El titulo es:Lectores escriben | La cultura ecológica en Barranquilla

Lectores escriben | La cultura ecológica en Barranquilla

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Por: Norman Alarcón Rodas, usuario de Wasapea a EL HERALDO.

La capital del Atlántico es una de las ciudades más densamente pobladas del país con 1.228.271 habitantes, según una proyección del Dane para el año 2017, y un espacio público por habitante de 0,86 metros cuadrados, según el POT, en medio de un candente clima, cuando Bogotá y Medellín bordean los 4 metros cuadrados por habitante.

La Arenosa, sin duda, viene padeciendo una crisis ambiental que cada día se torna más preocupante por el modelo de ciudad impulsado por las últimas administraciones que han privilegiado la construcción de infraestructuras duras en las que el cemento predomina. Aún con la remodelación de parques y proyectos como el del Jardín Botánico en La Victoria, es objeto de críticas de los vecinos y ambientalistas. También, en cuanto al saneamiento básico, hay situaciones muy delicadas, como los cerca de cincuenta vertimientos de aguas servidas, prácticamente sin ningún tratamiento, que van a la ciénaga de Mallorquín, al mar Caribe, el lago del Cisne y a los caños que atraviesan la ciudad para llegar finalmente al río Magdalena.

En los últimos días, el gremio de ingenieros químicos del Atlántico presentó estudios de las aguas contaminadas que, del arroyo León, llegan al lago de El Cisne produciendo la mortandad de peces que se ha visto en la prensa local.

Los recursos del erario, que se han invertido en estos casos, dejan todavía mucho que desear.

Pero la gota que rebosó la copa, y que ha servido para que amplios sectores ciudadanos tomen conciencia crítica de lo que ocurre en esta ciudad, es el proyecto temerario de la Alcaldía de pretender imponer la construcción de un nodo del Sena en los terrenos de la Normal Superior La Hacienda, donde existe una reserva ecológica de 17 hectáreas, uno de los pocos pulmones forestales de Barranquilla (bosque seco tropical), establecida por un acuerdo del Concejo Distrital que la elevó a categoría de patrimonio ecológico de la ciudad.

Esta inaudita pretensión ha ocasionado un movimiento de resistencia civil de estamentos educativos de dicha institución; egresados, padres de familia, comunales, vecinos del plantel, frentes cívicos, ecologistas, profesionales de distintas áreas que han exigido respeto a dichos terrenos que amortiguan las altas temperaturas y representan más oxígeno para una ciudad cada vez más comprimida.

Sin embargo, la administración distrital se ha empecinado en adelantar el “adefesio” y tratar de imponerlo por la fuerza de la autoridad, cuando se ha comprobado su ilegalidad. A el no cambio del uso del suelo la ley de distritos no se lo permite. La falta de licencia ambiental y del plan de manejo ambiental viola el principio de precaución de la ley del Medio Ambiente (artículo 1, numeral 6 de la ley 99 de 1993) que prescribe que “cuando exista peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces para impedir la degradación del medio ambiente”. 

Así las cosas, ha brotado en Barranquilla una conciencia ecológica en defensa del medio ambiente, exigiendo lo que el sentido común impele de precavernos frente al cambio climático en una ciudad que requiere más espacio verde y que se mejoren las necesidades básicas insatisfechas de buena parte de la población.

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