse el pasado 8 de marzo con nombres que, más que nuevos, revelan continuidades, herencias y reacomodos de poder. Desde las sabanas de Córdoba hasta la Sierra Nevada de Santa Marta, el Senado que llega para el periodo 2026-2030 tiene acento costeño con 33* nombres, más del 30% del salón elíptico, pero también historia.
Desde el Magdalena, la historia reciente volvió a tener continuidad. La llegada de Carmen Patricia Caicedo, conocida como ‘La Paca’, al Senado por el Pacto Histórico no es un hecho aislado. Su elección, desde la tercera casilla de una lista cerrada, reafirma la vigencia del proyecto político que ha liderado su hermano, Carlos Caicedo.
Junto a ella, el Magdalena también ratificó liderazgos tradicionales. Honorio Henríquez, del Centro Democrático, repite en el Senado con el respaldo de una familia con historia política en la región, mientras que Carlos Mario Farelo, de Cambio Radical, da el salto desde la Cámara de Representantes.
Pero es en Córdoba donde la política adquiere su rostro más complejo. Allí, el nuevo Senado parece un espejo de las tensiones entre poder, continuidad y cuestionamientos. El Partido de la U mantiene su fortaleza con figuras como Antonio Correa, quien alcanza su tercer periodo en el Congreso, y Ana Paola García, quien llega al Senado tras haber sido representante.
La historia de Jhon Besaile sintetiza bien la resiliencia de los clanes políticos. Su ascenso se dio en medio de la caída de su hermano, el exsenador Musa Besaile, y hoy se consolida como una de las cabezas de la casa política Besaile–Bechara, que mantiene influencia incluso en la Gobernación de Córdoba.
En el conservatismo, el regreso de David Barguil —tras su intento fallido de llegar a la Presidencia— muestra cómo los liderazgos regionales pueden reconfigurarse. A su lado, Marcos Daniel Pineda logra la reelección pese a los procesos judiciales que lo rodean, mientras que Wadith Manzur, el más votado de su partido a nivel nacional, protagoniza uno de los episodios más llamativos: su elección fue seguida, horas después, por su captura en medio del escándalo de la UNGRD.
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En Sucre, el poder también se mueve entre herencias y nuevas apuestas. Héctor Olimpo Espinosa llega al Senado como jefe de una estructura política consolidada, heredada de su padre y fortalecida desde la Gobernación. En el Cesar, la continuidad también marca el ritmo. Didier Lobo, de Cambio Radical, logra su tercera reelección, consolidando una carrera que comenzó en el nivel municipal. Mientras tanto, Claudia Zuleta, del Centro Democrático, combina el peso de su apellido —hija del cantante Poncho Zuleta— con su experiencia en cargos públicos.
Por su parte, Bolívar volvió a mostrar músculo electoral. Las grandes protagonistas de la jornada fueron Nadia Blel, del Partido Conservador, quien se ratificó como una de las senadoras más fuertes del país al alcanzar 178.907 votos, y Lidio García, del Partido Liberal, que también revalidó su liderazgo con 175.388 sufragios.
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Finalmente, en La Guajira, en una esquina se encuentra Alfredo Deluque Zuleta, del Partido de la U. Representante de los clanes políticos que han dominado históricamente los departamentos de La Guajira y Cesar. En contraste, la senadora Martha Peralta Epieyu ha logrado reafirmar su liderazgo al repetir curul a través de la circunscripción indígena por el partido MAIS. Peralta, una aliada incondicional de la Casa de Nariño.
Lo que viene
La región Caribe volvió a demostrar su peso electoral en las elecciones legislativas. Sin embargo, detrás de las cifras persiste una paradoja: la falta de una agenda común que traduzca ese poder político en desarrollo para el territorio.
Así lo plantea el analista y profesor Luis Trejos, quien en entrevista aseguró que, más que una bancada articulada, lo que existe es una suma de intereses individuales y estructuras políticas que no actúan de manera coordinada.
“No se puede hablar de una bancada Caribe”, afirma. “No hay una acción conjunta ni una agenda que tenga impacto significativo en la región”.
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El Caribe ha logrado mantener —e incluso aumentar— su representación en el Congreso, pero esto no se ha reflejado en mejoras estructurales. Para Trejos, el problema no es la cantidad de senadores, sino la calidad de la representación y su capacidad de gestión.
“A pesar del alto nivel de representación política, esto no se traduce en mayor gestión de recursos que impacten el desarrollo territorial. Seguimos siendo una de las regiones con mayores atrasos sociales del país”, señala.
En ese sentido, el experto invita a cuestionar el papel de los dirigentes elegidos y el tipo de liderazgo que predomina en la región.
Más allá de los nombres propios, el mapa político del Caribe parece repetir patrones. Según Trejos, no hay grandes sorpresas en los resultados: las mismas casas políticas continúan dominando, adaptándose a través de relevos generacionales.
“No hay nada nuevo bajo el sol. Son las mismas casas políticas que han logrado mantenerse haciendo transiciones: el abuelo, luego el padre, después el hijo o incluso la esposa”, explica.
De cara al próximo gobierno, el panorama no es más claro. La diversidad de posturas entre los senadores costeños —algunos cercanos al Ejecutivo actual y otros en oposición— anticipa un escenario fragmentado.
“Gane quien gane, tendrá que construir mayorías. Y eso implica negociaciones que muchas veces se dan a nivel de partidos, pero también de congresistas individuales”, sostiene.
El panorama en el Atlántico
Las elecciones del 8 de marzo dejaron una renovación parcial en la representación del Atlántico en el Senado, con la llegada de nuevas figuras y la continuidad de liderazgos ya consolidados.
En total, el departamento contará con cerca de ocho senadores, distribuidos entre las principales fuerzas políticas: el Pacto Histórico y el Partido Liberal lideran con tres curules cada uno, mientras que Cambio Radical suma dos y el Centro Democrático mantiene una.
Entre los elegidos destacan nombres que reflejan tanto renovación como continuidad. Repiten figuras como Pedro Flórez, Laura Fortich y Carlos Meisel, mientras que emergen caras como Agmeth Escaf, Camilo Torres, Yessid Pulgar y Gonzalo Baute, quienes llegan respaldados por estructuras consolidadas.


