Fotografía de 1919 durante el aterrizaje del avión comandado por Knox Martin.
Fotografía de 1919 durante el aterrizaje del avión comandado por Knox Martin. Cortesía Archivo histórico del Atlántico

100 años del día en que llovieron cartas

El 18 de junio de 1919, un avión monoplano fabricado con madera sobrevoló por primera vez Barranquilla y Puerto Colombia, dejando caer una tula con 60 cartas. Recuento de un suceso que marcó el inicio del correo aéreo en el país.

Por: Ivonne Arroyo @ivonnearroyom
Entretenimiento

El 18 de junio de 1919, un avión monoplano fabricado con madera sobrevoló por primera vez Barranquilla y Puerto Colombia, dejando caer una tula con 60 cartas. Recuento de un suceso que marcó el inicio del correo aéreo en el país.

La prensa de la época lo describía como un aparato que producía “un ruido que es distinto al de los carros”. Uno cuyas alas y motor podían surcar los cielos y aterrizar en una improvisada pista en Puerto Colombia, municipio del Caribe colombiano que jamás había escuchado aquel sonido. Mientras Alemania tenía prohibido fabricar aviones de cualquier tipo, tras haber sido derrotada en la Primera Guerra Mundial, un aviador norteamericano armaba y desarmaba en Barranquilla un monoplano que parecía una cometa. La hazaña de hacer volar aquella máquina se escribiría como una de las proezas de la aviación del país. Un suceso que cien años más tarde no deja de ser recordado y conmemorado.  

A William Knox Martin, nacido en Salem (Virginia, Estados Unidos) le apodaban “el loco” por las acrobacias aéreas que deslumbraban a quienes alcanzaran a verlas. En algunos archivos de periódicos de 1919 todavía se puede leer –y apenas imaginar– cómo Knox Martin intentaba sobrevolabar entre las torres de la iglesia procatedral San Nicolás, lugar donde se casaría años después.

“Arriesgaba de una manera espantosa su vida pasando varias veces por entre las torres de la iglesia y saludando a sus admiradores que se tapaban la cara del miedo, mientras gritaban por las extravagancias del aviador”, comenta una de las reseñas.

Cómo no impresionarse, si la Barranquilla de hace cien años, aunque atravesaba por uno de los momentos culminantes de su desarrollo económico –era lugar de paso obligado del comercio exterior del país a través del puerto fluvial y su conexión por ferrocarril con el muelle de Puerto Colombia–, vivía más bien bajo el modesto discurso de coches, buquecitos de río y ambiente parroquial.

Lluvia de cartas
El aviador norteamericano William Knox Martin.
El aviador norteamericano William Knox Martin. Cortesía Archivo histórico del Atlántico

4:50 p.m. del 18 de junio de 1919, según los registros de algunos diarios en Colombia. Día soleado en Barranquilla, ciudad que no creía del todo que estuviese a punto de estrenarse en el Correo Aéreo de Colombia y América Latina.

¿Por qué Barranquilla? Knox Martin se había enamorado de la ciudad, es cierto, pero el impulso para que encendiera aquel ruido que casi lo deja sordo no resulta tan romántico como aquel sueño del vuelo. El joven americano había arribado a fines de 1918 a la capital del Atlántico en busca de un empresario con suficiente músculo financiero para que respaldara económicamente su proyecto de empresa. Un plan y negocio redondo: llevar y traer correspondencia por los aires de una ciudad a otra. En Estados Unidos y en la India habían antecedentes importantes y pronto algunos países comenzarían a emitir sus propios sellos postales.

Knox Martin, el intrépido y visionario, no sólo llegó con ese propósito incrustado sino que también se aseguró de aterrizar como un extranjero recomendado. Esas recomendaciones venían de Carlos Obregón e iban dirigidas a Mario Santo Domingo, Arturo de Castro y Ernesto Cortissoz, tres barranquilleros que ocupaban puestos destacados en el comercio y la industria.

De ahí que el empresario Mario Santo Domingo, gran aficionado a la aviación, fuese escogido como su copiloto y se convirtiera en el primer barranquillero en ser pasajero de un vuelo postal.

Ambos se embarcaron en el incipiente aeroplano, que partió desde el Parque Once de Noviembre y voló cerca de media hora hasta llegar a lo que hoy se conoce como la Plaza Central de Puerto Colombia. Allí despacharon la primera correspondencia, ante la mirada de decenas de personas aplaudiendo, gritando y vitoreando la hazaña. Eran alrededor de 60 cartas las que surcaron el cielo, aunque algunos registros hablen de más cartas y otros de menos. .

 “Íbamos a una altura de cinco mil pies cuando estábamos precisamente sobre Puerto. Fue un descenso rápido y escalofriante”, comentó Santo Domingo, según las reseñas de aquel entonces que han sido recogidas por el Archivo Histórico del Atlántico.

Después del sobrevuelo siguieron las felicitaciones, aunque en el momento no pudieron ser  escuchadas del todo. Según la prensa, Santo Domingo se bajó del monoplano diciendo: “No me hablen que estoy medio sordo”.

Sin embargo, ese ruido, con el tiempo, se normalizaría en Barranquilla tras la creación en diciembre de ese año de la Sociedad Colombo-alemana de Transportes Aéreos, Scadta. La propuesta, aunque para muchos insólita, tenía antecedentes relevantes que la soportaban: los primeros vuelos con pasajeros en Colombia realizados en 1912 por el canadiense John Smith y una iniciativa parecida al correo aéreo surgida en Medellín en septiembre de 1919.

“Quédese en Barranquilla con su aparato, señor Knox Martin, como punto de partida para ir a todas partes del país. Muy cerca de nosotros está la Sierra Nevada, cuyos altos picos sólo son conocidos por los cóndores. Funde en Barranquilla la escuela de la aviación y nos habrá hecho usted un enorme bien, el de responder oportunamente a la llamada del progreso”, se lee al final de una de las noticias alegres publicadas en aquel año.

Nada de eso pasó. Knox Martin, aunque se casó, tuvo hijos y vivió varios años en Barranquilla, murió a los 33 años en Estados Unidos. Y no estaba sobrevolando por los cielos, el aviador falleció en un accidente automovilístico.

Cien años después
La Fundación Puerto Colombia celebró los cien años del primer vuelo postal del país con una recreación del acontecimiento, así como con una revista aérea.
La Fundación Puerto Colombia celebró los cien años del primer vuelo postal del país con una recreación del acontecimiento, así como con una revista aérea. Jesús Rico

La Fundación Puerto Colombia conmemoró el pasado 14 de junio el centenario de este hito histórico con un espectáculo aéreo en el que se recreó la hazaña del vuelo con un biplano réplica de un modelo 1919 Spirit Renegade, comandado por el piloto Jorge Solano, así como con una revista aérea con dos A-29 Supertucano y un A-37 Dragonfly  liderados  por la Fuerza Aérea Colombiana.

El biplano llevaba consigo cientos de cartas de los pobladores que, a diferencia del acontecimiento celebrado, fueron guardadas en una cápsula del tiempo que solo se abrirá cuando se cumplan 120 años del primer vuelo.

*Este artículo es posible gracias a los estudios y aportes del historiador Jorge Villalón, docente de la Universidad del Norte, y de las investigaciones de Helkin Núñez, del Archivo Histórico del Atlántico, que compiló los registros existentes de aquel suceso.

Revista aérea durante la celebración del centenario.
Revista aérea durante la celebración del centenario. Jesús Rico

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