La empresa aeroespacial Blue Origin vivió uno de los momentos más críticos de su historia luego de que uno de sus cohetes New Glenn explotara durante una prueba estática en la base de Cabo Cañaveral, en Florida, el jueves 28 de mayo.
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El incidente ocurrió durante la noche mientras el vehículo espacial era sometido a un ensayo técnico previo a futuras misiones. La enorme explosión provocó una gigantesca bola de fuego visible desde distintos puntos de la costa de Florida y generó una fuerte onda expansiva que sorprendió a residentes y aficionados al espacio.
Tras el accidente, Blue Origin confirmó que el cohete sufrió una “anomalía” durante la prueba de encendido de motores. La compañía aclaró que no se registraron personas heridas y que todo el personal se encontraba a salvo.
El fundador de la empresa, Jeff Bezos, reaccionó rápidamente en redes sociales y aseguró que la compañía trabajará para identificar la causa del accidente y reconstruir lo necesario para continuar con el proyecto.
El ensayo tenía como objetivo probar los siete motores de la etapa propulsora del New Glenn mientras el cohete permanecía anclado a la plataforma de lanzamiento. Sin embargo, segundos después del encendido, las llamas comenzaron a expandirse por la estructura hasta provocar una explosión masiva.

Las imágenes del momento rápidamente se viralizaron en redes sociales debido a la magnitud del fuego y al impacto visual del accidente.
El New Glenn es considerado uno de los proyectos más ambiciosos de Blue Origin. Se trata de un cohete reutilizable de casi 100 metros de altura diseñado para competir con los sistemas espaciales de SpaceX.

El vehículo espacial recibe su nombre en honor a John Glenn y estaba previsto para transportar satélites de internet pertenecientes al proyecto Kuiper de Amazon, competencia directa del sistema Starlink de SpaceX.
La explosión representa además un duro golpe para los planes de la NASA, especialmente para el programa Artemis, cuyo objetivo es regresar astronautas a la Luna en los próximos años.
Blue Origin mantiene contratos con la agencia espacial estadounidense para futuras operaciones relacionadas con misiones lunares. Incluso, días antes del accidente, la NASA había adjudicado nuevos contratos para transportar vehículos exploradores que serían utilizados en futuras expediciones lunares.
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Expertos señalan que las reparaciones y la investigación podrían tardar varios meses, afectando el calendario de lanzamientos previsto para 2026 y 2027.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, aseguró que la agencia trabajará junto a Blue Origin para investigar el incidente y evaluar posibles impactos en las próximas misiones del programa Artemis.





















