El Heraldo
La presidente de la JEP, Patricia Linares, dijo que el país debe encontrar el camino para dejar la violencia. Cortesía
Colombia

“Es momento para entender un modelo de justicia que no conoce el país”

La alta magistrada de la JEP, Patricia Linares, dijo a EL HERALDO que quienes acogen ese sistema asumen un compromiso con las víctimas.

Los últimos hechos en los que antiguos comandantes de las Farc confesaron el crimen del excandidato presidencial Álvaro Gómez movieron todos los cimientos del país, pero también despertó el interés de los colombianos de saber si el hoy senador Julián Gallo Cubillos (Carlos Antonio Lozada) y el director del partido Farc, Rodrigo Londoño (‘Timonchenko’)  todavía tendrían cabida bajo el sistema de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

Al respecto, la presidente de la JEP, Patricia Linares, explicó los alcances de esos señalamientos, pero también destacó y analizó, en entrevista con EL HERALDO, la importancia de quienes quieren decir la verdad.

Señaló la magistrada que estar al frente del tribunal de paz no fue una decisión fácil, en especial, porque  el país sigue discutiendo los alcances del proceso de paz en medio de la guerra, así como ha convertido el acuerdo en argumentos de debates políticos.

P.

¿Qué implicaciones tendrían ahora las confesiones de los ex-Farc sobre el crimen de Álvaro Gómez?

R.

Sobre el caso que usted me menciona no puedo hablar dada mi condición de magistrada de segunda instancia, yo sobre los casos no comento, el caso o los casos que usted menciona están ante la sala competente, que es la Sala de Reconocimiento de Verdad y será  esta la que defina cualquier cosa. Sí le puedo decir que el principal deber, la principal obligación de todos los comparecientes ante la Jurisdicción Especial para la Paz, máxime si se trata de comparecientes forzosos como lo son lo exmiembros de la antigua guerrilla de las Farc  y como lo son los agentes del Estado miembros de la fuerza pública, tienen el deber  de aportar la mayor verdad posible, plena. La verdad plena quiere decir que den todos los detalles, todos los elementos, que cuenten las circunstancias, que digan qué pasó, por qué pasó, quién, si fuera el caso, si financió una operación, cuál era la motivación, qué era lo que se pretendía, cuál era el motivo.

P.

¿Pero la JEP tiene competencia en esos crímenes?

R.

Hay que tener en cuenta que la competencia de la jurisdicción especial es sobre crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad cometidos en un periodo establecido que va hasta el 1 de diciembre de 2016, entonces para que alguien sea competencia de la JEP primero tiene que tener esa condición de compareciente, tiene que haber cometido esos delitos antes de esa fecha.

 Entre más verdad diga la persona, más allana su propio camino a mantener los beneficios provisionales que hoy puedan tener y aspirar a lo que se denomina sanción propia, que significa restricción de derechos, pero no necesariamente privación de la libertad. Si no dice toda la verdad o hay un reconocimiento tardío de verdad ahí ya se exponen a la pérdida de ciertos beneficios y la privación de la libertad entre 5 a 8 años, y si definitivamente no dicen la verdad y no cumplen con sus compromisos en este marco van a exponerse a penas hasta de 20 años de privación de la libertad.

P.

¿Cómo percibe usted qué piensan los colombianos de la JEP?

R.

Es difícil para una sociedad aceptar que hay que avanzar en un camino en el marco democrático, con las herramientas democráticas para superar una guerra que ha permeado toda la sociedad, todo el territorio, de gran manera, que reporta hoy por hoy alrededor de 10 millones de víctimas, un conflicto que además no está todavía superado, un conflicto que está vigente y que en los últimos meses se ha exacerbado, presentando una serie de alertas para los colombianos de que si no logramos consolidar esta alternativa, que a mi manera de ver es histórica, una oportunidad única, podemos retroceder hacia lo que ha sido una guerra cruenta, indiscriminada, irregular, que cobra vidas, que está siendo obviamente rechazada, especialmente por la gente más joven.

P.

¿Ha faltado más conocimiento de los colombianos en este modelo de justicia?

R.

Creo que es un momento de aprendizaje para todos y todas, para entender y apropiarse de un sistema, el cual hace parte de un modelo de justicia que no conoce el país. Aquí estamos acostumbrados obviamente a la justicia ordinaria, a la justicia retributiva, a la justicia caso a caso. Aquí se trata de estudiar el fenómeno de la guerra, de estudiar cada uno de los tipos de victimización para arribar a quienes fueron responsables, desde luego garantizando la no impunidad a partir de la verdad plena, que es la verdad que finalmente va a aliviar el dolor de las víctimas y nos va a permitir como sociedad identificar aquellos elementos necesarios para poder avanzar hacia garantías reales de no repetición.

P.

¿Cómo llegar a una paz duradera?

R.

Respecto al proceso de paz y el sistema que deriva de este proceso de paz, creo yo que debe garantizarse que ese proceso siga su curso de implementación y su proceso de arraigo dentro de la sociedad, ajeno totalmente a los debates y a las disputas de carácter político.

Creo que un problema grande e importante ha sido precisamente que el proceso de paz y luego las expresiones de ese proceso ya materializadas como el sistema del que hace parte la jurisdicción se han convertido en el epicentro de los debates entre políticos que tienen aspiraciones políticas y eso es dañino no solo en Colombia, sino en cualquier parte del mundo. Un proceso de paz no puede estar expuesto continuamente al debate político de coyuntura que obedece más a aspiraciones buenas, regulares o malas de quienes hacen política. Entonces creo que un punto de partida sería que quienes hagan política en este país tengan la altura y el compromiso ético que se necesita para sacar ese proceso de paz de sus disputas, de sus debates, de sus aspiraciones políticas y dejarlo avanzar entendiendo que es un proceso que necesita tiempo, que necesita afianzar su legitimidad, que necesita tranquilidad en lo que hacen los jueces para poder cumplir con su tarea.

P.

¿Desde que tomó las riendas de la JEP se imaginaba en algún momento que esto iba a ser tan complicado?

R.

Todo intento, todo proceso que quiera o que pretenda superar un conflicto interno de más de medio siglo, que está atravesado además por otro tipo de fenómenos de criminalidad como el narcotráfico, las bandas criminales y toda la expresión de lo que ha sido el conflicto en Colombia, era predecible que iba a ser supremamente difícil.

Se trata de superar el dolor de la guerra estando en la guerra viva, se trata de tramitar ese dolor para  garantizar no impunidad, cediendo en gran parte a las sanciones o las penas que les ofrece la justicia ordinaria, que son penas privativas de la libertad, por ejemplo, a cambio de verdad. Es además dar un espacio a la reinserción de quienes a su vez dieron el paso de dejación de armas en un proceso que debo decirle no fue una rendición, sino un proceso de negociación en el cual el Estado colombiano con las guerrillas de las Farc se ponen de acuerdo para avanzar en ese camino que nos conduzca a la paz, pero a cambio de que se desmovilicen, se desarmen, aporten toda la verdad que tienen, confiesen sus delitos, y ayuden a la reparación moral, simbólica, integral de todas estas víctimas y empiecen un camino hacia la reinserción que les dé un lugar dentro de la sociedad colombiana.

P.

¿Cómo analiza hoy el aumento de la violencia contra menores, mujeres y los casos sucesivos de asesinatos de líderes sociales en todo el país?

R.

Yo le decía hace un momento que esta tarea, entre otras razones, ha sido supremamente compleja dado que se da en un marco donde el conflicto se mantiene vigente y esto hace que las expresiones de violencia se mantengan en muchos territorios que todavía no tienen la posibilidad de una presencia rotunda del Estado, defendiendo sus derechos y defendiendo la libertad, defendiendo desde la situación que implica la garantía plena de derechos fundamentales para todas y todos en igualdad de condiciones.

P.

¿Pero en este país no abandonan la violencia?

R.

Este país se ha acostumbrado a la guerra y actuamos inmersos en la lógica propia de la guerra, incluso para tramitar situaciones elementales cotidianas como puede ser una discusión porque el vecino pone el radio muy duro. Acudimos a expresiones violentas para resolver nuestras diferencias por mínimas e insignificantes que sean y creo que eso va a cobrar décadas en donde el proceso educativo va a tener que fomentar otra forma de pensar y la ruptura de paradigmas que han venido dominando una sociedad que ha estado inmersa en una guerra de más de medio siglo.

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