La senadora Clara López Obregón mide cada una de sus palabras antes de responder cualquier pregunta. Es justa en su decir y evita caer en extremos u opciones viscerales ante cualquier tema, incluso ante aquellos con los que no está de acuerdo. Durante un recorrido por Barranquilla, la ex ministra de Trabajo y ex alcaldesa de Bogotá aprovechó para dialogar con EL HERALDO y dejar sus impresiones de cara al 2026.
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Las elecciones de 2026 están a la vuelta de la esquina y los análisis no tienen una voz unánime. ¿Cuál es su visión sobre lo que está pasando en el país?
El análisis que hago es que el país sí ha cambiado, y ha cambiado profundamente en lo que considera esencial que plantee cualquier candidato presidencial en esta coyuntura. El presidente Petro puso en el centro de la agenda la cuestión social, y de ahí no se puede mover nadie.
Por ejemplo, ayer estuve hablando con pequeños y medianos empresarios. No solo hay que escuchar sus preocupaciones y propuestas, que son muchas y los desafíos que enfrenta esa red empresarial barranquillera, sino también su visión de país. A mí me alegró mucho encontrar un denominador común de coincidencias.
Uno de esos puntos es la educación. Están preocupados porque la educación no es de calidad, no solo en términos de competencias, sino en términos de transformar conciencias y mentalidades. Creo que ahí hay un punto esencial: la calidad de la educación, desde la primera infancia hasta la educación superior, tiene que ser prioridad. No solo universalización, sino una universalización con una educación acorde a los desafíos actuales, tanto tecnológicos como sociales.
Otro denominador que me sorprendió, porque en la prensa se oye tanta crítica, es que están de acuerdo con el aumento del salario mínimo. Dicen: “Eso es esencial para aumentar el consumo, para la calidad de vida de la gente, para la productividad del trabajador, pero tiene que haber una política más firme del Estado para hacer cumplir las reglas”.
No solo las del pago del salario mínimo, sino también el pago de impuestos y todo el tema de la formalidad. Porque hay mucha gente que debería estar pagando impuestos y no lo hace, y que debería estar pagando salario mínimo y prestaciones y no lo hace. Eso genera una competencia desleal para el empresario que cumple la ley.
En ese sentido, creo que hemos tenido un gran avance en el gobierno de Petro y que hay que continuar por esa senda.
¿Qué cree que le ha faltado al Gobierno? ¿Ha habido una oposición demasiado dura e injusta?
Ambas cosas. Difícilmente se encuentra uno un presidente tan vilipendiado como el presidente Petro, tan descomedidamente e injustamente maltratado. Pero al mismo tiempo el Estado está lejísimos de ser perfecto. Estructuralmente tiene fallas esenciales que ayer señalaban los empresarios.
En materia de agilidad, de eficiencia y de respuesta correcta al trabajo y a la producción. Eso hay que mejorarlo y pensarlo estructuralmente. Creo que tenemos un Estado bastante inoperante, no solo en el Gobierno nacional, sino si uno baja al nivel de las alcaldías, de las gobernaciones y también de la justicia.
La justicia no está operando de manera suficiente. Entonces se pierde credibilidad en el Estado, y creo que ese es uno de los temas centrales que tenemos que abordar.
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Pero también hago un llamado comedido a la oposición en el Senado permanentemente: uno puede tener diferencias, pero puede expresarlas bien. De parte y parte ha habido falta de entender que lo que hay que enfrentar son los problemas, no atacar a las personas.
¿Ha hablado con el presidente sobre el 2026?.
Sí, he tenido diálogos muy amplios con el señor presidente. En bancada hemos tenido discusiones muy serias sobre todos los temas de política pública. He hablado con distintos sectores políticos y también con sectores de la oposición, incluso en diálogos más o menos reservados. Lo que percibo de tener esos diálogos tan amplios es que uno tiene que salirse de su nicho, porque si no no entiende lo que plantea el diferente. Veo bases de temas en los que podemos generar un común denominador de una visión compartida de nación. Todo el mundo con quien he conversado, salvo los extremos de parte y parte —que los hay—, coincide en que hay que sacar la violencia de la política y mejorar profundamente el tema de la seguridad desde la perspectiva de la persona de a pie.
¿Usted hará parte del Frente Amplio o cuál será su mecanismo de participación?
No, yo me voy a inscribir para primera vuelta. Pienso que en esta etapa el país necesita opciones. Yo soy una opción que respalda las políticas del presidente Petro, pero que también entiende que hay que hacer correcciones en muchos sectores.
Sé gobernar, como lo demostré en Bogotá, cuando saqué a la ciudad del marasmo y la dejé andando en apenas ocho meses. Creo que hoy lo que está a la orden del día es una respuesta humana, personal y directa a la inquietud ciudadana.
Veo cada vez que camino por la calle la necesidad de vencer la polarización y la intolerancia. Esa ha sido mi vida política desde siempre.
Algunos dentro del Pacto hablan de un “choque de titanes” entre usted e Iván Cepeda. ¿Cómo lo ve?
No es un choque. Somos grandes amigos. Cuando uno comparte proyectos políticos no está desunido, está emulando para sacar lo mejor de cada uno y ponerlo al servicio del país. Esa es la política de la democracia, no la división.
¿Cree que hay sectores que quieren aprovecharse del crecimiento del progresismo para involucrarse en el Frente Amplio de manera oportunista?
Eso tiene de bueno que crece el espacio para la política social, para vencer la desigualdad y la exclusión. Pero tiene de malo que el oportunista nunca cumple.
Espero que la gente pueda distinguir. Yo tengo gran confianza en el pueblo colombiano: ya no traga entero.


















