Por cuenta de la ofensiva militar de Estados Unidos contra el Cartel de los Soles de Venezuela, Gustavo Petro decidió quitarse la máscara que todo el mundo sabía que tenía puesta: la de íntimo amigo y defensor de Nicolás Maduro, cabecilla de esa organización narcoterrorista, según la Casa Blanca.
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No de otra forma puede interpretarse la reacción desmedida de Petro en un asunto en el que Colombia -hasta el momento- poco o nada tiene que ver.
Y es que el despliegue militar sin antecedentes del gobierno de Donald Trump en el mar Caribe venezolano apunta a Maduro y sus secuaces y no a Petro y su gobierno. Trump tiene claro que la droga que inunda su país tiene como gran responsable al Cartel de los Soles, con Maduro y Diosdado Cabello como líderes. Las cabezas de ellos son las que tienen precio: 50 millones de dólares vale la del primero y 25 millones de dólares la del segundo.
Pero Petro, como si se tratara de la célebre Niña Tulia, de nuestro inolvidable David Sánchez Juliao, decidió comprar esa pelea con el argumento falaz de que se trata de una agresión contra Latinoamérica y contra Venezuela. Ni es contra Latinoamérica, ni es contra Venezuela.
Es contra el Cartel de los Soles, organización narcoterrorista que –según Trump– atenta contra la soberanía de Estados Unidos.
Es decir, Trump no estaría atacando, sino defendiéndose de quienes tendrían la pretensión de atentar contra su soberanía y estabilidad institucional, mediante el transporte e ingreso masivo de cocaína en ese país.
Pero tampoco se trata de una ofensiva militar contra Venezuela, como Maduro y su amigo Petro pretenden hacer creer. Los delincuentes no son la inmensa mayoría de venezolanos, que son personas de bien, sino la “élite chavista mafiosa”, que se ha enriquecido con los dineros malditos del narcotráfico. Esa organización criminal, llamada el Cartel de los Soles, es a la que Trump y su staff de confianza le quieren cortar la cabeza.
El Cartel de los Soles –cuya existencia se atrevió a desconocer Petro– movería unos 8.300 millones de dólares cada año, según organismos de inteligencia de Estados Unidos. Con ese dinero, Maduro y sus compinches atacan a sus opositores, violan derechos humanos, financian campañas electorales y compran elecciones. Por eso los jefes máximos del régimen chavista están nerviosos.
Si el asunto de Estados Unidos es con el cartel de los soles, ¿qué hace Petro comprando una pelea en la que Colombia –hasta el momento– nada tiene que ver? ¿A cuenta de qué –por ejemplo– Petro ordenó la militarización del Catatumbo en el lado colombiano? ¿Cuál es su interés al pretender crear conflictos con otros países?
La movilización de unos 25.000 soldados, anunciada por Petro en su cuenta de X, hacia la frontera con Venezuela es –sin duda– un gesto hostil con Estados Unidos, que se ha cuidado de no involucrar a Colombia en su despliegue armamentista en las aguas del mar Caribe, y que ha sido y sigue siendo nuestro principal socio comercial y principal aliado militar.
La presencia de nuestras tropas en la frontera con Venezuela es también un respaldo a Maduro en momentos que el sátrapa venezolano siente pasos de animal grande. ¿Qué operaciones conjuntas pueden realizar nuestras Fuerzas Armadas con las Fuerzas Armadas de Venezuela, en momentos en que Trump va por la cabeza de quien él considera el capo del Cartel de los Soles?
La mayor mafia del Catatumbo es el Cartel de los Soles aliado con el ELN
Al tratar de justificar el desplazamiento masivo de 25.000 soldados hacia la frontera con Venezuela en el Catatumbo, Petro sostuvo que Colombia lo que busca es “reducir al máximo las fuerzas de la mafia”.
Pues bien, las únicas “fuerzas de la mafia” que operan en la frontera con Venezuela en el Catatumbo son las del Cartel de los Soles, aliadas con el ELN, cuyos cabecillas gozan de absoluta impunidad y protección en el vecino país. ¿Es a esas mafias a las que Petro piensa reducir al máximo?
Hasta el momento, Petro no ha hecho nada por reducir las mafias del Catatumbo. Hoy ese territorio tiene muchas más hectáreas sembradas de hojas de coca que las que tenía cuando comenzó su mandato. Hoy es una de las zonas que más produce cocaína en el país. ¿De qué lucha contra las mafias habla Petro?
La única razón que existe para la movilización masiva de tropas en el Catatumbo no es otra que la de pretender cuidarle la espalda al narcoterrorista de Maduro, su amigo. Punto. Ya nadie se cree el cuento de la lucha contra el narcotráfico, cuando crecen los cultivos ilícitos y Petro se pone de frente y sin ruborizarse la camiseta de defensor de Maduro.
Para Trump el problema no son los gobiernos de izquierda, sino las drogas
El otro argumento falaz de Petro, al tratar de justificar su incondicional y férrea defensa del narcoterrorista Maduro, es que –según él– detrás de la ofensiva militar de Estados Unidos existe la “excusa ficticia de la extrema derecha para derribar gobiernos”.
Petro está convencido de que Estados Unidos lo que quiere es atacar los gobiernos democráticos de Latinoamérica, incluyendo Venezuela. Sigue pensando con la lógica de los 60 y los 70, cuando Estados Unidos derrocaba gobiernos para respaldar dictaduras militares. Hoy para Estados Unidos –o al menos para Trump– su principal problema no son los gobiernos de izquierda, sino el narcotráfico, que inunda sus escuelas, calles y ciudades. Y considera que la culpa la tienen –no los estadounidenses, que son consumidores desaforados de cocaína– quienes la producen en las selvas. Mientras ustedes produzcan cocaína, en nuestras calles y ciudades seguirán nuestros jóvenes consumiendo. Es su lógica.
Petro –por el contrario– considera que: mientras ustedes consuman cocaína, nosotros seguiremos sembrando hojas de coca y produciendo cocaína. Petro también se equivoca –obviamente– al considerar que Venezuela es un sistema democrático. Desde que el chavismo llegó al poder y el Ejecutivo cooptó los demás poderes, Venezuela dejó de ser una democracia.
Niña Tulia, la pelea no es con usted
Pese a que Colombia es el mayor productor de cocaína de la región, Estados Unidos optó por enfilar sus cañones hacia Maduro y compañía. Es muy probable que en el futuro –una vez despejada la situación con el Cartel de los Soles y sus cabecillas– Trump exija mayores y mejores resultados a Colombia en la lucha contra el narcotráfico.
A diferencia de Petro –que como la Niña Tulia, quiere comprar esa pelea– Estados Unidos tiene claro que se trata de un gobernante de salida, al que le quedan pocos meses de mandato. Comprar su pelea es hacerle el juego en su pretensión de enturbiar las aguas en momentos en que está en desarrollo el proceso electoral del 2026. Más que pensar en Petro, que se va, Estados Unidos parece más interesado en esperar para ver con quién tendrá que entenderse a partir del próximo año. Es un asunto de puro pragmatismo político. Lo propio debieran hacer los otros poderes en Colombia. En el caso del Legislativo, por ejemplo, haría bien el Congreso de la República en llamar la atención del presidente y advertir sobre los enormes riesgos que tienen las decisiones tomadas por quien está a pocos meses de abandonar la Casa de Nariño. ¿Tiene sentido que Petro –ya de salida– ponga en riesgo la soberanía nacional, por cuenta de su amistad incondicional con Maduro?
Colombia no puede ser cómplice y aliada de un cartel narcotraficante
Cuando Petro y Maduro anunciaron la creación de una “zona binacional fronteriza”, en el Catatumbo, ambos gobiernos dijeron que se trataba de una “zona de paz, que serviría para darle una mayor fortaleza comercial a ese territorio”.
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Ninguno dijo -mucho menos Petro– que la frontera del Catatumbo sería utilizada para fortalecer militarmente ese territorio, en momentos en que Estados Unidos iniciara una ofensiva contra la organización narcoterrorista del cartel de los soles. Es decir, pasamos de promover y fomentar el crecimiento comercial en la frontera con Venezuela a ser cómplices y aliados de un cartel narcotraficante. Punto.
Por cuenta de sus delirios y su obstinación, Petro compromete la soberanía nacional y pone en riesgo las relaciones con quien ha sido por décadas nuestro primer socio comercial y principal aliado militar. Petro no está luchando contra las mafias en el Catatumbo, como pregona a los cuatro vientos: está defendiendo a su amigo Maduro. Esa es la triste y vergonzosa realidad.