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La llamada de Gustavo Petro a Donald Trump –el miércoles 7 de enero– cambió de forma drástica –y para bien– el panorama nacional en muy poco tiempo. Se podría decir que fueron los 40 minutos mejor invertidos en todo el gobierno de Petro. En tan corto tiempo las piezas del tablero –que estaban a punto de volar por los aires– volvieron a quedar en su sitio, a la espera de la siguiente crisis, que seguramente vendrá. Por lo pronto, todos respiramos tranquilos.

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El propio Petro -en su discurso ante sus seguidores en una Plaza de Bolívar, con mucha menos asistencia de la que el gobierno esperaba- reconoció el viraje que tuvo la crisis. “En medio del debate de estos dos o tres días, hoy traía un discurso y tengo que dar otro. Eso no es fácil”, declaró Petro en tono sereno y pausado, ante un público que esperaba sangre en la arena, como el propio mandatario había anunciado.

No ocurrió así. Y estuvo bien que así pasara. Lo peor que podría suceder entre Colombia y Estados Unidos es que las agresiones verbales y descalificaciones entre los dos mandatarios siguieran escalando.

En el caso colombiano, Petro sabe muy bien que su situación personal con Trump –después de lo sucedido con Maduro– no es la mejor. Y tener la certeza de que Trump no habla carreta y que hace lo que dice lo puso bastante nervioso. “Petro que cuide su trasero, porque podría ser el siguiente”, declaró Trump a los periodistas en la Casa Blanca, después de mostrar como trofeos las cabezas de Maduro y de su mujer, Cilia Flores.

En declaraciones al diario El País de España, Petro confesó que temió “ser capturado”, como sucedió con Maduro. “Pero la conversación con Trump –sostuvo Petro– congeló todo”.

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Y es que la confrontación verbal con Trump le ha salido muy costosa tanto a Petro como a Colombia. Para empezar, Petro perdió la visa americana y terminó incluido en la Lista Clinton, junto con Verónica Alcocer, su hijo Nicolás y el ministro del Interior, Armando Benedetti.

Colombia –por su parte– fue descertificada en la lucha contra las drogas, con todo lo que ello implica en materia de recorte de recursos. Pero, además, el país pasó de ser consentido por Estados Unidos a ser tratado casi que como un paria, por cuenta del comportamiento grosero de Petro con quien ha sido nuestro principal socio comercial y gran aliado estratégico en el continente.

En el caso de Petro, no poder ingresar a Estados Unidos y “dejar de existir” en el universo financiero es algo muy grave para alguien que en pocos meses dejará de gozar del privilegio que significa ser jefe del Estado colombiano.

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Aunque los amigos de Petro –y sus ministros– consideran que el anunciado encuentro entre Petro y Trump en la Casa Blanca podría servir para que los mandatarios limen asperezas y fumen la pipa de la paz, lo cierto es que es bastante probable que Trump aproveche la ocasión para leerle la cartilla a Petro sobre dos temas en los que tiene graves observaciones: su “amistad con Maduro” y los pobres resultados en la lucha contra las drogas, tema central en la agenda de Trump. No será, pues, un encuentro social.

¿Cuáles son los verdaderos alcances de la llamada de Petro a Trump?

Los 40 minutos mejor invertidos por Petro durante todo su gobierno

La amenaza de Trump a Petro, desde la Casa Blanca, luego de la captura de Maduro y de Cilia Flores, no fue gratuita. Y Petro supo leer muy bien el mensaje. Antes de la llamada, Trump no había ahorrado adjetivos para descalificar a Petro: “Es un enfermo que fabrica cocaína para enviarla a Estados Unidos”. Y fue mucho más allá en su ofensiva verbal: sostuvo que no le disgustaba la idea de una operación militar “contra Colombia”. Se trataba, pues, de una amenaza real.

Por fortuna, la gestión del embajador de Colombia en Washington, Daniel García-Peña, quien contó con la eficaz colaboración del senador republicano Rand Paul, surtieron efecto y Petro pudo hablar con Trump. Ese solo hecho es más que suficiente para que el país respire un poco más tranquilo, al menos durante los próximos meses, que serán cruciales en materia electoral.

Trump sigue con lupa las elecciones en Colombia. En buena hora Petro entendió que pretender intercambiar “jabs” con Trump no es un buen negocio. Que lo diga Maduro, que –enardecido– le gritó: “¡Ven por mí, cobarde! ¡Aquí te espero! Y Trump fue por él y en dos horas se lo cargó, sin despeinarse. Punto.

Primer punto de la agenda Trump - Petro: guerra contra las drogas

El asunto de la guerra contra las drogas es otro que ocupará un primerísimo lugar en el encuentro entre Trump y Petro, que ojalá se dé pronto en la Casa Blanca. Y en este terreno son más los desencuentros que los acercamientos entre los dos mandatarios. Mientras Petro cree que la incautación de cocaína en mar abierto o en puertos y aeropuertos –sin muertos– es la mejor salida; Trump cree que lo más efectivo es destruir “narcolanchas” y perseguir sin contemplación los carteles narcotraficantes y sus jefes, como Maduro. De hecho, los rotuló como “narcoterroristas”.

La “mano extendida” de Petro a los narcotraficantes no tiene nada que ver con la “mano dura” de Trump a los mismos. Y en ese sentido Trump considera que Petro fue permisivo con Maduro, en su relación con el ELN y con las llamadas disidencias de las Farc, ambas dedicadas al narcotráfico en la frontera entre ambos países. Petro deberá entender que ahora en la Casa Blanca mandan los “halcones”, con Trump y Marco Rubio a la cabeza, y no las “palomas”, como ocurría en tiempo de Biden.

Las llamadas telefónicas de Trump no son para agradecer, sino para ordenar

Quienes conocen muy bien a Trump, como su asesor de seguridad en su primer mandato, John Bolton, sostienen que prefiere tener a sus enemigos en su punto de mira. Los quiere cerca para poderlos controlar. Sus llamadas no son para agradecer, sino para ordenar. Más que discursos, quiere resultados. Los acercamientos de Trump no son para abrazar, sino para medir la distancia exacta de sus enemigos.

Maduro se equivocó al creer que la llamada de Trump –pocos días antes de su captura– era una muestra de debilidad. Todo lo contrario: era la expresión de su poderío. Ya tenía listo el zarpazo. Trump sabe muy bien que Petro no tiene “fábricas de cocaína”, ni es jefe de carteles narcotraficantes, como Maduro y Diosdado Cabello.

Pero también tiene sobre su escritorio las cifras que indican que –durante el gobierno de Petro– Colombia alcanzó las 300.000 hectáreas sembradas de hojas de coca y se convirtió en el primer productor de cocaína del mundo. Entonces para lograr resultados en este último asunto que le preocupa no le importa valerse de argumentos estrambóticos como los primeros.

Trump quiere elecciones transparentes y garantías a la oposición en Colombia

Se equivocan quien creen –desde las orillas petristas– que Trump busca acercamientos amistosos con Petro. Nada que ver. Trump quiere que Petro muestre resultados contundentes en la lucha antidrogas y se comprometa a garantizar elecciones transparentes. Quiere plenas garantías para los opositores a Petro, porque no está dispuesto a aceptar que el modelo chavista se repita en Colombia, aliado histórico de su país.

Después de “extraer” a Maduro de Venezuela y neutralizar la cúpula chavista, Trump desea que Colombia sea de nuevo “el mejor aliado en la región”. Para ello está dispuesto a conversar con Petro, quien podrá expresar –obviamente– sus observaciones y reparos a la política estadounidense, así como sus críticas al papel jugado por la oposición en su gobierno.

Ojalá sin incurrir en falsedades, como esa de afirmar que quienes fueron a Estados Unidos a denunciar el hostigamiento por parte de su gobierno “han tenido relaciones con el narcotráfico”. Eso no es así y Petro lo sabe. Pero –sobre todo– lo sabe Trump.