El Atlántico ha marcado una tendencia positiva en materia social tras registrar una reducción en su índice de pobreza multidimensional, que pasó de 9,5 % en 2024 a 8,2 % en 2025, según cifras del Dane. La caída de 1,3 puntos porcentuales lo ubica entre los departamentos con mejores indicadores del país y por debajo del promedio nacional, que se sitúa en 9,9 %.
Aunque el dato por sí solo es relevante, lo que hay detrás de esta reducción es un proceso más amplio que combina inversión social, crecimiento económico y políticas públicas sostenidas en el tiempo, teniendo en cuenta que la pobreza multidimensional no mide únicamente ingresos, sino condiciones de vida, acceso a educación, salud, vivienda, empleo y servicios básicos.
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En ese sentido, el resultado refleja mejoras simultáneas en varias dimensiones. Desde la Gobernación del Atlántico se ha atribuido el avance a una estrategia integral que ha priorizado la inversión social, la articulación entre sector público y privado y la ejecución de programas orientados a cerrar brechas.
“Nuestro plan de desarrollo tiene como fundamento el eje de sostenibilidad social, de allí que todas las acciones planeadas buscan el mejoramiento de la calidad de vida de los sectores más débiles”, aseguró el gobernador Eduardo Verano tras conocerse los resultados actuales.
En el actual cuatrienio, el departamento ha proyectado inversiones por $7 billones, enfocadas en infraestructura, educación, salud, agua potable, vivienda y programas sociales. Esto ha permitido intervenir múltiples factores que inciden directamente en la calidad de vida de la población.
Uno de los componentes más visibles es el acceso a servicios básicos. La población sin acceso a fuente de agua mejorada se redujo de 2,6 % a 1,5 %, mientras que la inadecuada eliminación de excretas pasó de 10,3 % a 7,6 %. Estas cifras reflejan avances en saneamiento básico, clave en la medición de pobreza.
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“En agua potable en los últimos 20 años las inversiones superan los $2 billones, eso suma a la salud y el bienestar de las familias, hecho que ha reconocido a nuestro Plan Departamental de Agua como el mejor del país”, dijo Verano.
En salud, también se evidenciaron mejoras. El porcentaje de población sin aseguramiento disminuyó de 7,2 % a 6,6 %, ampliando la cobertura y facilitando el acceso a servicios médicos. Este aspecto no solo impacta la calidad de vida, sino también la productividad y el bienestar.
La educación es otro de los pilares del avance. El analfabetismo cayó de 8,0 % a 6,2 %, el rezago escolar de 28,2 % a 25,9 % y el bajo logro educativo de 28,7 % a 27,2 %. Además, el tránsito inmediato de estudiantes hacia la educación superior alcanzó el 50,2 %, superando el promedio nacional.
Estos resultados están acompañados por inversiones en infraestructura educativa, programas de fortalecimiento académico y estrategias para acercar la educación superior a municipios y zonas rurales. Actualmente, miles de jóvenes acceden a formación profesional sin necesidad de migrar a otras ciudades.
En materia económica, el departamento también presenta señales de mejora. La informalidad laboral se redujo de 77,5 % a
73,7 %, mientras que el desempleo de larga duración pasó de 11,6 % a 9,4 %. Aunque los niveles siguen siendo altos, la tendencia evidencia avances en generación de empleo y dinamismo productivo.
Este comportamiento está relacionado con la llegada de nuevas inversiones, la instalación de plantas industriales y el fortalecimiento del tejido empresarial, lo que ha generado mayores oportunidades de ingreso para la población.
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Sin embargo, el impacto de estas cifras va más allá de los indicadores. En la práctica, la reducción de la pobreza multidimensional se traduce en cambios concretos para las familias.
“Son nuestros niños, nuestros jóvenes, nuestros adolescentes, nuestros adultos mayores quienes se benefician de nuestros programas sociales, como el acceso a la educación, la movilidad universitaria, la reducción en la deserción universitaria, la construcción y entrega de centros de vida, y, en consecuencia, esto contribuye a la reducción de la pobreza multidimensional en el departamento”, anotó Karina Llanos, gerente de Capital Social del Atlántico.
Voces expertas
Para el economista Carlos Yanes Guerra, director del Observatorio de Condiciones Socioeconómicas del Caribe colombiano, el resultado es producto de un proceso sostenido en el tiempo.
“En 2018, el departamento tenía cerca del 21 % en pobreza multidimensional y hoy está en 8,2 %. En siete años se ha registrado una caída de 13 puntos porcentuales, lo que muestra avances importantes”, explicó el docente de Uninorte.
El experto señaló que factores como el acceso a vivienda, la mejora en cobertura educativa y el fortalecimiento del sistema de salud han sido determinantes en este comportamiento.
Además, destacó el papel de Barranquilla como eje económico regional: “La ciudad tiene condiciones macroeconómicas favorables y se ha convertido en un punto atractivo para la inversión, lo que impacta directamente en la generación de empleo y oportunidades”.
Por su parte, el economista Jorge Quintero resaltó que, aunque la reducción puede parecer moderada, es significativa en el contexto actual.
“Cuando ya se está en niveles de un dígito, cada punto que se reduce es mucho más difícil de lograr. Por eso, este avance es importante”, afirmó.
Quintero advirtió que el crecimiento económico ha sido clave, pero no suficiente por si solo: “El crecimiento es una condición necesaria, pero si no se acompaña de políticas públicas focalizadas, los beneficios no se distribuyen de manera equitativa”.
En esa misma línea, la economista María Esperanza Cuenca señaló que el avance, aunque positivo, aún no es completo.
“Se han logrado mejoras en educación, salud y servicios básicos, pero persisten desigualdades importantes, especialmente en zonas rurales y em poblaciones con alta informalidad laboral”, indicó.
Cuenca anotó que el principal reto está en la calidad del empleo y la educación: “No basta con ampliar la cobertura. Se necesita mejorar la calidad educativa y generar empleo formal, porque ahí está la clave para una reducción estructural de la pobreza”.
Asimismo, la economista Carolina Henao indicó que la reducción de la pobreza multidimensional en el Caribe debe leerse con cautela, ya que la variación reciente no es estadísticamente significativa y no evidencia un cambio estructural: “Técnicamente no se puede afirmar con plena certeza que haya un cambio consolidado en la región”.
Además, la experta señaló que el indicador puede reflejar mejoras sin cambios reales en la calidad de vida.
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“Un hogar puede dejar de ser clasificado como pobre con cambios mínimos, sin que su bienestar haya mejorado de manera sustancial”, indicó, al tiempo que insistió en que los principales retos siguen estando en educación y empleo.
Avance que debe sostenerse
Los expertos coincidieron que, para atender los retos pendientes, se debe adoptar una hoja de ruta que contemple fortalecer el empleo formal, mejorar la calidad educativa, cerrar brechas territoriales y garantizar la continuidad de las políticas públicas.
En ese sentido, anotaron que la reducción de la pobreza no es un resultado aislado, sino proceso que requiere consistencia, inversión y articulación institucional. Por lo que mantener los avances dependerá de la capacidad del departamento para seguir transformando estos indicadores en bienestar real para la población.
La reducción del índice de pobreza
El alcalde Alejandro Char destacó la disminución del indicador y aseguró que refleja el impacto de las políticas orientadas a ampliar oportunidades.
“Desde Barranquilla seguiremos abriendo caminos con oportunidades de calidad para seguir reduciendo la pobreza en nuestra ciudad”, destacó el mandatario distrital en su perfil de X (antes Twitter).
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