La articulación entre universidad y comunidad sigue consolidándose como una herramienta clave para el desarrollo territorial. En esa línea, la Universidad Metropolitana de Barranquilla lideró el proyecto AmbientAcción Juvenil: construyendo acciones hacia la resiliencia comunitaria, una iniciativa de cooperación internacional que impactó a estudiantes y docentes en el departamento del Atlántico.
El programa, desarrollado en alianza con la Universidade de São Caetano do Sul (Brasil) y cofinanciado por la Agencia Noruega para la Cooperación del Intercambio (NOREC), se ejecutó durante el primer semestre de 2025 en instituciones educativas de Tubará, Juan de Acosta y Piojó, involucrando a estudiantes de grados noveno, décimo y undécimo.
A través de prácticas de ecoturismo, talleres de educación ambiental y actividades de liderazgo juvenil, el proyecto buscó fortalecer la resiliencia comunitaria frente a desafíos como el cambio climático y las desigualdades sociales. La iniciativa promovió una cultura de cuidado del entorno y el trabajo colectivo, al tiempo que impulsó el pensamiento crítico en los jóvenes participantes.

Uno de los enfoques centrales fue la construcción de conocimiento desde el territorio, mediante metodologías participativas que incluyeron la elaboración de mapas comunitarios, experimentos de siembra, talleres de reciclaje y control de vectores, así como la realización de una feria de ciencias. Estas acciones permitieron integrar el saber local con herramientas académicas, generando soluciones contextualizadas a problemáticas reales.
Más allá de los resultados académicos, el proyecto propició espacios de co-creación entre estudiantes, docentes y comunidades, reconociendo a las juventudes como actores clave en la transformación social. En este proceso, la resiliencia dejó de ser un concepto abstracto para convertirse en una capacidad tangible: la de adaptarse, resistir y construir futuro desde las realidades propias del territorio.
Los resultados evidencian un alto nivel de sostenibilidad, al surgir directamente de las necesidades identificadas en las comunidades. Además, el modelo implementado permitió consolidar un aprendizaje situado, enfocado en la identificación de riesgos sociales, ambientales y de salud, así como en la generación de propuestas innovadoras desde una perspectiva juvenil.

De esta manera, AmbientAcción Juvenil se posiciona como un referente de extensión social con impacto regional, reafirmando el papel de las instituciones de educación superior como agentes activos en la construcción de comunidades más conscientes, resilientes y articuladas frente a los retos del presente y del futuro.



















