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Está comprobado que la forma en la que se construye define directamente la calidad de vida de millones de personas. Es por esta razón que cada vez más toman relevancia las urbanizaciones planificadas a través de corrientes contemporáneas enfocadas en la cultura y las dinámicas sociales que contribuyan en el bienestar de las comunidades.

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Siendo Barranquilla una ciudad que destella cultura, es inevitable que desde afuera sea vista con asombro y con una curiosidad lo suficientemente fuerte para venir a descubrirla. De esta forma, fue el Carnaval lo que cautivó al arquitecto Hubert Klumpner, encargado de las obras del Centro Cultural Villas de San Pablo y la Fábrica de la Cultura.

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Dichos proyectos han contribuido a consolidar nuevos centros culturales y sociales en sectores periféricos de la ciudad. La Fábrica de Cultura superó ampliamente su capacidad inicial y hoy reúne a miles de estudiantes vinculados a disciplinas relacionadas con el Carnaval y las artes.

El impacto, más allá de medirlo con cifras, se palpan de otra forma: con estos espacios se nutren diariamente la identidad de Barranquilla con su fiesta más importante. Es, en últimas, un impacto desenfrenado.

Este 14 y 15 mayo, el catedrático de Arquitectura y Diseño Urbano en ETHZ Instituto Suizo de Tecnología de Zurich estará participando en el congreso Camacol Verde, un espacio en donde se entiende que más allá de construir en cadena, se trata de enfocarse en cómo se diseñan las urbanizaciones y se organizan las ciudades.

Sumado a esto, en este espacio se abordarán temáticas sobre ordenamiento territorial, nuevos modelos de transformación urbana, acciones para contrarrestar la transición climática y modelos de negocio con visión de largo plazo.

Urbanismo mágico en la costa

Hubert Klumpner es uno de los creadores del Social Turn, un movimiento que obtuvo reconocimiento en 2010 en una exposición del MoMA de Nueva York. La esencia de este movimiento es transformar barrios informales en áreas críticas para reinventar el espacio público y las prácticas sociales, enfatizando el papel de la arquitectura para abordar la exclusión y la homogeneización. No obstante, para ello se necesita poder traducir la vida urbana.

De esta forma, en el 2014, Hubert viajó hasta Barranquilla para reflejar esta corriente y cumplir con el desafío de palpar la cultura local en sus proyectos.

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“Todo el mundo conoce la literatura colombiana y el realismo mágico. Yo creo que ahora trabajamos con un “urbanismo mágico”: una idea de la construcción de la ciudad a través de la gente y de traducir esos deseos en arquitectura, en espacios públicos”, explicó el migrante venezolano a EL HERALDO.

Sin embargo, para poder traducir la vida urbana en la arquitectura se debe casi que incrustar en las dinámicas sociales del lugar.

“La expresión en Barranquilla es, obviamente, el carnaval. Y uno va a decir: “¿Cómo puedo traducir el carnaval en un edificio?”. Esa es la tarea. No es obvia, pero poco a poco uno se va enterrando en ella, y por eso invertimos también tiempo, porque nos interesa. Identificamos socios, como Manuel Moreno de Uninorte, y estudiantes. Estamos aquí en Barranquilla desde el año 2014″, detalló.

Nunca deja de impactar

Tras llegar a Barranquilla y observar la gama cultural que aquí se respira con su Carnaval, Klumpner entendió que si podrían hacer contribuir a la vida del carnaval en Barrio Abajo, “sería lo más relevante que podríamos hacer”, relató.

En lugar de construir un museo, decidieron plasmar la constante interacción y participación que emerge en la gran fiesta.

“En vez de construir un museo —porque todo el mundo construye museos—, el carnaval es algo vivo. No es algo que está quieto. En un museo normalmente encuentras cosas que ya no se usan más, un archivo muerto. Pero el carnaval es una cultura viva, donde la gente participa", puntualizó.

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Para los proyectos de la Fábrica de Cultura y el Centro Cultural Villas de San Pablo se usaron materiales y técnicas tradicionales de la región, como las bóvedas catalanas y los cementos hidráulicos, combinados con nuevas tecnologías sostenibles.

“El verdadero premio es ir a la Fábrica de Cultura y verla llena de vida: jóvenes entrando y saliendo, sentados en la escalera, en el teatro, en el auditorio, arriba en el techo… Ver que ese edificio realmente está vivo. Ese es el premio más grande que nosotros podríamos tener: que esa apuesta funcione. Y funciona gracias a cada uno de los líderes de las once disciplinas del carnaval que llevan su energía y llenan esos espacios de vida", finalizó.