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Nelson Cantillo arregla la tumba de su mamá Georgina Díaz. “Ella me dio todo lo que soy”, asegura.
Agustín Iguarán
Magdalena

“Todo en vida”, el mensaje de párroco samario en el día de los difuntos

Hernando Fajib, párroco de la Iglesia San Miguel en el cementerio de Santa Marta, no está de acuerdo con gastar dinero en flores y serenata a los muertosk“Si en vida no lo hicieron, ya para qué?”, pregunta.

Hernando Fajib Álvarez Yacub, párroco de la Iglesia San Miguel de Santa Marta, dice que es respetuoso de quienes demuestran su sentimiento nte los difuntos con flores y lujos en las tumbas, pero no lo comparte mucho, pues considera que “todo tiene que hacerse en vida”.

Álvarez fue el mismo que puso su vehículo Mercedes Benz en venta atendiendo el llamado del Papa Francisco sobre ejercer el postulado con humildad.
De recio carácter, pero al mismo tiempo extrovertido,  dice no entender cómo muchas personas llegan al cementerio a llevarle ramos a los fallecidos, mientras “jamás lo hicieron” en vida.

Esta es la reflexión que por lo general hace en los sepelios. Insiste a los feligreses que no hay que esperar que la persona muera para saber cuánto la querías y qué tan especial era.

“¿Ya para qué?”, dijo, no sin antes insistir en que, “el apoyo y la compañía  debe ser en vida”.

 

“Uno camina el cementerio y encuentra unas bóvedas con unas lápidas costosas, con letreros grabados en piedra o mármol, en los que se expresa amor, un sentimiento que quizás nunca se lo hicieron ver  cuando estaba vivo”, insiste.

Párroco de la Iglesia San Miguel, ubicada dentro del cementerio del mismo nombre, dice que su discurso no le gusta a muchos, “seguramente porque les golpea en la conciencia”.

Para Fajib, la palabra es clara. “Nos afirma que los hijos, esposos y hermanos son una bendición prestada, que Dios nos lo concede por un tiempo bajo una condición, que los gozáramos y disfrutáramos mientras estuviesen vivos”.

 

 

“El apoyo y la compañía  debe ser en vida

La reflexión del padre Fajib genera diferentes reacciones entre los fieles.

Edgardo Vives, un pensionado del departamento, sostiene que lo que el sacerdote asevera “es contrario a lo que los dolientes queremos hacer con nuestras bóvedas. Es un derecho que no se puede prohibir ni refutar, porque eso  va en cada uno”, manifestó..

Agregó que los familiares fallecidos “no los vamos a enterrar y dejarlo así,  sin ponerle siquiera una flor, cuando ellos en vida nos dieron todo”.
Ilva Pérez de Pomares, sostiene que “después de muerto les oramos para que ellos estén con Jesucristo. Por muy malo que hubieren sido en vida,  uno los tiene bien porque son hijos de Dios”, dice.

 

 

“No los vamos a enterrar y dejarlo así,  sin ponerle siquiera una flor
Hernando Fajib Yacub, párroco de la iglesia San Miguel en Santa Marta.

Nelson Cantillo Diaz, que ayer acudió al camposanto para arreglar la lápida en la tumba de su madre Georgina Díaz, recuerda con cariño a su progenitora.

“Yo le di a mi madre todo lo que tenía que darle en vida. La luché  con dos cánceres, uno de pulmón y otro de páncreas, además le amputaron una pierna a los 93 años”.

Para Nicolás de la Rosa, lo que el padre Fajib sostiene “les cae a quienes no le expresaron amor a sus familares fallecidos. En mi caso particular fue un buen hijo”, dice.

 

Una mujer camina con un ramo de flores en el cementerio de Santa Marta.

El padre Fajib tiene 23 años en el sacerdocio, es oriundo de Santana (Magdalena) y tiene sangre libanesa. “Me aman aquellas personas que tienen la oportunidad de conocerme de cerca y de darse cuenta que soy desprendido, servicial y correcto; me odian quienes no les gusta hacer las cosas como son”, precisa.

Para él, son tres cosas en las que hay que trabajar: La falta de cultura ciudadana, la cultura del no pago y la cultura de la ilegalidad.

El sacerdote le cambió la cara al cementerio que estaba en completo abandono.  “Era una olla de consumo y venta de drogas, había inseguridad, hasta tal punto que  muchos dejaron de visitar a sus difuntos por temor a ser atracados”, recordó.

 

 

Nicolás de la Rosa, Edgardo Vives, Ilva de Pomares y Ludys de Vargas.
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